
Festival en la Casona de Vilardebó
Tinta – Filo – Jesús Negro y los Putos – Bardo en Nueva York
La Casona de Vilardebó impone desde la vereda. Se erige como un palacio olvidado, con muros gastados que todavía cargan cierta grandeza imperial. El aire alrededor es denso, cargado de misterio, como si el barrio entero supiera que algo ocurre puertas adentro.
El acceso se abre a un corredor externo iluminado apenas por destellos tenues. Figuras humanas se alinean en silencio a uno de los costados, petrificadas, como una guardia macabra que acompaña cada paso. Sus rostros parecen querer hablar, pero se detienen en un gesto eterno. Caminar entre ellas es sentir un susurro que no se escucha, pero se intuye.
Ese corredor lleva a una entrada que parece haber vivido varias noches como esta. La decoración turbia se mezcla con la penumbra; retratos que se desdibujan, lámparas colgando como arañas muertas, muebles viejos que parecen tener memoria. Todo late con una oscuridad peligrosa.
En el 1169 de Av. Vilardebó, la Casona abrió sus puertas para un festival de punk, rock, pop, psicodelia y electrónica, con un cartel que unía a Tinta – Filo – Jesús Negro y los Putos – Bardo en Nueva York, cerrando con DJ Rengo Starr. La barra se abría al patio y entre banda y banda se convertía en espacio de tránsito, diálogos largos y memoria viva, con una mesa de ping pong lista para quien quisiera demostrar sus virtudes en el juego.
Adentro, el espacio era amigable, sin escenario, las bandas tocaban a nivel del piso, enfrentadas fraternalmente al público. La Casona las absorbía, mezclando música, riffs, silencios y recuerdos de otras noches y otras historias, nada alcanzaba, todo quedaba chico.
Tinta abrió con canciones de su disco homónimo, grabado entre diciembre de 2024 y febrero de 2025. Nunca Tomás en guitarra y voz, Gabriel Bartezaghi en batería y Santi Castha en el bajo descargaron un set poderoso, con climas densos que jugaban con la oscuridad del lugar. Alkitran y Tiempo abrieron la noche, arrastrando la humedad del lugar; Telaraña y Portal tejieron redes que atrapaban y abrían puertas a otra dimensión, mientras Bulevar y Cinemateca bajaron el tono al terreno urbano, como si la ciudad entrara en el palacio en ruinas. Eterno, El mundo de hoy y Solo fueron las descargas contenidas y El nudo marcaban que el final esta cerca. Cerraron con Verano, dejando un clima extraño; calor y frescura, luz y sombra, un contraste imposible dentro de esta casa que para ese momento, todavía nos era demasiado ajena.
Filo llegó con la solidez de una banda que viene de girar por Paraguay y que ya se mueve con confianza en el circuito. Cada canción parecía encontrar su sitio en la penumbra, como si siempre la hubieran habitado. Línea de fuego, En subida y Sin voz las encargadas de generar el clima muy a tono con el entorno, oscuro y sobrio; Internado cortó con densidad espesa, continuaron con dos joyitas como Respiro y Desenfoque y sin dar tregua con Océano que ya nos metió en la atmosfera sonora deseada. Sangre verde inyectó su veneno y Frecuencia fantasma le puso la tapa al muerto, cerrando el circulo. Tremenda presentación para una banda que sigue construyendo su identidad, cruda y cohesionada; Lali está haciendo estragos en los sintetizadores, dueña de los climas junto a Pancho, que combina la guitarra con distintos utensilios para armar sus mejunjes mágicos y siempre cayendo bien parado. Diego y Cototo desde la bata y el bajo custodian desde la retaguardia, monitoreando con seriedad para que nada se salga de lugar, y Marcelo y Alfonsina como comandantes al frente, guiando la nave entre tormentas y destellos, sin perder nunca la brújula.
Un setlist conocido, pero en ese momento pareció que cada canción encontraba su sitio en la penumbra de la Casona, como si siempre la hubieran habitado o estuviese armada a medida, dándole el combustible que el contexto pedía.
La novedad es que FILO se presentara el próximo 3 de octubre en el MVD Under Bar junto a Vedas Tornado y las entradas se consiguen en por ACCESO Fácil. Link: Plataforma para eventos presenciales, online e híbridos
El conjuro continuó con Jesús Negro y los Putos que convocaron a un público impresionante; que animó la con pogo, trapos y un coro generalizado que hizo explotar el espacio adjudicado para el publico. La banda lo dio todo y el público respondió igual. Karma de Mercado, Bar Ilusionismo, Asfixiarme y Escupime, Drogas y Barrios y Pasta Base fueron algunas de las canciones de su set. Me sorprendió la cantidad de gente que convocan y cómo los acompañan; contagian y no paran agitar, y ese energía va y viene en forma de búmeran , una especie de retroalimentación constante ente publico y banda.
La noche cerró con Bardo en Nueva York, quienes cambiaron el eje del festival con sus beats urbanos y texturas electrónicas, llevando la intensidad del rock hacia otros territorios. Dub, drum and bass y dembow crearon un ambiente envolvente, preparando el terreno para que Rengo Starr DJ se adueñara de la musicalización de lo que quedaba de la noche, mientras la Casona se quedaba con sus secretos y los ecos de la velada flotando en la penumbra.
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