
De Apóstoles, Misiones, llegó Horacio “Chango” Spasiuk con su cargamento de músicas del litoral a la sala Adela Reta.
El destino parece signar a ciertos artistas: alguien con un parecido físico notable al Cristo de las estampitas, que es de un lugar llamado “Apóstoles” y para colmo de Misiones, no podría escapar a ser un predicador de la música de su tierra. El “Chango” además de ser un músico sensible es alguien que “sabe” por qué y para qué toca. Tiene los pies clavados en el barro de su terruño, pero tiene claro que lo de él- el acordeón, su universo sonoro-, proviene de lejos y que llegó a través del periplo de la conquista. Pero aquí tomó otro vuelo, bajando por el nordeste del continente y afincándose en el territorio que daría vuelo a las rítmicas que él trabaja. Y que las trabaja con un amor sincero: él es ESE sonido por más que forme parte de un elenco gigantesco de otros hacedores del chamamé y otras formas, por ejemplo, la polca y el “valseado”.
Anoche se vivió una fiesta de sinceridad, de humanidad, en un mundo musical tan uniformizado, donde pareciera que hubiera una única forma de hacer las cosas. El “Chango” nos trajo una brisa de frescura, sin looperas, sin artilugios tecnológicos, sin playback, sin nada más que su toque y el de sus músicos del ensamble.
Hay un pensamiento político detrás de su música. Sabedor de que hacer lo que hace es cargar un estandarte cultural e identitario. Las músicas que interpretó, abriendo con su clásico “Tristeza”, son sencillas, sin cargas armónicas ni vanguardismos. Es casi inocente- como el corazón mismo del Chamamé- y se podrían definir fácilmente: tónica, quinto y cuarto grado. Esa estructura es lo que campeó en toda la noche, sin embargo, vimos pasar muchas figuras, espectros, fiestas con piso de tierra, ríos y selvas. El Chango nos paseó por el fondo de su casa y nos acogió en su hogar. En un momento mostró una acordeón pequeña, la primera con la que tocó siendo niño y contó aquel viaje; de cuando su padre le regaló ese instrumento y el Chango-niño se trepaba a los árboles para tocarla.
Amor a la música. Anoche nos mostró eso. La banda que trajo es de músicos experientes y sólidos y, además, contó con dos invitadas uruguayas, Maia Castro y Florencia Nuñez, que participaron en un homenaje a Alfredo Zitarrosa. En un momento, emotivo, la presencia de Mercedes Sosa invadió la noche, sobre una grabación de su voz, en “Solo para mí”, una canción del “Chango” con texto de Víctor Heredia.
El final tuvo dos versiones alejadas del chamamé: “Libertango“ y “Seguir viviendo sin tu amor” que no estuvieron a la altura de lo demás. Una hermosa noche donde el público salió agradecido de escuchar un poco de verdad y de sinceridad, ante tanto avasallamiento de lo falso, producido y desechable.
Sala Adela Reta, escenario Eduardo Fabini, 3 de setiembre de 2022
Ficha técnica:
Pablo Farhat: violín
Marcos Villalba: percusión, guitarra y voz
Eugenia Turuvetzky: cello
Diego Arolfo: guitarra y voz
Enzo Demartini: guitarra, acordeón y voz
Invitadas: Maia Castro y Florencia Núñez
Producción: Gerardo Grieco y Erika Hoffmann















































