Desde su casa en El Carmen, una fortaleza según el diario El País de España, el matrimonio Ortega-Murillo administra su fundo llamado Nicaragua. La revolución sandinista se apoderó de la casa cuyo propietario era el banquero y exvicepresidente Jaime Morales Carazo. Luego el matrimonio revolucionario se apoderó de varias cuadras a la redonda, incluyendo siete casas ajenas y un estadio pequeño que Ortega usaba para ejercitarse. Hoy, como dice el diario, la casa es una verdadera fortaleza resguardada las veinticuatro horas del día por agentes especiales de la policía. Protegida, además, por francotiradores. La revolución protege a su comandante para que siga haciendo la revolución. En esta casa fortaleza viven el matrimonio y todos sus hijos con sus respectivas familias, puesto que, como se vio, no se trata de un departamentito clase media. Solo dos de los nueve hijos viven fuera de El Carmen.
La mayor, Zoilamérica Ortega Murillo, que vive en Costa Rica desde 2013, luego de denunciar que su madre, Rosario Murillo, la perseguía. Recordemos que Zoilamérica acusó a Ortega, su padrastro, de abuso sexual en 1998, pero su madre defendió a su marido ante la justicia. El otro es Rafael Ortega Murillo, apodado Payo. Payo es hermano de padre y madre de Zoilamérica y, como su hermana, también fue adoptado por Daniel Ortega. De acuerdo con la información recogida en El País, que cita al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, es Payo quien, a través de sus múltiples empresas, el encargado del lavado de dinero que sostiene a la familia, expoliando, evidentemente, al pueblo nicaragüense. Lo que significa que es Zoilamérica la única que no forma parte del clan Ortega-Murillo que administra Nicaragua.
Los siete hijos restantes, junto con Payo, son, en consecuencia, los encargados de las diferentes empresas de la familia, bajo la mirada severa de la madre que es, en definitiva, quien lleva las riendas del gobierno a pesar de que su marido figura como Presidente. Fue el precio que debió pagar Daniel Ortega para que su mujer lo apoyara en tribunales por la denuncia de su hija. A partir de ese momento Ortega fue perdiendo terreno y su mujer, a quien su hija dice temer más que al propio Ortega, cada vez asumiendo mayor relevancia en las directrices del Estado. Sin duda será ella quien reemplazará al enfermo Presidente. Pero son sus hijos quienes lo administran todo, desde los medios de comunicación hasta el petróleo: Canal 4, Canal 9, Canal 13 (controlados por Maurice, Daniel Edmundo y Carlos Enrique, además del Canal 6, estatal), Canal 22 y la emisora Radio Ya. Un socio, además, es dueño de Canal 2 en el que la familia controla las noticias. Como si no bastase, mediante la propiedad estatal, los Ortega controlan, además, la cadena nacional Radio Nicaragua y portales de noticias en línea como El 19 Digital. Sin duda, la revolución necesita ser publicitada como corresponde.
Rafael Ortega junto a su esposa Yarida Leets disponen de la Distribuidora Nicaragüense de Petróleo. Laureano, por su parte, el hijo fino de la familia reconocido por sus relojes Rolex y su ropa de alta costura, está a cargo de Pro Nicaragua, que negocia con los capitales extranjeros, como la construcción del Canal de Nicaragua con el empresario chino Wang Ying, pero que nadie sabe si se terminará algún día. En fin, para qué seguir. Solo digamos que Payo es el único que vive fuera de El Carmen, lo que le da cierta libertad que sus hermanos no tienen, pues Rosario Murillo lo controla con todo con celos de futura gobernante.
Los Ortega-Murillo son los dueños de Nicaragua. Hoy, como sabemos, sus oponentes políticos están todos en la cárcel por razones diversas, pero muy convenientes para Daniel Ortega y su clan quienes, sin duda, se eternizarán en el poder, como Anastasio Somoza, contra quien, qué ironía de la historia, Ortega lucho junto al poeta y cura Ernesto Cardenal. Hoy, Ortega y su clan son la otra cara de Somoza. Vale la pena recordar ahora que Ernesto Cardenal abandonó el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en 1994, en protesta contra la dirección de Daniel Ortega.
Mientras tanto, la revolución sandinista, otro sueño fallido de las revoluciones en América Latina, ha instaurado el despotismo y el nepotismo más salvajes, provocando hambruna y muerte en el pueblo por el que supuestamente se hizo la revolución. Cuba es la abuela y Venezuela el hijo. Pero hay por ahí, en nuestro continente, otros ideólogos extremistas, que sueñan con nuevas revoluciones. Chile y Perú, de momento, deben estar alertas si no quieren caer en las garras de extremistas sin escrúpulos y “vivir las bondades de la revolución”. Aunque Perú, con Castillo, ya cruzó la frontera.
Y me refiero a ideólogos extremistas sin escrúpulos, de cualquier índole; de cualquier ideología, pues todos ellos conducen a la destrucción democrática, la hambruna, la desolación y la muerte.
Imagen portada: https://twitter.com/danielortegasa


















































