
“Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros.” Jorge Luis Borges.
Supongo que Pablo Guadalupe debe estar rindiendo un tributo personal a su amigo. Cómo debe hacerlo Javier Rejón (realizador y compositor) en Madrid y Stefanie Ringes, cantante de “Lions in Love” la soberbia agrupación que liderara junto a Dany en el Madrid de los noventa.
Pablo, baterista original de “Escuela Basilio” la banda que junto a Melingo y Pippo Cipolatti integrara parte del circuito under de comienzos de los 80 en Buenos Aires, a quienes solía ver en el mítico Stud Free Pub bonaerense. Pablo fue de los primeros en marchar a Madrid, mientras Dany y Cipolatti conformaban a su vez parte de “Los Twist”. Con la marcha de Melingo a Madrid años después, junto a Pablo, la incorporación de Willy Crook, que había abandonado a “Los Redondos…” desde la presentación de Oktubre en Palladium, “Escuela Basilio” tuvo un breve despertar con la llegada de Ringes. La incorporación de nuevos y definitivos integrantes, desembocaron en la formación definitiva de los “Lions In Love”, de los que filme varias de sus actuaciones en la Sala Y´asta de Madrid, o junto a Javier (Rejón) en El Sol o en Siroco, y en otros escenarios de la capital del reino.
Hay una historia no escrita de esos años, de esa diáspora de músicos argentinos que transitaron por diferentes capitales españolas, pero que tuvieron su centro expansivo desde Madrid. El guitarrista “Tito” Fargo que al mismo tiempo que Crook abandono a los Redondos, junto a Roberto Pettinato (ex SUMO) formaran otra banda medular y prácticamente desconocida llamada: “Los Carnavales de Franco”, con conciertos memorables en pequeñas salas también del under madrileño como el “Casi Casi” o la propia Sala Y’asta de la Calle Valverde la que se merecería tener un capítulo para sí sola, no porque allí desarrolle buen aparte de mis trabajos visuales, sino por que fue una sala pionera de los años posteriores al estallido de la “movida madrileña”, sala estandarte de “Los Toreros Muertos” y de extraordinarias performances y experimentaciones escénicas (Eva Lyberten, Raquel LA Calva, Arturo Arpa…), por donde se pasearon y actuaron algunos de los músicos y actores más importantes de la España de entonces.
Era frecuente ver tanto a Almodóvar, Miguel Bosé, los hermanos Bardem y su propia madre, la increíble Pilar Bardem, las hermanas Flores, el propio Antonio antes de fallecer, los Gabinete Caligari, Sabina, Alex de la Iglesia y toda la flor y nata del mundo artístico de entonces. Allí, como tantos otros “Escuela Basilio” dio sus primeros conciertos aún sin un bajista definido, y Many Moure de “Los Toreros Muertos” y Manager principal de la sala se hizo cargo de manera eventual del instrumento. Los “Lions in Love” finalmente explotan y dan rienda suelta a un “Groove” inusitado e incomparable dentro de la escena española. Se adelantan incluso en años a ciertas estéticas, y no hubiesen desentonado en la escena del Manchester de los “Happy Mondays” o “Stone Roses” de fines de los 80, es más, la hubiese dotado de una originalidad sin parangón con ciertas influencias propias de la música hispánica. Basta con escuchar “Pulseras” su “hit” por llamarlo de algún modo que integro su primer simple en vinilo.
Por entonces, Dany Melingo ya era un músico respetado en el entorno musical madrileño, y los “leones enamorados” comenzaban a escribir los renglones de una historia no escrita, cosa que una vez me dijo Willy en su época de los Funky Torinos, en el Club 69 de Buenos Aires, Por entonces le había dejado a Alfredo Rosso una cinta con filmaciones inéditas de los Lions, que Javier Rejón y quién escribe habíamos tomado en diferentes actuaciones de la banda. Cosa que le hice saber a Dany una noche en Niceto, antes de partir ellos a una presentación en Mar del Plata, y años después en Montevideo, en su etapa consagratoria como un faquir milagroso que transitaba entre el tango arrabalero, el jazz pendenciero y vanguardista de su clarinete junto a los Ramones del Tango (marca indeleble de la inspiración contracultural del rock) la banda que lo acompañaba, y con los que comenzaban a triunfar en París y otras ciudades de Francia. Ese encuentro fue en la Sala Zitarrosa y hablamos sobre esas filmaciones y las muchas otras que Javier guarda en video analógico de 8 mm así como las que son de mi propiedad. No fue la última vez que vi a Daniel. Retorno a Montevideo un par de veces más y volvía a verlo en Niceto en otra oportunidad.
Dentro de su último período, donde el tango y el rock se entremezclan entre aires de punkitud gótica e ironías satíricas del arrabal porteño, subyace una luminosidad única y transversal de un creador y generador de ideas y encuentros motivacionales como pocos y además, con la erudición de un sabio que ha sabido ir y venir varias veces de sus propias contradicciones e infiernos, con una particular modestia, tan silenciosa como parca, y a la vez llena de cariño como pocas veces encontré en diferentes artistas en cualquiera de sus modalidades.
Daniel, de quién guardo una entrevista inédita al poco tiempo de llegar a Madrid, fue quizás, el músico de esa diáspora más influyente, creativo e innovador, de todos los músicos argentinos que conformaron esa diáspora generacional, en donde también había grandes fotógrafos, entre ellos el gran Jorge Pastoriza, fundador junto a Aspix (Carlos Giustino) de Sudway Photo, un punto de encuentro de artistas de vanguardia y con uno de los archivos más valiosos sobre el rock argentino que despuntaba en los ochenta. Jorge me enseñó a filmar y comencé a navegar por esos rumbos. Él es el destinatario de la canción de Andrés Calamaro, “Canal 69”, en referencia al apartamento que Jorge y su pareja, la estilista y productora de modas Dolores Elortondo, tenían en la Calle Mendizábal 69 en el barrio de Arguelles en Madrid. “Deberías escribir la historia de Lions, en definitiva tú también lo eras….” Me dijo entre copas esa noche Willy en el Club 69, corría el año 2002 y aún yo continuaba yendo y viniendo desde Madrid a Baires y solía recalar ahora en la casa de Claudio ”Clota” Ponieman, recordado diseñador argentino y músico, con quién convivimos algún tiempo en mi ático de Madrid.
