
Para Ana Acosta Calle y sus almohadas
1.
Cada noche, las palabras saltan desde mi cabeza y se instalan en mi almohada. Se juntan con las de jornadas anteriores y se van acomodando como pueden dentro de ella. Se van aglutinando en masa y conforman una gran abecedario, que como un Pacman van engullendo el relleno natural de la cabecera, hasta configurar una ilimitada lista de términos, sinónimos y alocuciones que el scroll nos ingiere en su inmediatez. Son las meditaciones nocturnas que el sueño trae consigo. El sueño plácido y profundo, cuando las neuronas entran en su fase de hiper sincronización y disparan de manera coordinada impulsos eléctricos, por donde nuestros sueños navegan como barcos de papel por un plácido mar de ondas de baja frecuencia. Las palabras se coordinan entre ellas cuando los pensamientos se salta de la norma, ya se por incomodidad o por desajustarse al canon y producen alteraciones de breve actividad, con momentos de absolutos silencios, esos donde tu dejas de pertenecer al mundo real e ignoras que eso a los que desde la antigüedad, denominan alma, te ha abandonado por momentos y ha ido en busca de su reparo o tan sólo a contemplarte desde un afuera, como si aún sin abandonar tu espíritu se detuviera sobre ti sabiendo de antemano cuál sería el destino final de ese cuerpo.
2.
Cuando algún recuerdo asoma y entras en las fases descentralizadas del sueño, las neurona se disparan de forma rápida y puedes hablar dormidos o pensar que lo haces, porque realmente está ocurriendo y entras en la cápsula REM, esos movimientos oculares imprevistos que inspiraron a la banda de Michel Stipe y supusieron la llegada de una poética musical independiente, precursora de canciones de venideras, nostálgicas de un tiempo de universitarios que venían al mundo como un nuevo formato de constelaciones irreverentes, y que tuvieron que bregar bajo las políticas conservadoras del Ronald Reagan. Las palabras continúan engrosando un vocabulario que vas encendiendo en tu sistema límbico, catapultando diferentes emociones hacia las profundidades que atacan a los gendarmes de tu anatomía muscular, y esto puede sobresaltar algunas palabras o tan sólo unas de ellas, descarrilándose del archivero sentimental y crear una rebelión de términos, frases, palabras catapultadas hacia el vacío que pueden penetrar por tus conductos auditivos externos, desembocando en la membraba tímbrica y hacer que tus martillos, yunque y estribos, eclosionen hasta que se transformen en señales eléctricas, y los sonidos, que de hechos son también las palabras, se transformen en un océano de perturbables floraciones de hartazgos r incertidumbres.
3.
Cuantas palabras acuñas en tu almohada cada noche o en cada momento del día, en que despiertas, somnoliento o dormido reclinas tu cabeza en busca de un sosiego, un reposo, o tan sólo un suave cojín donde poder llorar, buscar un respiro, el sustituto de una piel amiga o amada que ya no está, o tan sólo un paño de lágrimas de cual aferrarte ante un dolor intempestivo, ante un hecho imprevisto a falta de un cuerpo a quién sostenerte.
4.
¿Qué saben de ti las almohadas de aquello que si bien no le has dicho, lo leen desde las emanaciones de tus inquietudes cerebrales? Cómo se trasladan dentro de ese recubrimiento de tela, para volver a aflorar viejos recuerdos o trasladar a otros hacia diferentes espacios, porque el vértigo de los acontecimientos hacen que otras se manifiesten de manera repentina y transformen tu sueño o tu vigilia en una inagotable fuente de emisoras parlantes. Esas pesadillas que vuelven cada tanto como emanaciones de una conciencia que aún no ha sido apaciguada por el dolor o por los escalofríos de la vergüenza o del propio temor del saber que has sido injusto, que has obrado de manera deficiente y que eres culpable de haber generado en otros emociones que no correspondían o mejor aún, que has generado dolor o has cometido algún acto deleznable, has ajusticiado a alguien por ti mismo, u ordenar matar a otros tantos. Entonces esas palabras se vuelven pegajosas, se enredan entre su mantos sin escrúpulos y se abalanzan sobre las otras y a veces se producen batalla que ningún somnífero es capaz de lidiar. Y otras, han sido tan absorbidas por tus mente en un proceso inverso, que tu cabeza se ha vuelto la almohada donde descansa el mal y estás tan sólo el cadáver de la razón en un mundo que ha perdido los valores de la moral, a esos usos de convivencias a los que Cicerón cita en su obra “Sobre el destino” (De Fato) en el año 44 ac. Algo a lo que Marco Aurelio en sus “Meditaciones” considerara como una guía práctica dge deber social y resistencia mental las dificultades entre los años 187 y 170 dc.
