
Blues en la ciudad.
Una conversación con Candela de Caoba (cantante) y Henry Fernández (artista plástico)
La Máquina a Vapor y Big Walker
23 de octubre 2026 en Sala Camacuá
La noche dispara los últimos coletazos de un invierno húmedo. La llovizna genera un ambiente fantasmal en las calles del centro, oscurecidas por la tormenta que cae en una garúa fina y persistente. Me detengo frente a una puerta de garage, junto a un kiosko de mala muerte que ofrece vinos en caja, tabaco y chicles. El timbre suena dentro, pero desde la calle no se oye. Insisto. Se oyen unos pasos, la puerta se abre
—Buenas noches ¡bienvenido! —El hombre que me recibe con un cálido apretón de manos, y una sonrisa franca dice—, aquí abajo está el estudio de los plásticos, arriba está el estudio y la sala de grabación. Me indica la escalera. Dos vueltas más arriba, encontramos un rellano, un pasillo de varias puertas y una entrada abierta a lo que sin dudas es una sala de ensayos. Batería, guitarras, bajo, micrófonos, amplificadores…
Otra puerta amplia y nos aguarda un sofá, sillones, bancos y una mesa ratona. Candela de Caoba (cantante de La Máquina a Vapor) y Henry Fernández (artista plástico) me esperan. Saludan, ofrecen agua o café, se disponen a una charla amable, pausada y que deja la puerta abierta a lo que importa: la música y la intención de transmitir un legado.
—La Máquina a Vapor, una banda de blues nacida en Montevideo hace casi una década ¿De dónde vienen, cómo se formaron, qué los reúne? ¿Cómo han llegado a ser banda soporte de varios blueseros norteamericanos? La primera en tomar la palabra es Candela, la cantante incorporada en plena pandemia.
—La máquina a vapor ya tiene nueve años de trayectoria ininterrumpida. En 2017 surge con Hernán (Poloni, el guitarrista que me recibió hace unos minutos) Luis (Latallada, la otra guitarra de LMAV), Federico Garrido y Federico Lasso. Comienza para transmitir un legado, el del bluesero uruguayo, Jorge Mariño que por años sostuvo un proyecto llamado Los puentes del blues. LMAV arrancó ensayando en un garaje, tocando de miércoles a domingos en bares, en plazas… haciendo mucho ruido. Nueve años, mucha gente, muchos artistas en la vuelta… Personas con mucho talento, que han estado sosteniendo el proyecto.
En la época de la pandemia se consiguió un espacio físico, y allí LMAV funda el Club de Blues Uruguay, como un espacio que intentaba recibir artistas varios, no solo músicos. Un espacio de expresión. La gente estaba muy para adentro, y esa necesidad de compartir, de expresarse…Allí se gestó todo esto, y sobre todo la unión con otras ramas del arte, artistas plásticos, baile…
Al otro lado de la puerta comienza a sonar una guitarra, se suma otra, ejercicios de calentamiento previos al ensayo que está programado para luego de la entrevista.
—Se generó bastante ruido con esto del Club, y comenzaron también los contactos con otros artistas internacionales que estaban de gira… Uruguay era para ellos un lugar de pasaje, músicos que llegaban a Brasil o Argentina, pero no venían a tocar acá. Así que nos planteamos ¿por qué no? y comenzamos a invitar a algunos, hacer el esfuerzo y se pudo comenzar esta movida con artistas internacionales. El espectáculo que vamos a hacer ahora el 23, y otro para noviembre.
—Lo que hace el Club es organizar fechas puntuales, en diferentes salas o espacios, hemos estado en la Camacuá en Sala Rincón, en Pionero en Santa Mónica (Maldonado), la fecha de Noviembre será en la Sala Valle Inclán… Hemos estado en Brasil también, en el sur, en Casino… Entonces LMAV como banda toca también en las fechas del Club de Blues. Ayuda en la producción, y hace de banda soporte de los artistas internacionales.
Mientras del otro lado de la puerta corrediza siguen sonando guitarras, me dirijo a Henry, quien hasta ahora se ha limitado a asentir con gestos el relato de Candela.
—Contame un poco. Artista plástico, blues ¿cómo junto estas dos expresiones?
