Realizador, guionista y cinéfilo senegalés radicado en Abidjan, Hussein Dembel Sow combina la creación cinematográfica con la programación y la reflexión sobre las formas en que las películas circulan entre culturas. En octubre será jurado del 43.º Festival Internacional de Cortometrajes de Teherán y presentará African Horizons, un programa que reúne dieciséis obras de distintas generaciones y territorios del continente africano. Conversamos con él sobre su recorrido, las posibilidades y dificultades de hacer cine en África occidental, el cortometraje como lenguaje, la inteligencia artificial, el cine iraní y la necesidad de crear nuevos puentes entre cinematografías.
Hussein Dembel Sow tiene 38 años, nació en Senegal y actualmente vive en Abidjan, Costa de Marfil. Realizador y guionista, su recorrido reúne escritura, creación de imágenes, cinefilia y programación. Pasó por la escuela Kourtrajmé de Dakar y entre sus trabajos se encuentra el guion de La Kréme (2024), una comedia centrada en un niño talibé cuyo deseo de probar un helado lo lleva a decidir robar una heladería. Su trabajo también se ha extendido hacia la experimentación con inteligencia artificial aplicada a la creación de imágenes.
Ese cruce entre creación y programación adquiere ahora una nueva dimensión con African Horizons, proyecto del que Sow es curador y que formará parte del 43.º Festival Internacional de Cortometrajes de Teherán, que se celebrará del 17 al 22 de octubre de 2026. Será la primera vez que el festival iraní dedique un programa específicamente a los cortometrajes de los cines de África. La propuesta, de carácter no competitivo, reúne dieciséis películas realizadas entre 1963 y 2024, poniendo en diálogo obras de diferentes generaciones, países, lenguas y contextos de producción.
La selección evita deliberadamente presentar África como si existiera un único “cine africano”. Por el contrario, las diferencias forman parte de su concepción: las películas se organizan en cuatro recorridos —Una ciudad por recorrer, Los adultos tienen sus razones, Lo que permanece junto a los muertos y La tierra compromete a los vivos— que atraviesan cuestiones vinculadas con la ciudad y el movimiento, la autoridad, la memoria y la relación con el entorno.
Para Sow, las distintas lenguas, culturas y trayectorias deben permanecer visibles: el objetivo no es atribuir al continente una estética común, sino hacer que esas diferencias también produzcan conversación.
En el origen de African Horizons está, además, su profunda admiración por el cine iraní. Sow encuentra puntos de contacto entre películas de cineastas como Abbas Kiarostami, Majid Majidi, Jafar Panahi o Mohsen Makhmalbaf y obras africanas como las de Djibril Diop Mambéty. No se trata, para él, de borrar las distancias entre esas cinematografías, sino precisamente de observar qué sucede cuando películas nacidas en contextos muy diferentes se colocan unas junto a otras.
La apuesta va más allá de una programación puntual. Sow concibe el paso por Teherán como el comienzo de una relación más duradera entre cineastas, críticos, programadores y públicos. Incluso la traducción al persa ocupa un lugar central en el proyecto: que una escena pueda discutirse, una palabra precisarse o una interpretación cuestionarse forma parte, en su visión, de esa circulación del cine.
En ese contexto conversamos con Hussein Dembel Sow sobre su llegada al cine y su vida entre Senegal y Costa de Marfil, sobre qué significa producir cine en África occidental, el lugar que ocupa el cortometraje frente al largometraje, las nuevas herramientas de inteligencia artificial y su experiencia como programador y jurado. Pero también sobre algo que atraviesa buena parte de su trabajo actual: cómo lograr que cinematografías y públicos geográficamente distantes puedan encontrarse sin que ese diálogo tenga que pasar siempre por los centros tradicionales de la industria.