La noche ya estaba entrada y la cerrazón dibujaba auras en los focos de las calles de la zona del puerto, mientras me acercaba a la Sala del Museo, que se aprontaba para recibir por dos noches seguidas a La Vela Puerca, con localidades totalmente agotadas, desde hacía algunas semanas.
La hinchada fiel de La Banda (fieles si los hay), a modo de previa, mientras calentaban las tripas con alguna “calaguala” coreaban algunos de los clásicos que sonarían después, en un repertorio que nutrido de la extensa y exitosa trayectoria, le sumaba las novedades de “Discopático”, octavo trabajo de estudio, lanzado el año pasado.
Avanzando de a poco me cruzaba con algún trapo descansando en la vereda, como si supieran la noche agitada que les esperaba. Ya dentro de la sala, habiendo elegido cuidadosamente el sitio, vi cómo se llenó de un público ansioso, que una vez habiendo colmado el lugar, acompañó con calidez la apertura de la noche a cargo de “Manolo y Los Vespass”, que como es costumbre contó con músicos invitados de “La Vela”. La complicidad entre los teloneros y el show de fondo, fue otro condimento que sumó a una noche que estaba armada tiempo atrás.
Con los teloneros despedidos entre fuerte aplausos, arrancó a hacerse sentir el clásico “vamos, vamos La Vela…de mi corazón” cada vez más fuerte, las luces se fueron y sonaban los primeros acordes de “Sin Avisar”, con un público que desde el inicio prometía hacerse sentir toda la noche, pasando por Potosí, La Teoría y Buenas Mascotas. Sonaba tan limpio y perfecto todo que podía haber estado escuchando un disco en mi casa, ser testigo de la energía mientras lo veía era lo que me confirmaba que era algo en vivo.
Cuando llegó “Un Frasco” fui testigo de uno de los pogos más homogéneos y coordinados que he podido, como si fuera un corografía inconsciente, a la que me sumé a modo de pequeño homenaje a Hunter S. Thompson (para hacer un poco de periodismo gonzo, es lindo ser parte de la historia), la noche estaba en un punto altísimo, y no bajaría nunca más.
A continuación vendrían las primeras adiciones del repertorio con temas de Discopático, a través de “Contra el viento”, “La pastilla”, “Plan de fuga” y “No sé”, mechados con “Clarobscuro”, para luego pasar de uno en uno por “El Impulso”, “Érase” y “Piel y Hueso” (Colabore junto a Manolo de Los Vespass, El Soldado de Plomo y Todo el Karma). Con dos clásicos del “A Contraluz” cerrarían por primera vez la noche, “Haciéndose pasar por luz” y “Llenos de magia”.
Claramente no siendo suficiente para la hinchada una noche que había sido impresionante, al regreso, los atoraron con un clásico tras otros, que cayeron como trompada en un público que se llenó la boca cantándolos, (Va a escampar, Vuelan Palos; Zafar, El Viejo y El Profeta), para retirarse y volver una vez más a despedirse de su público con “José Sabía”, cerrando así una noche que fue redonda, para los que estaban arriba del escenario, para los que estaban abajo del escenario, y para mí, que vi y escuché lo que hicieron desde los dos lugares.
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