—Uhm… Soy artista plástico, trabajo la pintura más que nada, lo clásico, bastidor y pintura… Me gusta trabajar el surrealismo por ese lado… Y algo que no puedo separar nunca es la música de la pintura. Necesito la música, es una inspiración para pintar, antes, durante y después de pintar. Veo la pintura, veo imágenes en la música, veo los colores, y viceversa… No encuentro una cosa separada de la otra… De ahí nació la necesidad de poder engancharlos de alguna manera.
—¿Estás ahí, pintando en vivo mientras la banda toca?
—Eso mismo. En el escenario, sobre el escenario, y con músicos haciendo esta maravilla de música que es el blues fue que encontré algo que me llenaba y complementaba a mi oficio, que es pintar. Ya mucho tiempo antes lo hacía, el complemento de una cosa con otra. No puedo decir que soy músico, soy pintor y el complemento me parece que es genial… Y al espectador es algo que le llama mucho la atención. Es algo que de a poco se va viendo en otros ámbitos, otros escenarios, pero no es algo muy común…
—Vos sos la cantante, las luces suelen estar sobre quien canta, pero en esta propuesta hay además un pintor, otro llamador de las miradas. ¿Cómo se da ese diálogo, esa convivencia en escena?
—Cuando vamos a tocar, siempre nos piden una planta de escenario, entonces cuando colocamos, la batería, el bajo, el bastidor… Siempre nos miran, y nos preguntan. ¿Va a pintar? Lo colocamos de forma que todo quede a la vista, que todo pueda destacar. Con la banda mismo, tratamos de que no quede nadie delante o nadie atrás. Porque si no es como esta formación rígida, estándar… Y la realidad es que todos producimos la magia sobre el escenario. Y la pintura tiene un despliegue muy grande. Hoy en día no solo es pintura, también es escenografía, obras en 3D colocadas sobre el escenario… Es todo una puesta en escena que no se piensa solo como un show de música, sino más como una obra, ¿no?
—Una obra de arte multidisciplinaria y en el momento.
—¿Qué pasa con esas obras después?
—¿Con la pintura? Bueno, siempre está dispuesta a la venta, de hecho ha pasado, sobre todo en Brasil que la gente te compra lo que se hizo en escena… Se han hecho exposiciones de LMAV, en la Camacuá hace un par de años hicimos una exposición del acumulado de lo que se ha hecho.
—En Brasil y en Buenos Aires, la gente compra las pinturas que se han hecho. Eso ayuda al presupuesto, a la producción. Sería ideal que pasara también en Uruguay, porque ayuda a que el proyecto siga rodando, pero acá siempre es más complicado.
—Candela, hoy, ¿qué música escuchás, o yendo hacia atrás, a qué cantantes escuchabas de chica?
—… fui muy influenciada por el folklore, soy de Colonia del Sacramento. Nací y crecí con esa música, canto popular, Jaime Roos… Entonces simplemente, desde niña estuvo la música. No que se me inculcara desde casa el canto, el dedicarme a eso. Más bien lo descubrí cuando me vine a Montevideo a estudiar. Fue como salir de la burbuja, viví en un hogar estudiantil donde había una muchacha que sí se dedicaba al canto y fue la primera vez que lo ví como una posibilidad. Comencé a tomar clases, incursionar… estaba en una academia pero no salía a cantar a la calle, ni tenía una banda, nada… Hasta que mi profesora me dijo, “Bueno ¡basta! Dejá de estudiar tanto, y salí a cantar. ¡Andá a la calle!”… Porque claro, si no lo palpás, no lo vivís, es muy académico todo. No sé cómo llegué al Club de Blues, en Uruguay y Rondeau. Y… me encontré con un mundo nuevo, porque, te soy sincera, yo nunca había escuchado blues afroamericano. O sea, blues de raíz, al hueso. No lo conocía. fue todo un movimiento para mí.
—Vos, Henry, cómo te enganchaste, ¿hubiera sido lo mismo con otra música o hay algo en el blues que te pone a pintar?
—Escuchaba blues, sí. Tal vez ccosas más comerciales, Eric Clapton, Pappo. No tanto con eso tan de las raíces. Me gusta el rocanrol, el tango, Zitarrosa, Pink Floyd… me gusta la música. Como que hay un estilo para cada estado de ánimo ¿no? Y el blues formaba parte, pero me di cuenta que me estaba faltando y sigo aprendiendo de ellos, que son sabedores, de cada músico, cada cantante, de la historia, de donde surge… Así que más fascinado todavía. Además, musicalmente hablando, el estilo es genial para pintar, es como un baile. Yo pinto y a veces estoy bailando. A veces baja, de repente levanta… y así lo llevo.
