
El jueves 11 de setiembre 2025 en el patio colmado de Librería Escaramuza se llevó a cabo la presentación del libro.
Amigos, familia y muchos artistas se acercaron a esta presentación. No es un libro más, se trata del primer cancionero de temas populares para violonchelo, en Uruguay.
Nos recibe Sol Kutner de Escaramuza, comentando que la mitad de los invitados vinieron “con los instrumentos a cuesta” y tiene razón.
La presentación está a cargo de Guilherme de Alencar Pinto y la propia autora Lucía Gatti. Comienza Guilherme agradeciendo a Sabina Harari por hacer posible este encuentro, y manifestando la alegría gigante por la concreción de este producto editorial, resultado de años de trabajo y que además quedó precioso. El diseño estuvo a cargo de Diego Veirano y la ilustración de tapa es de Luna Sosa.
“Siempre es una alegría editar algo”, nos dice Guilherme, “pero en este caso hoy fundamentalmente siento un orgullo enorme de haber puesto mi granito de arena en este producto de Lucía: original conceptualmente, importante, relevante. No conozco antecedente que se le aproxime. Lucía decidió hacer esta publicación para abordar la formación inicial del violonchelista con un repertorio de músicas populares de América Latina. El violonchelo no es un instrumento con historia en la música popular, sino que está más presente en la música clásica, de compositores mayormente europeos.
Este libro comienza con un nivel básico y avanza en complejidad. Está planteado pedagógicamente, porque la esencia de la formación se basa en la gimnasia digital (dedos) para aprender el repertorio, y recién ahí empezar a aplicar expresividad. Lucía propone enseñar el instrumento al mismo tiempo que la música, y adopta este enfoque original con canciones de nuestra región.
Es además una alegría personal, porque con Lucía somos amigos desde 1999 (creo), un porcentaje muy relevante de mi vida y aún mayor de ella (risas). Nos conocimos en el TUMP, donde ella vino a tomar clases para complementar lo que traía de la Escuela Universitaria de Música. Fui testigo de su desarrollo profesional y artístico, de sus inquietudes. Su principal motivación para aprender a tocar violonchelo fue cuando vio a Jaques Morelenbaum en un concierto de Caetano Veloso (de Egberto Gismonti, corrige Lucía), sabiendo que era un instrumento muy complicado, y que las expectativas profesionales eran concursar, entrar a una de las dos orquestas grandes del país, y convertirse en funcionario, haciendo el repertorio habitual de esas orquestas.
Ella fue haciendo su camino, inventando su lugar. Su currículum es imposible, no cesa de hacer actividades musicales, vive de la música. Nadie vio como Lucía una inserción tan grande del chelo en la música popular. Fui la primera persona que la trajo a grabar en un disco (21, de Fernando de Ulivi). Luego integró el conjunto tanguero La Mufa; en el primer disco de Tercera Fundación aparecen composiciones de Lucía; desarrolló La Orquestita, tocó con Leo Maslíah; hizo mucho más, por ejemplo, hoy tiene un dúo con Eduardo Larbanois y un trío con Federico Righi y Jorge Trasante, y mil cosas más.
Desde hace años empezó a convertirse en formadora de jóvenes músicos de chelo, y de teoría musical. Este libro es una especie de síntesis (hasta ahora) de ese camino.”
-¿Cómo nació Puente de cuerdas? Pregunta Guilherme.
Lucía contesta, conmovida:
-Contentísima de que hayan venido, muy alegre. No puedo creer que haya salido finalmente el libro. La idea salió de la docencia, no encontraba una forma de enseñar cómoda, ya que en otros métodos de enseñanza se postergaba el disfrute musical, que es importante trabajar desde el principio. Empecé a buscar músicas, tuve dos musas (que están acá). Hice arreglos accesibles para alguien de nivel inicial pero interesantes; buscando ampliar lo que yo no tenía cuando empecé a estudiar. (Cabe aclarar que la familia nos informa este dato: hasta los 17 años que decidió estudiar música, nunca había tocado un instrumento ni tomado clase alguna. Sin embargo preparó el ingreso al conservatorio e ingresó sin problemas).
Estaba bueno armar ejercicios a partir de canciones que mezclaran técnica y desarrollo auditivo. Era algo que le venía bien a más gente, no sólo a los estudiantes. Y por suerte gracias a los Fondos Concursables, pudimos llevar a cabo.
El libro fue creciendo en tamaño y elementos. Al principio eran 88 páginas y cuando llegamos a 184 tuve que poner coto (risas).
-¿Cuál es la diferencia entre la práctica de la música erudita y la popular?
-Es como se encara el aprendizaje, depende de lo que estés buscando: acompañar a una orquesta o una banda, querer entrar a un circo, etc. Yo sentí que me faltaba tocar música, que técnicamente la música leída es distinta a aprender de oído, hacer ejercicios rítmicos, creativos.
-Del rango de música popular, elegiste canciones latinoamericanas.
-Hice toda clase de arreglos, de acuerdo a la inquietud de cada estudiante. América Latina es riquísima, muy compleja, y es una manera de acercar los instrumentos de arco y cuerda frotada a los ritmos. No hay material que te prepare para tocar esos ritmos, quise sumar desde el respeto.
-El armado del libro, el orden no es alfabético, ¿cómo lo concebiste?
-Traté de cubrir un bache en la enseñanza inicial. La gente se frustra al principio; quise brindar un material para la gente que recién arranca, de eso trata el capítulo inicial. Hay tres secciones técnicas, con guía. A partir de las canciones se proponen ejercicios. Además hay reseñas históricas y de características de los distintos géneros musicales.