Otro amigo al que Andrés le dedicó un hermoso tema, que me lo dejo grabado en un cassette junto a otras de sus grabaciones accidentales. “La más grande estrella desconocida del rock argentino es mi amigo….” De esos años habría que citar a “Pachuco Cadáver” banda de Roberto Pettinato y Guillermo Piccolini, teclista de “Los Toreros Muertos” o la banda estupenda de “Tito” Fargo” llamada “Baobads”, con un dejo de reggae, rock y post punk muy singular, del cual hay un registro grabado, así como los dos álbumes de “Lions in Love”, entre ellos el imprescindible “Psicofonías” de 1993 editado por el entonces sello WASKA, donde la banda redimensionaba la posibilidades de fusionar diferentes géneros, desde el flamenco, al ácid house, la electrónica, el rock y el raggae, y la impronta oscura del soul más negro que luego Willy Crook desbordaría en su primer disco solista “Big Bombo Mamma” de 1995.
El legado inspirador de Daniel Melingo atravesó desde diferentes ángulos y perspectivas no sólo a sus compatriotas, sino también a muchos de los artistas españoles más creativos de la actualidad, incluida Rosalía o Blanca Paloma, aunque quizás no conozcan al grupo, y el nombre de Daniel Meligno le suene a poco. Daniel preparaba lanzar en el próximo septiembre, una reedición de su primer disco solista, ya inmerso en el ámbito tanguero, “Golpes Bajos” (1998). Hoy señale a un amigo uno de sus temas, que para los que hemos ido y venido de diferentes países, tiene una especial evocación. Se titula “Ayer”: “…del barrio me voy, del barrio me fui, triste melodía, que escucho al partir, voy dejando atrás todos mis recuerdos…” un tango de cadencias nostálgicas y un tanto pop que resume esas peripecias donde las búsquedas te llevan también a los orígenes y evocaciones de los que ya han conocido ambos lados de la vida.
En su primer disco solista de 1995 “H2O” coincidiendo con uno de sus retornos a Argentina y no suficientemente valorado, ante el auge del rock barrial o del éxito desmesurado de los Decadentes, Cadillacs o La Versuit, Daniel seguía inspirando sus proyecciones transversales, y si bien nunca escuche alguna manifestación al respeto, dudo que un oído abierto, también propulsor de nuevas ideas como ha sido el de Gustavo Cerati, esa obra haya pasado desapercibida. En “H20” Dany realiza una hermosa versión de “Alegría de Vivir” una de las composiciones magistrales del flamenco moderno, escrita y cantada por Ray Heredia, fundador de “Ketama” junto a sus primos Carmona.
Al separarse del grupo y comenzar una corta trayectoria solista, truncada por su desaparición. Federico Oldemburg, en los 80 redactor de la revista PELO compañero de ciertos momentos en el Madrid profano de mediados de los 80 ex integrante de “El Corte”, recordada banda del under porteño, en donde también participaban Javier Calamaro y el inigualable Hernán Reyna en guitarra. Palabras que se repiten: mítica, legado, desaparecido, influencias, retornos, huidas, escapes, infiernos….palabras todas que encierran un lado tan oscuro como luminoso, según se consideren o juzguen las alternativas que la vida plantea y las decisiones que uno toma sobre ellas. En el arte como en la vida, todo es imprevisible.
Si apuestas a algo y crees en eso y decides ir hasta el final, lo que esa determinación te depare o no, esta fuera del alcance de toda lógica, pero en un mundo de complacencias quién no arriesga -citando a Waters- no deja de ser más que “otro ladrillo en la pared”, esos negadores de Lacan, Foucault, Debord, el propio Braudillard, Bauman, y todos los que puedas agregar, incluso al mismo Tomás de Aquino. Imagino a Daniel sobrevolándonos como una imagen que reitero últimamente con asiduidad: los personajes de Marc Chagall (generalmente el y su esposa Bella), volando sobre los tejados de pueblos y ciudades. Como personajes también de nuestro maestro “José Gurvich”, a quién quizás más allá del constructivismo, los caminos de la diáspora llevó a consustanciarse con la obra del maestro que hoy sería considerado bielorruso.
En esa trashumancias de músicos argentinos hacia Madrid específicamente, quizás la de Daniel Melingo haya sido de las más trascendentes. Las genialidades y sus aportes tardarán en ser reconocidos, aunque sin saberlo ya están asentados en una identidad colectiva. La empuñadura del clarinete de Daniel y sus lengüetas y empuñaduras, bufaran cada tanto, así como lo hacía últimamente su voz cascada, apegada tanto a los brillos lunares, como a los empedrados de las calles. Esas voces que solo pueden detentar los que han conocido los muy diversos e instigadores, incendios de la vida.
La foto pertenece a una actuación semi acústica en formato reducido de los Lions in Love, en el pub E LA NAVE VA en la zona de la Plaza de Las Descalzas en Madrid.
En 1997 probablemente, en uno de los retornos de Daniel a Madrid. Y el Fotógrafo que la tomó se llama Daniel Zamora.
















































