
Sin Bohemia es un nuevo trío o un espectáculo, probablemente, por ahora, sea las dos cosas. Se trata de un proyecto que llevan adelante Pedro Dalton, Alberto «Mandrake» Wolf e Ignacio Iturria.
Si hubiera que poner un mojón, el punto de partida de esta idea sería La cueva de los druidas, ciclo de siete recitales de Mandrake y Los Druidas el año pasado, que tuvo en el último a Pedro Dalton como invitado.
Los cruces y la aparcería vienen desde mucho tiempo atrás, Pedro y Mandrake han compartido escenario muchas veces, por su parte, Ignacio es guitarrista de Los Druidas y afirma que siente una fuerte afinidad personal y musical con Pedro. El primer recital fue en Punta del Diablo, en febrero, en el Parador Amar. A finales de marzo se presentaron en Inmigrantes, posteriormente en Paysandú hasta llegar a La Trastienda el viernes 6 de julio. Al día siguiente partieron nuevamente al este, al boliche Medio y Medio de Portezuelo.
La Trastienda lució con mesas y sillas, lo que resultó un acierto para el show del trío que revisitó canciones de Pedro y de Mandrake provenientes de sus diversos proyectos, cantaron a tres voces acompañados por las guitarras de Wolf e Iturria en un formato ideal para verlo sentado, bebiendo algo, marcando el pulso con el pie en el piso o golpeándose el muslo con la palma de la mano mientras la otra sostiene el vaso.
El show, compuesto por dieciocho canciones incluidos los bises, abrió con «Comienzos» de Mandrake y Los Druidas, continuó con «Borracho Pablo» de Los Terapeutas, las guitarras blusean, dialogan mientras Pedro las observa esperando su turno para cantar. Nace el primer grito de bravo desde el público. Prosiguen tres canciones de Buenos Muchachos: «Beefheart», «It’s ok» e «Iris de Morfina». La segunda de ellas cantada por Alberto.
Vuelven Los Druidas con «Bruja», y Los terapeutas con «De ellos dos» ese blues milongueado que cuenta cómo el chileno y la brasilera le ganaron al mundo.
Pedro anuncia que van a hacer una canción de Neil Young y el momento de los homenajes o de darse el gusto de tocar versiones arranca con «My my, hey hey» y sigue con una excelente versión de «Lo que no te di» de Jaime Roos. Cada vez que Mandrake habla en la platea se predispone la risa, ya sea cuando usa sus metáforas pesqueras, esas que va rumiando en las costas de su paraíso personal en Biarritz, como cuando aplica la transitiva de que, si Jaime Roos y Neil Young nacieron el 12 de noviembre, todos los nacidos en esa fecha son buenos compositores. ¿Alguien nació ese día?, pregunta al público.
«Vamos a hacer una canción muy vieja que nunca se editó», afirma Mandrake, «Blues del amigo» donde se alternan él y Pedro en las voces.
Continúan con «Barco hermanito» de Buenos Muchachos, en uno de los momentos más cálidos e íntimos de la noche donde la voz de Pedro se proyecta ante un auditorio atento en el que no vuela una mosca, el tiempo parece detenido bajo el escenario.
Vuelven al repertorio de Los Druidas con «Como brilla el sol» y «En la casa fría». La guitarra de Nacho Iturria se luce, dialoga con la voz de Mandrake bordando riffs.
Nos vamos acercando al final y vuelven Buenos Muchachos a través de «Sangre de Arachania», «Y la nave va…». Ahora es el momento para el recuerdo a Osvaldo «Ossie» Garbuyo a través de «Llueve» esa canción de Mandrake que Bufón incluyó en su álbum Buenísimo de 2008.
Tras una hora de música el trío se retira, el público aplaude de pie, ovaciona, silba, grita, pide otra y ellos no se hacen esperar, agradecen, presentan a quienes se encargaron de luces y sonido y la guitarra anuncia «He never wants to see you once again», el público acompaña con palmas, la energía de la canción se apodera de la sala. El cierre final es con «De Desesperados» la canción de Mandrake y Los terapeutas que integra su álbum De editado en 2008 y que ya fuera versionada por Alberto y Pedro en el disco Isla de encanta Vol I de 2019.
Ahora sí es el final, se prenden las luces, la gente se retira con una sonrisa, comentan el recital, la sala se vacía rápidamente, pero el aroma de las canciones sigue allí, esta mezcla de recital y fogón ha convocado a los espíritus de la música y ha transformado por un rato a La Trastienda en el templo de una pequeña misa pagana. Si tiene la oportunidad, no se la pierda, es muy fácil volverse un feligrés con estos oficiantes.
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