
El grupo RUMBO se funda en Montevideo a mediados de 1979. Para entonces ya existía LOS QUE IBAN CANTANDO, con la premisa de sumar artistas para un proyecto colectivo, en un momento político-social que aconsejaba no hacerlo.
En medio de la oscuridad, la persecución política y la clausura cultural en todos los órdenes. LQIC eran solistas que se reunieron al igual que RUMBO, que agregaba una voz femenina. A principios de 1979 se conocen Mauricio Ubal (1959) y Rubén Olivera (1954) a través de Jorge “Choncho” Lazaroff. El “Choncho” los invita a participar de una pieza teatral infantil donde se requería la participación en vivo de los músicos.
Mauricio y Rubén aceptan y se involucran en la obra que era muy exigente desde los ensayos, con largas y extenuantes jornadas. En medio, entre escena y escena que preparaban los actores, los músicos tenían tiempo para poder compartirse canciones, las que estaban trabajando en ese momento. Es así que Mauricio presenta un fragmento de música con texto que rezaba: “porque el corazón no quiere entonar más retiradas”.
Por su lado, Rubén había escrito una canción que trataba de un camión-murga que recorría los barrios con un “canto de guerra”: “a redoblar, a redoblar”. Este es el germen. De esta coincidencia (o no) surge una de las canciones populares más importantes que se escribieron en años de dictadura y que tuvo una peculiar historia.
Los integrantes de RUMBO (Mauricio Ubal, Laura Canoura, Carlos Vicente, Gonzalo Moreira, Miguel López y Gustavo Ripa), una vez formalizado el grupo, deciden volcar su estética hacia la murga- canción. Imaginan un espectáculo como si fueran una murga aunque con canciones propias, con la presentación, cuplé y retirada de rigor. Fuertemente Influenciados por el álbum de Los Olimareños / Lena, “Todos Detrás de Momo” (1971), deciden llevar ese espíritu a las composiciones y el escenario, cuando en aquellos años la murga era un fenómeno circunscripto a un gueto: el de los tablados y el Teatro de Verano en carnaval.
El espectáculo llevado adelante en el Teatro Circular de Montevideo terminó siendo “Para abrir la noche”, con Rubén Olivera como invitado especial. Cuenta Rubén: “Entrábamos cantando desde el público “para abrir la noche” (canta). “Lo que nunca hicimos fue el medio, el cuplé”—acota Mauricio. Y la retirada era “A redoblar”.
Es importante anotar que la canción fue grabada por Olivera (con RUMBO) meses antes de la versión “oficial”. Es una información que suele solaparse. La versión de Rubén es intensa y está basada en el bombo murguero y en el despojamiento de las voces, lo que la envuelve en un espíritu de desolación.
Ubal menciona y recalca que la inspiración principal (que se le revela tiempo después) fue “Noche, noche” de Rubén Lena y Los Olimareños “a nivel del inconsciente, me doy cuenta tiempo después que yo saco de la canción de Lena, la misma altura en el comienzo el “suena antigua” que es parecido a “volverá…. Y la misma tesitura y la atmósfera del tema”.
Y algo importante. “A redoblar” es una canción “anti festival”. Esto significa la ausencia de clisé, de lugares comunes manipulados psicológicamente para que el público estalle. Esta canción es todo lo contrario. Es casi un susurro, una oración íntima, una especie de ruego. Y en esto está su valor.
Era común en aquel tiempo buscar la complicidad del público utilizando procedimientos facilistas. Ubal y Olivera trabajaron lo opuesto y aun así —o quizá por esto— llegó a calar hondo. El texto de Ubal no cae jamás en el panfleto o en la cursilería: “Volverá la alegría/ a enredarse con tu voz/ A medirse en tus manos/ y a apoyarse en tu sudor/ Borrará duras muecas pintadas/ sobre un frágil cartón de silencio (…)”. Hay un ascetismo en el texto, un despojamiento crudo, pensado y sentido. No se percibe que el autor quiera dar mensajes solemnes “a redoblar, a redoblar/ muchachos esta noche/ cada cual sobre su sombra/ cada cual sobre su asombro/ a redoblar, desterrando/ desterrando la falsa emoción/ el “la-la-la”, el beso fugaz/ la mascarita de la fe”. Estos versos me parecen trascendentes y marcan el timón ético-estético de la canción.
