La tanguez es un término que se empezó a utilizar para etiquetar ciertos productos que no eran tango hecho y derecho, sino ramificaciones del género y que tenían un fuerte componente piazzollano en su dirección. Amaro y Bonaldi son los dos artistas que bucearon en este mar aportando hermosas obras.
Bonaldi tuvo- en Los que Iban y luego como solista- un protagonismo casi único en este nicho de la canción popular que desde luego ha usado el tango de manera más explícita o tangencial en muchos autores. Hay muchas canciones de Bonaldi de aquel período que merecen ser revisitadas, reeditadas y reconocidas por un público más joven. Hay nivel artístico, instrumental y compositivo; y es signo de una época de resistencia y búsqueda de identidad.
Esta obra es hermosa y nostálgica con tres partes bien definidas y un texto magnífico del Bocha Benavídes. En el evidente trance piazzollano viaja la canción que por un momento milonguea a “lo Piazzolla”, pero sin perder el timón de que hablamos de Montevideo. El clímax del poema es justamente el final; y que curiosamente nos habla de hoy pero desde el ayer: “en el espejo del bar/ no me encuentro aunque me miro/ que si no entiendo mi tierra/ no me entenderé yo mismo”.















































