
Otra “Noche de los deseos” en La Trastienda, donde la banda cumple con pedidos del público y visita canciones no tan frecuentadas de su extenso repertorio. Otra noche de festejo. Otra noche de Rock.
Abrió la noche “La Marmita”, banda que está en la ruta como tal desde el 2014. Tocaron, entre otros, algunos temas de su tercer disco “La Teoría de las Puertas”, rock guitarrero y de letras filosas. Sonaron muy bien, captando con su set la atención del público que los recibió y escucho con entusiasmo. Además de su gente, que los acompaño agitando, dejaron una muy grata impresión en quienes no los conocían. A escuchar su música que está en las plataformas.
Después llegó la Trotsky. Y se da lo de siempre, la respuesta física ante la avalancha del sonido, sea cual sea el lugar, ellos hacen que nazca la posibilidad de recuperar todo lo que alguna vez solo fue un deseo. Surfear el tsunami o mostrarle el culo a la luna. Vivir una y otra noche de Tormenta en la estela de un cometa remontando otro milagro, como escribió Florencia.
Sin accesorios, sin artilugios ni maquillaje. Lo que explota es el poder de su música y sus estribillos como ganchos al mentón, una estética que no es pose, es la vida transitada en las calles de siempre. Voceros de una jauría indomable que sostiene banderas todavía vigentes. Honestos, fieles, que reciben y dan lo que tienen apretado en los puños, en las entrañas, en sus voces. Guste o no… es así. Por eso la rebeldía y la confianza en las canciones, en todas esas canciones. Dar y recibir, sin tregua ni parafernalia, de ida y vuelta, desde arriba hacia abajo, desde el piso al escenario, como la amistad. Una verdadera amistad.
Mirando las caras, observando alrededor, es muy fácil percibir lo que queda en el pecho de toda la gente que llegó para llenar la primera Trastienda en este ciclo de tres. Se ve en las sonrisas, se palpita y transmite en el sudor de las remeras, en las manos abiertas apuntado al cielo y en las gargantas roncas. Afuera la temperatura de otro año que termina, en la sala lo interminable, lo perdurable: los tapones de punta, en plancha y yendo al hueso, a la manera de los TKYVGN. Sin piedad, sin anestesia.
Dos horas y media de show, banderas flameando, pogo, caretas del icónico Diablito, burbujas de jabón disparadas por niños desde los hombros de sus padres, vasos vacíos volando por el aire, remeras girando sobre las cabezas y hasta un pedido de casamiento sobre el escenario. ¿La lista importa? ¿Importan los detalles del toque? Importa la comunión, la catarata interminable de estribillos y de frases con inevitable destino de bandera. Sin piedad, sin anestesia.
Estuvo Clipper como invitada, otra vez dejando su sello y estilo en “La vida duele”, una crack. También subió Juaco a tocar la batería en unos temas mientras Cuico pasaba al micro para hacer los coros, y Martín Díaz en guitarra incendiando amplificadores mano a mano con su viejo.
Mañana sábado será otra noche, otro show. Diferente pero igual. Igual en sustancia y en el compromiso de ambas partes. Diferente, pues la sala se llenará de otros amigos, de otras banderas, de otros coros. ¿Se volverá a escuchar Una tarde de sol, Tocando fondo, 14 de Julio, El comienzo del final, Todo está por pasar? No importa. Importa como se siente seguir el corazón. Ellos lo saben.
Gracias Trotsky por la música. Salú.
fino.
Pd: Agradecer otro año más a la gente de La Trastienda por el trato y el respeto de siempre.
Trotsky Vengarán – La Trastienda- Montevideo, 27 de Diciembre de 2024 – Foto Claudia Rivero










