5.
¿Qué palabras dormirán en los cojines de Trump, Netanyahu, Putín? En las de los Magnates del Narcotráfico, en los pandilleros de Haití, los asesinos de Sudán, los fundamentalistas de Isis abarcando regiones de África, mientras Trump se apropia del petróleo venezolano con el beneplácito del gobierno de los líderes chavista y de la propia Corina Machado. ¿Qué palabras dormirán en los almohadones de cada asesino y violador, de los cómplices gubernamentales, sus testaferros y el de aquellos que matan a una persona (y pienso en el delivery asesinado hace escasos meses en Colonia y Paraguay, y sólo son sentenciados a siete de cárcel. ¿Eso es lo que vale la vida de un hombre en este país, siete años de cárcel? ¿Y para para Juan Carlos Machado Gonzales, conocido como “El Pelón”, sentenciado a 30 años de cárcel, asesino también de la enfermera Thalía Tuvi de 26 años en playa verde, alguien puede reclamar a su madre que pida para este indeseable la silla eléctrica, tal como lo hizo ante los medios públicos? ¿Ya que los judíos sionistas tomaron su revancha asesinado millares de civiles en Gazza, ¿a alguien extrañaría que además de la ocupación militar de tierras palestinas por parte de sus colonos, los hijos de los hoy asesinados padres, hermanos, madres, se levantasen mañana a exterminar judíos? ¿Qué lo planes de “Rusificación” por parte de Putín, no tuviese consecuencias mañana, con todos los niños secuestrados de los territorios ucranianos? Es que todos van a salir impugnes de los miles de civiles muertos, mientras Rusia continúa utilizando sus bombas termobáricas contra la población civil. Y Trump sigue sonriendo con su rictus pedante y estúpido, que va ganando la guerra de contra Irán, mientras el estrecho de Ormuz sigue dominado por los siniestros Guardianes de la Revolución Iraní. Parece que vivimos en un mundo de por si irreal, surrealista en sus aspectos más nefastos, en donde las palabras han desaparecido de las almohadas para convertirse en cientos de cadáveres arpiñados y putrefactos en el terremoto de la ciudad venezolana de La Guaira, sin contar los que aún permanecen bajo los escombros de Gazza. A todo esto Trump piensa en su Arco de su Triunfo para festejar los 250 años de la independencia de los Estados Unidos, así como en otras tonterías, cambiar el nombre al Lago Ontario que separa su país de Canadá, por Lago América.
6.
