
Tengo un problema: cuando escucho a Zucchero, inmediatamente me viene a la cabeza la imagen de Joe Cocker. Que ambos artistas participaran en conciertos Woodstock (el británico en el original de 1969, el italiano en la versión de 1994) tampoco ayuda.
Más allá de esta confusión primaria, se conoce a Adelmo Fornaciari “Zucchero” como uno de los más destacados exponentes del rock-blues de Italia, de proyección internacional. A la fecha, vendió más de 60 millones de discos, incluidas 8 millones de copias sólo del álbum Oro, incenso & birra. Además de ser el primer artista occidental que actuó en el Kremlin tras la caída del Muro de Berlín, Zucchero, así como en los 466/64 eventos de Nelson Mandela, de los cuales es embajador, así como del Tributo a Freddie Mercury de 1992. También en 1992, Zucchero, junto con Luciano Pavarotti, tuvo la idea de la recordada gala benéfica Pavarotti & Friends.
A lo largo de su carrera ha tocado en los cinco continentes, en 69 estados y en 650 ciudades, incluidos destinos tan singulares como Omán, Mauricio, Tailandia, Nueva Caledonia, Armenia y Nueva Zelanda, y ahora Montevideo como primera parada de su gira latinoamericana 2024.
La sala principal del Auditorio del Sodre no estaba completa, pero si muy concurrida. Seguramente se justifica la exoneración del IVA resuelta oportunamente.
Mucha pareja, mucha gente hablando en italiano, creo que toda la comunidad se dio cita esa noche (o al menos la mayoría de los ex estudiantes de la Scuola), quedó demostrado cuando el artista declaró “non parlo ma entiendo todo, o masomeno” y la concurrencia fascinada le instó al grito de “parla, parla, chi siamo”.
El show comenzó con la presencia arrebatadora de una corista de origen camerunés cantando una especie de plegaria, para luego dar paso al cantante italiano, de impecable saco florido con el logo del Tour en la espalda y su característico sombrero.
Apoyado por una banda pequeña pero con toda la onda: teclados y sintetizadores, batería, guitarra y bajo que se suman a la mencionada corista, el artista fue pasando por más de 20 canciones del Overdose D’Amore Tour, en una mezcla de rock, pop, disco, tecno, blues, gospel, incluyendo sus reconocidos éxitos Spiritu Nel Bulo, Pene, Baila Morena, Diavolo en me, Il mare impetuoso al tramonto… entre otros, demostrando que con 68 años mantiene su capacidad vocal consiguiendo distintos climas, desde el más intimista al rock desenfrenado o incluso simulando una discusión cantada a dúo con su corista.
Con gran manejo del público, nos hizo parar reiteradas veces al grito de “alegría, energía” para bailar y acompañar cantando, y la audiencia respondió agradecida.
En un momento más calmo, sentado con su guitarra, se presentó como un representante de la canción italiana, mediterránea, con influencia afro americana y recordó al compositor Francesco Guccini para cantar el himno a la libertad Un soffio caldo, y luego presentar un video mostrando su cálida relación con el cantante lírico Luciano Pavarotti.
Vuelta al escenario con cambio de vestuario, en este caso saco florido con brillos, sombrero con pluma para dejar todo en canto y baile, y luego nos abandonó al grito de “chivediamo”, para terminar el show con la banda tocando un clásico de BB King.
Nota: no me fue posible retener los nombres de los músicos de la banda, y lamentablemente no está disponible la ficha técnica en ningún lugar, nos encantaría poder mencionar a cada uno de los grandes artistas que disfrutamos esa noche.
El bis se hizo rogar pero finalmente llegó la canción que todos esperábamos: Senza una Donna, con un auditorio de pie y gozando.
Un último regalo luego de mucho insistir: solo con el tecladista, nos regaló una sentida versión de You are so beatiful, de Joe Cocker.














































