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Los motivos de Rodó – Siete claves de actualidad

En este 2021 se celebran los 150 años del nacimiento de José Enrique Rodó. Una fecha que se transforma en una excusa más que válida para retomar la lectura de uno de los pensadores más influyentes en nuestras tierras latinoamericanas. Y con la tarea pendiente de volver a darle el debido lugar en nuestra actualidad, respecto de la cual tiene mucho por aportarnos.

Y es precisamente tras releerlo en estos primeros días del año (particularmente en sus dos obras centrales, Ariel y Motivos de Proteo) es que quiero señalar –bajo los primeros efectos y muy sintética y llanamente, a modo de divulgación general, esperando que sea motivo de acercamiento a su lectura directa- una serie de claves que considero vigentes, actualizables como aportes a nuestras circunstancias, de su pensamiento. Claves que ameritan ampliarse en número y contenido, por supuesto, lo que iremos haciendo a lo largo de la escritura de siguientes artículos de celebración de este año rodoniano.

Siete claves rodonianas para el siglo XXI

1. La integración regional desde valores culturales, intelectuales, axiológicos, estéticos, desde el vínculo con nuestra cultura latina originaria, con nuestras raíces helénicas y con la ética de amor al prójimo del cristianismo (desprovisto, en el planteo de nuestro autor, de toda connotación trascendental).

Frente a modelos anclados en la perspectiva economicista o en la consolidación de la identidad por oposición a un “enemigo en común”, retomar el planteo rodoniano es apuntar a la integración desde la tradición humanística fundante, subrayando, por otra parte, la responsabilidad que tienen, en tales asuntos, quienes conducen los países de nuestra región, en la medida de que el retorno planteado está relacionado con un alejamiento anclado en un problema que, primeramente, es cultural y nuestro. Somos los principales responsables de haber abandonado la vital tarea de mantener y fomentar lo mejor de nuestra tradición cultural.

Aunque Rodó juzga duramente a la que considera utilitaria cultura anglosajona, no la culpa de lo que finalmente aquí sucede, en tanto entiende que el primer y principal escollo somos nosotros mismos. Retomar lo mejor de nuestras raíces es una tarea que nos corresponde y que involucra decididamente a las autoridades que gobiernan nuestras sociedades, particularmente a las que tienen responsabilidades de primer orden en el ámbito educativo y cultural.

Fomentar el pensamiento uruguayo y latinoamericano, desde nuestras bases humanistas, desde la cuna de los valores helénicos, desde la cultura latina fundacional, es un modo de actualizar el pensamiento de Rodó y de colocar en el debate público su planteo respecto de la necesidad de integrarnos (y más aún en este siglo XXI, en un mundo absolutamente globalizado) desde nuestra mejor carta de presentación, desde la fusión de horizontes de nuestras mejores tradiciones éticas, educativas y culturales.

2. La participación en la esfera pública, particularmente de la juventud, de las nuevas generaciones. Punto crucial, sobre todo en sociedades con jóvenes que tardíamente se inician en la vida pública y que tienen escasa incidencia en las decisiones comunitarias más importantes. Rodó, sus páginas, son un motor de impulso para pensar la revitalización de nuestra cultura política, para reflexionar acerca de la necesidad de generar las debidas condiciones para que nuestra juventud participe activamente en nuestra ágora, un factor crucial de la calidad democrática de toda sociedad.

Necesitamos de jóvenes rodonianos construyendo espacios de diálogo, conformando una nueva generación de intelectuales comprometidos con la formación y acción política (en su acepción más general, o sea, involucrados en los problemas de la polis, de los asuntos que conforman el bien común).

3. Defensa de los valores democráticos y de la tolerancia. Aquí hay dos puntos centrales: primero, la idea de generar una democracia que esté a resguardo, como bien lo señala Rodó, tanto de los valores aristocratizantes como de los provenientes de la mediocracia, sostenidos desde las mayorías compactas y homogéneas. Luego, el postulado de que la democracia, en su búsqueda de igualdad, debe ir acompañada de políticas que aseguren la selección cultural de una clase política-intelectual dirigente formada en valores deseables, con sólidos basamentos culturales y capaz de fomentar y difundir la tolerancia de ideas como uno de los elementos primordiales (sobre esto último, nada mejor que leer el debate, sobre la quita de los crucifijos de los hospitales, que sostuvo con Pedro Díaz y que aparece recogido en su obra Liberalismo y Jacobinismo).

4. La defensa de una formación universalista y una educación que no sea meramente especializada y utilitaria. Al respecto, su planteo cobra incluso una vigencia mayor que la que tuvo en su época. En momentos donde la educación discute permanentemente su sentido en relación con la demanda que se le realiza respecto de que asegure una formación acorde con lo que el mercado laboral del presente requiere, cobra vital importancia el planteo rodoniano. Bien nos vale para reflexionar, por ejemplo, sobre los modos en que solemos vincular la educación al campo laboral y a las necesidades productivas de un país, asuntos que inevitablemente terminan cayendo en planteos de un utilitarismo educativo que vacía el sentido más profundamente humanista de la formación educativa.

