Nos presenta una familia de clase medio-baja en la espera del año nuevo, con los festejos pertinentes. Madre, una hija y un hijo discapacitado físico, la tía (hermana de la madre) que vive en Vicente López, el joven novio de ésta, y un pintor que está haciendo arreglos en la casa.
Lo que comienza con el clásico coheterío del recibimiento del año nuevo se va devanando y sacando a luz, en las miserias de cada uno de los componentes de esta particular familia. No vale contar los pormenores, pero sí hablar del fondo de esta obra donde la violencia, la ordinariez y la discapacidad humillada por casi todos, salvo la hermana del chico quien es la que lo contiene, cuida y le brinda amor, campean constantemente entre los personajes. La violencia llega a su clímax entre la tía y su novio cuando ambos se embanderan en sus dos respectivos países, Argentina y Uruguay (país al que el chico pertenece.) Ahí es cuando el espectador, tiene que soportar las peores cosas de nuestro territorio: agresiones, bajezas, parecería que la humillación es el sello de esta pieza. El personaje del pintor que va permaneciendo en la casa, es un mudo testigo de todo ese caos (como si nos representara) y la debacle culmina en lo que todo hacía suponer que lo haría. El elenco está bien y especialmente Paola Venditto en el papel de esa conflictiva tía quien “cayó” a visitar a esta decadente parentela.
Queda claro que la peor de las discapacidades es la carencia de amor y solidaridad.
Teatro Circular – Sala 1
Elenco: Myriam Gleiger, Paola Venditto, Laura de los Santos, Cristian Amacoria, Esteban Recagno y Javier Lasarte.
Estenografía: Rodolfo Da Costa
Vestuario: Hugo Millán
Dirección: Gerardo Begérez
[sam id=”21″ name=”notas y articulos” codes=”true”]

















