Gabriel Estrada no es un vanguardista, ni un experimentador, pero su música- tonal – tiene un poder de seducción y de emoción tal que deja estupefacto por su contundencia rítmica y, sobre todo, melódica. Este tema es un ejemplo. Cómo está logrado y arropado desde lo arreglístico, con intervenciones fantásticas de solistas que solo demuestra la calidad de instrumentistas que tenemos en este bendito país. Gabriel es un lírico, es un gran y sensible melodista. Esta obra tiene una conexión con el Lito Vitale de los 80 (Ese amigo del alma), esa cosa folclórica abierta, con destellos de ritmos como la chacarera o el malambo. La pieza, pese a su melancolía, tiene una enorme luminosidad y claridad estructural.















