“La mascarita de la fe” es un verso estremecedor, ya que deja en claro que el horno no estaba para bollos y por más canciones triunfalistas que se hicieran, la cruda realidad marcaba otra cosa. Y es que estamos hablando de dos autores y compositores serios, que trabajaron (y trabajan) el duro camino de la canción popular de nuestro país desde la honestidad artística. Sobre esto recuerda Mauricio: “Nosotros laburamos mucho cada palabra, porque además el grupo era muy exigente, te mataban, criticaban cada frase y te hacían pedazos (risas). Entonces eso me obligaba a mí a hacer un laburo muy grande de autocrítica, que me sirvió, claro”.
Se trabajó mucho en el arreglo de voces y lo que resulta destacable, es que fue una canción grupal, con aportes de “terceros”; una construcción colectiva, en medio de una dictadura que reprimía todo aquello. El ciclo en el Circular se mantuvo unos meses y algunos asistentes al espectáculo, que volvían a verlo, les comentaban que lo hacían para escuchar “la última canción”. Es que “A redoblar” cerraba el espectáculo como “retirada”.
Es ahí que se empieza a notar cómo estaba prendiendo en la gente. A finales de 1979, el periodista Elbio Rodríguez Barilari escribe una reseña para El País titulada “A redoblar, a redoblar” que también sirvió para consolidarla.
En 1980 se publica el álbum de RUMBO, “Para abrir la noche”, y ya la expansión de la canción es imparable. El propio José Germán Araújo la elige como apoyo musical para su programa y más adelante, en medio de la guerra de Malvinas. La canción pájaro gana vuelo y llega a lugares impensados por sus autores, como el penal de Punta de Rieles o el de Libertad, donde el poeta Miguel “Cristo” Olivera la difunde en su programa interno de radio; o haciendo caer las lágrimas de una emocionada Graciela Paraskevaídis en la cocina de su apartamento; o mencionada en los mensajes de exiliados que tomaron la canción como un símbolo; o traspasando los barrotes de la celda del general Líber Seregni.
Fue un himno elegido por el pueblo, no una fabricación de una compañía del disco o los grandes medios. Y está viva todavía, porque fue escrita con honestidad y sensibilidad. Más de cuarenta años, y todavía continúa y continuará emocionando —como las grandes obras— a las nuevas generaciones más allá de banderas y partidos políticos.
Volverá… la alegría
A enredarse con tu voz…
A medirse… en tus manos
Y a apoyarse en tu sudor
Borrará duras muecas pintadas
Sobre un frágil cartón de silencio
Y el aliento de murga saldrá…
A redoblar, a redoblar
A redoblar, a redoblar
A redoblar, a redoblar…
Muchachos esta noche
Cada cual sobre su sombra
Cada cual sobre su asombro
A redoblar, desterrando
Desterrando la falsa emoción
El la-la-la…, el beso fugaz
La mascarita de la fe…
A redoblar, a redoblar
A redoblar, a redoblar
A redoblar muchachos que la noche
Nos presta sus camiones
Y en su espalda de balcones
Y zaguán, nos esperan
Nos esperan otros redoblantes
Otra voz…, harta de sentir…
La mordedura del dolor
A redoblar muchachos la esperanza
Que su latido insista en nuestra sangre
Para que ésta nunca olvide… su rumbo
Porque el corazón… no quiere
Entonar más retiradas
Porque el corazón… no quiere
Entonar más retiradas
Porque el corazón… no quiere
Entonar más retiradas
Porque el corazón… no quiere
Entonar más retiradas
Porque el corazón… no quiere
Entonar más retiradas
Porque el corazón… no quiere
Entonar más retiradas
Porque el corazón no quiere
Entonar más retiradas
Porque el corazón… no quiere














