Por eso, las almohadas se llenan de nuestras palabras, de las dudas e incertidumbres, de aquellos pensamientos complejos que pueden dar grandes ideas y engendrar verdaderas desgracias. La poesía no puede cambiar el mundo, sólo embellecerlo o hacerlo partícipe de esas dudas existenciales y de las soledades de quién las lee, las comparte en pequeños grupos y tratan de encontrar entre sus pellizcos de metáforas e imágenes, los atributos de la existencia humana y las consideraciones de las cavilaciones de los hombres, inclusos nosotros, los que nos refugiamos en ella para entender estos tiempos donde la IA no deja de ser más un nuevo paso se disuasión ante un plan pergeñado por las fuerzas de la oscuridad, quizás desde fines del Tercer Reich. Ahora que la ultraderecha utiliza las masa migratorias como manadas de búfalos sueltas, hacia los últimos rescoldos de la civilización socialdemócrata surgida tras la 2° Gran Guerra. Entonces todo creían que el mundo había comprendido la lección y la restauración trajo el auge del capitalismo, la división del mundo en dos bloques, los últimos (lo pongo en duda) intentos colonialistas (Argel, Vietnam…), la Guerra de Corea que aún no ha terminado, el mar de China con los ojos puestos en Hong Kong, y para llenar nuestras almohadas de matices y metáforas ingeniosas, como ya habíamos superados “el fin de la historia”, “daños colaterales”, “políticamente correctos” y un largo etc, ahora, cuando surge como un panegírico, la acepción “guerra híbrida”, como si no todos fuéramos tontos y no supiéramos que ya estamos en guerra. Una guerra distinta donde se busca en donde desencadenar conflictos que puedan interesar a unos y a otros. La reciente irrupción de ciudadanos marroquíes, africanos, saharauis, a la ciudad española de Ceuta en el norte de África (por cierto, le guste o no, un resabido colonialista), son prueba de ello. Pero como el mundo se divide en matices, en China tenemos Olimpiadas de robots humanoides. Estados Unidos esta más desarrollado en inteligencia artificial, pero no en robótica. Putín a quién ahora los drones con tecnología que supuestamente Musk ha cedido a Ucrania, comienza a sentir en su propio territorio la guerra que prometió, al igual que Trump terminar sino en meses, en semanas. La riada se traga Nepal y estos acusan veladamente a China. En algún restaurante del mundo alguien muere asfixiado por atragantarse con una miga de pan, y un hombre cualquiera sufre un infarto en una parada de un autobús. Una niña es violada a la salida de una escuela y diversas pandillas de traficantes se cruzan a tiros en algún ignoto lugar de México. Úrsula von der Leyen viaja de un lado a otro. Llega a Groenlandia para mostrar su apoyo sobre las amenazas de Donal Trump de apoderarse de las islas.
Este ofrece 5.000 dólares a cada estadounidense adulto si los republicanos ganan los comicios de este año y el Partido Republicano logre mantener la mayoría absoluta de ambas cámaras (Senado y Representantes) y así asegurarse su control, y a la vez pone en marcha la operación “Furia Épica” para desatar los ataques contra la marina iraní.
7.
Que puede hacer un lector de poesía antes los embates de las compañías de telefonías móviles, que para mantener ocupadas y domesticadas a las masas, les tiran un Samsung. Un Nokia, un Galaxy, Un IPhone o cualquier otro artefacto de marca, como si fueran migajas de pan que en una gran plaza convertidas en shopping les tiran a los humanos, convertidos en gráciles palomas, así como un pequeño va tras su potito.
8.
La palabras en nuestras almohadas, son los confidentes de nuestros lados más oscuros y perversos, pero también de los más luminosos. El destino final de aquellos nombres que hemos escrito y se han ido desflecando o emborrachándose con la ignición del sudor corporal, con el aserrín del hastío que se acumula mientras envejeces. Las palabras que han quedado atoradas de Lorca o Pavese, o la de aquellos olvidados como Ungaretti, el propio Guillermo Chaparro o nuestro Apalabrar De Salvador Puig. Un pequeño libro, porque la poesía, no se mide en extensión de páginas o cantidad de versos, aunque así lo reclamen los concursos y la pedantería de unos jurados nombrados por un dedo que los determina por afinidades más que por virtudes, o los compra por una cierta cifra, porque los poetas suelen morir en orfandad y olvidados. Un