
El autor catalán hace historia con el estreno de la tríada de obras (“Contra el progreso”, “Contra el amor”, “Contra la democracia”) en el Teatro Stella de Montevideo.
Esteve Soler (Hospitalet de Llobregat, 1976) es uno de los autores catalanes de mayor reconocimiento internacional. Así lo consagra la Institució de les Lletres Catalanes i l’Institut Ramon Llull en 2010. La “Trilogía de la Indignación” se ha traducido a más de quince idiomas, y ha recorrido multitud de países de Europa y América.
El barcelonés la estrenó en 2007 en Catalunya, y, desde entonces, con ella ha conseguido seducir a muchos y muy distintos tipos de espectador. Ahora esta pieza -ya por ende famosa- aterriza en Uruguay, en una colaboración histórica con la Comedia Nacional y la Federación Uruguaya de Teatros Independientes (FUTI).
Desde hoy la @ComediaNacional de Uruguay “hace historia” con los 3️⃣ estrenos de ‘Contra el progreso’, ‘Contra el amor’ y ‘Contra la democracia’. ♥️♥️♥️👏🏼👏🏼👏🏼🇺🇾🇺🇾🇺🇾 Gracias, gracias, gracias https://t.co/fQyBSrt0Yp pic.twitter.com/ds6lfKGIk4
— Esteve Soler Miralles (@SolerEsteve) June 28, 2022
Ironía, sarcasmo, sátira y provocación. Constantes en las tres obras. Aunque si tengo que escoger, quizás me quede con la última. Provocar. Soler definitivamente quiere que reflexionemos. Que nos miremos el ombligo, -o dejemos de hacerlo tanto, que tampoco somos el centro del mundo- y nos cuestionemos las cosas. Todo el rato. Que hagamos un ejercicio de análisis. Cómo decidimos vivir, cuáles son nuestras decisiones y por qué y en base a qué las tomamos. ¿Lo estoy haciendo bien? ¿O mal? ¿Actúo así? ¿Me equivoco? Quiere que dudemos, que afloren las incertidumbres. Que aparquemos el raciocinio por un momento y entendamos los mensajes que hay detrás de esta triple propuesta.
Para eso se ataña a los conceptos del progreso, el amor y la democracia. Pilares básicos de nuestro sistema. Una gran excusa para colarnos sus intenciones, forzarnos a pensar y conducirnos hacia un debate interno sobre el comportamiento humano. Una voluntad que se asemeja al criterio de Bertolt Brecht. El teatro nos tiene que divertir, sí; pero también tiene que guardar tiempo para la reflexión. Y no dejar “el cerebro en el sombrero”, tal y como lo ejemplifica el dramaturgo alemán.
Con las tres obras, Soler te invita a cavilar. Un poco como si fuera teatro del absurdo; el que te pasa a ti, espectador, el relevo. Te presenta los problemas y los deja a tu juicio. La misma finalidad se mantendrá a lo largo de las tres horas de duración total. Una para cada obra, que agrupa diferentes sketches y realidades en si misma.

“Contra el progreso” empeza con una escena simple, sencilla, sin adornos. Diria que la sencillez es un recurso que visita a menudo Soler a lo largo de la Trilogía. Una pareja se encuentra mirando la tele. Un hombre y una mujer. El hombre, que posee el mando, se queja: “ya no dan nada bueno”. Es la tecnología, que suple las relaciones. La falta de empatía reiterada y la ausencia de humanidad y atención termina incomodándote.
“Contra el amor” es el segundo texto de la saga. Aquí Soler investiga los diferentes matices de lo que entendemos como “amor”. El romántico, el apasionado, el erótico, el escatológico, aquel que es neurótico, y aun tiene tiempo para incluir machismo en el discurso. Unas posturas que deja para el final, mezclándolas con la pornografia.
En última instancia, queda representada “Contra la democracia”. Un conjunto de relatos más homogéneo que los anteriores. La pregunta que plantea es si aun hay alguien que cree que son los ciudadanos quienes gobiernan las ciudades. Pesimista, categórico y desesperanzador. Pero con una escena de bar perfectamente identificable a cualquiera de las que habremos visto.

Con todo, la primera es la que da más opción a discutir. Al final, es su declaración de intenciones. ¿Qué significa progresar? ¿Y el progreso? ¿El progresismo? Por qué lo pensamos tanto, por qué nos obsesiona y por qué lo identificamos -algunos, imagino-, como el ce qu’il faut faire? Como el camino a elegir. Como lo necesario. Progresar. Así lo plasman las notas del colegio: “progresa adecuadamente”. Nos enseñan que esto es lo que hay que hacer. Ese es el baremo, el progreso. Hay que progresar. Si no progresas, mal, ¿no? Te estancas.
Supongo que al final progresar es avanzar. Querer adaptarse a los cambios, moldearse a lo que es nuevo, a lo que va surgiendo. Saber tomar la forma adecuada al momento que vivimos. Ajustarse a lo que vamos requiriendo y pidiendo los humanos. Que no es poco. Y conforme vamos avanzando, vamos cambiando. Al final de eso se de e tratar la vida. De ir adaptándose a situaciones nuevas. De enfrentarse. Quizás es que cada vez es más dificil vivir, que eso también puede ser. Soler critica sin sutilezas el egoísmo y una realidad que nosotros mismos hemos distorsionado.
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Ficha técnica
Dirección: Daniel Plada.
Reparto: Leonor Chavarría, Sebastián Silvera, Cristina Cabrera, Mario Ferreira (Comedia Nacional), Joel Fazzi (Becario-EMAD- Comedia Nacional), Cecilia Patrón, Fernando Dianesi (Comedia Nacional), Lidia Etchemendy.
Diseño de escenografía: Lucía Godoy.
Diseño de iluminación: Nicolás Amorín.
Diseño de vestuario: Catalina Peraza.
Asistente de Vestuario y maquillaje: Fiorella Mornelli.
Música: César Fernández.
Realización y técnica de títeres: Guillermo Chávez.
Traspunte: Fernanda Muslera. Traspunte Comedia Nacional: Diego Aguirregaray.





