—Escuché las tres canciones que nos mandó producción, me llama mucho la atención, primero, que es muy rítmico lo que hacen, y segundo que las guitarras van siempre con ese sonido y esos punteos a lo BB King, hasta de Wes Montgomery. No es esa cuestión de largar la nota y dejarla respirar un rato largo, ni distorsionada, aunque tampoco es esa cosa acústica del Delta… Y las voces son muy limpias, casi de cantante de soul. ¿Cómo confluye todo junto?
—En sí es la búsqueda de la sonoridad. Nos han dicho muchas veces que deberíamos tocar más… hacer más ruido, tocar con pedales, pero no es lo que nos interesa transmitir, ni la música que nos interesa escuchar. La búsqueda es esa, estudiamos el lenguaje tradicional del blues, y… a ver… no es que no tocamos otros estilos. También tocamos funk, soul, R&B, rocanrol. Ahora estamos tocando Fats Domino, Little Richard. La idea no es que sea solo blues, sino poder transferir el legado del blues afroamericano. Porque todo ese lenguaje fue influyendo a los géneros que vinieron después. Pero siempre música negra. Nos mantenemos dentro de eso y la realidad es que es lo que nos transmite mucho a nivel corporal, ese sonido limpio, crudo. La guitarra de por sí tiene un sonido, mismo el instrumento, la madera, entonces ¿por qué ponerle un sonido artificial por fuera, si podes solo amplificar el sonido de ese instrumento que alguien hizo, que le puso mano de obra? Somos medio puristas en ese sentido. No es que solo escuchemos blues, también bailamos cumbia, pero el objetivo es transmitir ese legado. Es la búsqueda de la banda.
—¿Han pensado en grabar, editar?
—La búsqueda nuestra siempre se hace en vivo. La experiencia vivida ahí, en el momento. Entonces como que por un tiempo dejamos de lado la grabación. Pero estamos retomando un poco la idea. Tenemos este espacio, relativamente nuevo, junto abajo el estudio de artes plásticas y acá arriba la sala de ensayo, el estudio, entonces estamos volviendo a esa idea de grabar lo que estamos haciendo para poder difundirlo. Hoy día todo se maneja por redes, a distancia. Y nosotros necesitamos grabar lo que hacemos. Porque, además, cuando no estemos, es lo único que va a quedar.
—Tocan ahora, no es la primera vez, con Big Walker. ¿Cómo dieron con él? ¿Es un visitante frecuente, vive acá?
—Big Walker es un artista que ha tocado con nosotros desde 2024. Estaba de gira y lo contactamos y a él le llamó la atención cómo tocábamos nosotros. Se interesó en la banda. En la siguiente visita ya estaba radicándose en Brasil, y eso fue una ventaja. No es lo mismo que traerlo desde EEUU, por los costos. Ahí grabamos con él una Live Session que aun no hemos sacado a la luz pero que si todo sale bien, ya pronto vamos a sacar. Le gustó el sonido de la banda, cómo se llevó con nosotros y ahora hace unos meses que está acá, estamos preparando un show con él para el 23. Para nosotros es un honor, tocar con tremendo bluesero, del que hemos aprendido mucho, y seguimos aprendiendo. Él ha tocado con figuras como Big Mama Thornton, Luther Tuker, Sugar Pie de Santos, todos artistas que nosotros escuchamos y versionamos. Es a ese nivel. Para nosotros es un reconocimiento total.
—Una última pregunta, para Henry. En los ensayos, vos también ensayas lo tuyo de alguna forma, o cómo se da.
—Boceto. Me siento en el piso, papel y lápiz en mano y hago bocetos. Sin enchufar nada.
Los vemos entonces el viernes 23 en la Sala Camacuá, la entradas están en Red Tickets.
Músicos:
Big Walker (saxo)
Hernán Poloni (guitarra)
Candela de Caoba (voz)
Luis Latallada (guitarra)
Roque Duarte (batería)
Cecilia Gallo (Piano)
Tobías Gómez (bajo)
Artistas Plásticos:
Henry Fernández, Florencia Peluso, Luis Peña.
La Máquina a Vapor y Big Walker – 23 de octubre 2026 en Sala Camacuá – Entradas en venta
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