pequeño acto recordatorio tal vez para algunos, unos segundos de aplausos y si tienes obras editadas, alguna reposición de una de ellas, otras destinadas a libros de usados o a ser engullidas por alguna volqueta, salvo que por esas cosas del destino, la mirada del extranjero te haya valorado y otorgado un Premio Cervantes. Entonces las palabras saltan de las almohadas y se reincorporan como saltimbanquis renacidos y durante un tiempo ocupan su lugar en escaparates de librerías o cafés literarios. Entre tanto quedan infinidad de libros perdidos. Encerrados en su propia bitácora y alguna vez sólo son abiertos como material de consulta o extrañeza para alguna alma joven e inquieta, como por ejemplo El hombre que se comió un autobús (Poemas con olor a nafta) de 1927 de Alfredo Mario Ferreiro. O el marketing editorial que aprovecha los embates de nuevas generaciones y las políticas de género, y entonces (con total justicia) nos traen viejas y nuevas reediciones de Pizarnik, Silvia Plath, Joan Didion, y algunas próximas a las nuevas generaciones porque a estas hay que también alimentarlas de nuevas letras. Esas que también como escapularios deben haberse adormecido, comulgado o copulado entre los hilados de las fundas de las almohadas como Virginie Depentes, entre queridos capullos o sus teorías sobre King Kong. En realidad un tratado de como sobrevivir con la fealdad, en un mundo que expone la belleza como atributo de lo que debe ser considerado apto para la visibilidad, cuando la calles se llenan de mugre y menesterosos que ni siquiera son capaces de preguntarse porque razón han de seguir viviendo.
9.
Y entonces, el universo que se expande y que dejara de ver las galaxias más próximas y hasta las luz de las estrellas, destruyendo años de estudios astrológicos, quizás ya no esté habitado por humanos, y si por humanoides que se han hecho cargo del planeta y han conservado en recipientes asépticos, muestras de tejidos de cómo eran las estructuras humanas, y de las conformaciones de sus ADN como así también la de sus animales, y tan sólo sean las plantas y la vegetación, el último resquicio de lo que alguna vez fue un mundo donde la poesía trato de activar ciertos aspectos no visibles de la realidad, y las plantas han sobrevivido como un tejido decorativo, como para humanizar esa panacea de un mundo ya conquistado y quizás mucho más evolucionado que este. Tal vez algún humanoide, así como lo hizo Roy Batty (el último replicante de Blade Runner sollozando mientras las gotas de la lluvia aspiraban sus lágrimas 9, encuentre un libro aparcado en algún viejo contenedor. Quizás uno de poesía, el “Trilce” de Vallejo, “La Rosa Pública” de Paul Eluard, o “Lagar” de Gabriela Mistral, o los restos andrajosos del “Howll” de Ginsberg, y a su IA le produzca un cortocircuito en sus input data vertidos en sus algoritmos y sus prompt no encuentren una respuesta inmediata y se ponga a hurgar como los combatientes de Fahrenheit 451, de que se trataba todo esto. Esas palabras que antiguos soñadores como Rudaki o Homero, sin duda y cruzaría los mares de sus plumajes y en el caso del poeta persa, también de sus brocados. Hay poetas que posiblemente hoy duerman a la intemperie y sus almohadas sean simples cartones o imaginarios poliedros de felpa, porque el paso entre la imaginación y la locura o la lucidez, no la determina por más que quieran un simple diván terapéutico o una trenza de psicofármacos.
10.
Nuestras contradicciones y aspiraciones terminarán atadas a un peñón de dudas y vacilaciones. Al recostar nuestras cabezas, no impediremos que esas palabras se pulvericen en el polvo que seremos y sólo aquellas que han podido escapar, tras una canción, una amor aún no extinguido, puedan aún correr tras una brisa de viento, convertida en una errante eclosión de letras fuera de la catacumba de las almohadas desdichadas, donde quizás un día Virgilio vislumbro entre sus bucólicos poemas, la esperanza de un amanecer mejor. El mundo era otro y las civilizaciones se han ido devorándose una a otras. Cuando los humanoides nos exploten o simplemente nos exterminen, quizás alguno escuche desde su capacidad ilimitada, como un teléfono suena desde Marte, si es que aún el planeta rojo existe, y quizás un tal Bradbury le lleve a pensar cómo lloraban entonces los árboles y como las almohadas guardaban nuestros sueños.