A partir de las canciones trabajamos todo lo que se puede. Porque yo veía que mis amigos que estudiaban guitarra la pasaban bárbaro, y yo a pura técnica (risas). Cuando cambié me empecé a divertir muchísimo más.
A partir de aquí se abrió un espacio de preguntas del público:
-¿Dónde se puede comprar este libro?
-En librerías, en el Tump y a través mío también.
-¿Qué nos puedes decir del dibujo de tapa?
-Es bellísimo, lo hizo mi sobrina Luna Sosa y el diseño es de Diego Veirano.
-¿Es un libro para autodidactas o es necesario estudiar con un docente?
Son arreglos para 2 o 3 chelos, y trae una guía para el docente y otra para el estudiante. La propuesta es trabajar de a dos.
-¿Percibís si tus colegas docentes son permeables a esta idea?
-Es real que ha cambiado mucho el chelo, el lugar en la música. Además ahora hay acceso a plataformas donde se ven instrumentos que antes no se veían, no como invitados sino como parte estable, en música no erudita. Hay una inquietud general de acercarse a la música popular.
Este material no pretende sustituir los métodos que ya existen, sino enriquecerlos, y creo que los docentes sienten lo mismo. Antes la enseñanza marcaba una trayectoria, esto es una invitación a ampliar habilidades y acompañar la trayectoria que la persona quiera hacer.
-Entrando en los arreglos, ¿cuáles son los problemas que entran en juego en arreglos de chelos?
-Son instrumentos que tienen que repartirse los roles. El chelo tiene registro medio, agudo y grave. Son instrumentos melódicos, sin armonía son difíciles de arreglar.
-¿Puedes decirnos algunos títulos de las canciones que figuran en el libro?
-Hay variedad de géneros, compases, tonalidades… (Ennumera algunos, detallamos a continuación los autores): Alfredo Zitarrosa, Jaime Roos, Eduardo Mateo, Mariana Ingold, Hugo Fattoruso, Estela Magnone, Ruben Rada, Fernando Cabrera, Edú Lombardo, Alberto Wolf, Príncipe, Aníbal Sampayo, Leo Maslíah, Eduardo Darnauchans, Violeta Parra, Chabuca Granda, María Elena Walsh, Carlos Gardel, Alfredo De Ángelis, Simón Díaz, Rafael Hernández Marín, Chico Buarque, Caetano Veloso, Hermeto Pascoal y canciones tradicionales de autor desconocido.
-Las canciones que elegiste, ¿las venías tocando, vienen de tu infancia?
-Un montón las traje por motivos pedagógicos, los prioricé. Todas me encantan. No es fácil encontrar música técnicamente fácil para inicial y quise que fueran temas conocidos porque es mejor tocar una canción que ya la tenés en el oído. Luego elegí músicas que me resultaran interesantes de trabajar.
-¿Mantuviste la tonalidad o priorizaste el instrumento?
-En algunos casos la mantuve, cuando podía. En otros no funcionaba.
-¿Son ejercicios sólo de digitación o también de arco?
-La propuesta es partir de la escucha más que de la partitura. Hay ejercicios previos. Pienso que la parte técnica está cubierta por otros métodos de enseñanza.
-¿Cuál fue el criterio de elección de las canciones?
-Las de Uruguay porque me encantan, y porque era posible acceder a los derechos de autor. También hay de Argentina, Brasil y Chile. Era imposible cubrir la totalidad de América Latina que es riquísima pero no tengo tanto acceso. También de Venezuela, Perú y Puerto Rico. Me hubiera gustado incluir más pero pedagógicamente no aportaba, aunque me habría encantado.
Los arreglos los hago según lo que le guste al estudiante, a lo que pueda hacer también. Para que sea un disfrute, y no sea “tener que”. En el libro busqué que haya preparaciones precisas para abordar cada canción, ya que es imposible cubrir todo solo.
-Decinos alguna canción que quedó afuera, que si hicieras una segunda parte la incluirías.
-Recuerdos de Ypacaraí, de Paraguay no quedó ninguna canción. En lo técnico y en lo musical no quedaba, no me gustaba el arreglo y tuve que decir ya está.
-¿Qué pasó con Lucía la música, en el proceso de hacer este libro?
-Hubo un cambio enorme, al sentir “esta clase sí la disfruto”. Pasar de la transmisión oral a un papel, escribiendo a una persona que va a leer, dio mucho trabajo redactar los enunciados. Aprendí muchísimo armando las pequeñas reseñas. Me da mucha alegría porque este trabajo lo puedo compartir con más gente. Cada vez hay más violochelistas, está buenísimo. También acceder al instrumento ahora es más accesible, más popular. Yo estuve años sin poder comprar un violonchelo, ahora es más fácil. Esta es una invitación a buscar distintos caminos.
La presentación terminó con un concierto de Lucía junto a sus estudiantes Venus González y Caterina Restuccia, realizando versiones de Pa’l que se va de Alfredo Zitarrosa; Caminito soleado de Carlos Gardel; Mitad gitano de Mariana Ingold; Pajarillo verde, joropo popular venezolano; Pregonera de Alfredo De Ángelis, “un tango del siglo XX”; Andenes de Estela Magnone; Mi canción de Hugo Fattoruso; finalizando con Amor Profundo de Alberto Wolf.
Ante la ovación, dedican el bis “a Magui que está acá y la tocó en su último examen”.
Fue una noche fría pero una muy cálida presentación, muy bienvenido aporte literario musical.
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