Más Rodó y menos educación atada al concepto de suministrar utilidades en términos de formar recursos desde la óptica del concepto de “capital humano”.

Por otra parte, la perspectiva rodoniana coincide con la defensa vazferreireana del deber de cultura universal que todo docente y alumno tiene respecto de su formación intelectual. Este aspecto lo coloca en un debate también fundamental sobre la actual formación docente y universitaria, en el marco del surgimiento de especialistas alejados de la esfera pública, sin ninguna incidencia en ella, y con la tendencia agudizada en cuanto a la disección del saber y sus contenidos en grados de reducción al absurdo. El intelectual docente y universitario no puede actuar como un mero funcionario de la morgue analizando las partes mínimas de un corpus que, en definitiva, considera muerto (o le mata en esa acción disecante).

La defensa de la formación universalista y del pensamiento como un elemento vivo es un punto de encuentro entre los dos intelectuales más decisivos de nuestro país: Rodó y Vaz Ferreira.

5. El amor y el desinterés como guía política. Frente a una política maniqueísta, de trincheras partidarias, que genera ideologías de “amigos” y “enemigos”, simples y cómodas dicotomías de “buenos” y “malos” -con la consabida ausencia de debate de ideas y falta de tolerancia para posibilitar el real dialogo democrático-, el rescate rodoniano del amor, del desinterés y la independencia como guía para la práctica política resulta tan “ingenua” y “demodé” como imprescindible en estos tiempos que corren (y que han corrido, lamentablemente, a lo largo del siglo XX).

En tiempos de intelectuales que adaptan sus postulados y acciones a razón del encandilamiento con el traje -y la ostentación de su cargo en la burocracia pública- y la tarea de agradar a su jefe político de turno, un mal que aqueja y recorre toda Latinoamérica, el planteo de Rodó nos recuerda que la autonomía y la decencia del pensar y el actuar es algo que debemos cuidar a toda costa.

En este punto, vale decir, es también coincidente el planteo de Rodó con los postulados vazferreireanos sobre la formación cultural sustentada en el saber desinteresado. Frente a la camada de entrajados intelectuales interesados que han construido y aun construyen nuestro entramado público regional, lo de Rodó resulta un antídoto más que actual y pertinente.

6. Apelación al cultivo de nuestra interioridad, a la búsqueda de la realización y el perfeccionamiento interior, de nuestras fuerzas individuales, desde una mirada en tono vitalista que preconiza el cultivo del mundo interior como preámbulo necesario de todo aporte comunitario (y es esta la idea central, precisamente, de su Motivos de Proteo).

7. Retomar el ocio noble. Autores de primera línea en el campo filosófico de este comienzo de siglo, como Byung-Chul Han, plantean la necesidad de retomar el espacio reflexivo de la pausa, de la profundidad del pensamiento, del ocio creativo. La arenga de Rodó, de hace más de un siglo, respecto de no descuidar la meditación intelectual -ni siquiera por la excusa del tiempo que nos absorbe el trabajo o por el tener condiciones culturales inicialmente adversas que puedan condicionarnos-, de cultivar el ocio noble, es otro punto de absoluta actualidad, particularmente en épocas en donde el tiempo libre, el escaso tiempo posible de ocio reflexivo que tenemos, suele consumirse en pasatiempos tecnológicos sin mayor sentido que el de “matar el tiempo” o en consumos mediáticos para no pensar, para no pensarnos.

Sociedad rodoniana: un reconocimiento pendiente

Ojalá que este este breve punteo veraniego de actualidad rodoniana motive el acercamiento a la lectura de un autor que aún tiene mucho por dar y que, sin embargo, en términos amplios, hemos colocado en el museo del olvido. Ciertamente, un crimen de lesa culturalidad. Volver a ponerlo en el ruedo, pensar aspectos de nuestro presente y futuro a partir de su obra, es una tarea que nos interpela y que se requiere en lo inmediato.

Que celebrar el siglo y medio de su nacimiento no se convierta meramente en otro cúmulo de pomposas honras, es nuestra responsabilidad, esa que el propio Rodó supo visualizar claramente en su vida y obrar en consecuencia. Volver a leerlo y discutirlo es algo que le debemos y que nos lo debemos como sociedad. Que la nuestra sea una sociedad rodoniana es algo que todavía tenemos pendiente por reconocer.

 

Imagen portada – archivo – Monumento a- José Enrique Rodó – Parque Rodó Montevideo – Noviembre 2015 – Foto © Federico Meneses

 

 

 

 

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Pablo Romero

Pablo Romero

Pablo Romero García, profesor de Filosofía egresado del IPA, Fundador y coordinador del Proyecto Cultural Arjé, docente de Filosofía y de Informática en educación secundaria, docente de Ética en la universidad CLAEH. Maestrando en Política y Gestión de la Educación (Universidad CLAEH), se ha desempeñado como docente de Teoría y práctica de la Argumentación en la Universidad Católica y ha realizado ciclos de columnas de Filosofía en radio El Espectador y en el canal TVCiudad y conducido el programa "Punto F, el placer de pensar" en Ciudadela FM.