El excelente texto de Miller lo podemos disfrutar nuevamente en esta puesta de El Galpón que dirige Hector Guido.
La familia se ve obligada a desprenderse de una cantidad de muebles y objetos de valor que pertenecían a la casa paterna. Uno de los hijos llama a un tasador, papel que compone extraordinariamente Julio Calcagno. Dos hermanos enfrentados a una realidad, donde saltan los rencores, devenidos en odio, de uno de ellos (Víctor) hacia Walter. Por supuesto el precio que pone el tasador es irrisorio por todo el lote. Y eso es lo usual, la “desvalorización” de los objetos ofrecidos. Pero debajo de esto subyace el otro precio, el que da lugar y sostiene la pieza, que es el que tuvo que pagar Víctor ante un padre manipulador y ruin que teniendo una fortuna sojuzgó a ese hijo, impidiéndole seguir su carrera de ciencias para poder alimentarse aún con desperdicios. Walter, el hermano, salió de ese yugo, se hizo médico y siguió con una vida independiente.
Brillante actuación de Calcagno acompañado por un correcto elenco. La escenografía nos apabulla con todos esos muebles en desorden, donde al final se descubre (estaba tapado con una sábana) un hermoso sillón en un rojo sangre en el que se apoltrona triunfante, el tasador, que sin duda ha hecho un excelente negocio.
A no perdérsela, es mi recomendación.
Va en sala Campodónico de El Galpón.
Sábados 21.00 hs. Domingos 18.30 hs.
Elenco: Gustavo Alonso, Elizabeth Vignoli, Julio Calcagno y Diego Rovira.
Dirección: Héctor Guido
Escenografía: Claudia Schiaffino y Paula Villalba
Vestuario: Paula Villalba
Luces: Eduardo Guerrero y Héctor Guido
Ambientación sonora: Fernando Tabaylian
Funciones: sábado 21.00 hs. Domingo 18.30 hs.
Sala César Campodónico
Duración: 1h20´ Apta todo público
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