
Hay elogios que valen más que cualquier ovación. Y si vienen de quien escribió las canciones, todavía más. En una entrevista, Robe Iniesta confesó que no le gustan las bandas tributo y que escuchar sus temas interpretados por otros grupos no suele resultarle atractivo. Sin embargo, hizo una excepción con Milongas, quienes definió como algo “nuevo, distinto y fresquito“, destacando la forma en que los uruguayos transforman sus canciones y les dan una identidad propia.
Con ese respaldo flotando en el aire, la primera noche del ciclo Siempre, Siempre, Siempre desembarcó en una Sala del Museo colmada de expectativa.
La velada comenzó con la actuación de la banda telonera, que tuvo la responsabilidad de abrir una noche especial. Pero el verdadero punto de partida llegó cuando las luces se apagaron y la voz grabada de Robe Iniesta se adueñó de la sala. Escuchar al líder de Extremoduro hablar de Milongas Extremas con semejante admiración fue mucho más que una introducción: fue una declaración de arte, poesía amor, sabiduría
Y entonces comenzó el viaje.
Porque lo que hace Milongas Extremas hace tiempo dejó de ser un tributo. Hay una sinergia cósmica cómica impulsiva desbordante.
Una dinámica construida durante años, una complicidad musical que parece respirar por sí sola y una manera única de apropiarse de un repertorio inmenso sin traicionar su esencia. Las guitarras criollas, el pulso rioplatense con la mezcla española Extremeña, los arreglos minuciosos y la intensidad interpretativa convierten cada canción en una obra nueva… majestuosa
La primera fecha del ciclo estuvo dedicada exclusivamente a voces femeninas invitadas. Así fueron apareciendo sobre el escenario distintas artistas que aportaron nuevas texturas a las composiciones de Extremoduro. Agustina García, voz de Cuatro Pesos de Propina, sumó su personalidad en “Cuarto movimiento: La realidad“. Rodra aportó una interpretación poderosa de “Dulce introducción al caos“. Y la violinista Paula “Poli” Rodríguez enriqueció varios pasajes con arreglos delicados y emotivos que ampliaron aún más la paleta sonora de la noche.
Pero por encima de los nombres, de los arreglos y de la impecable ejecución musical, quedó una sensación difícil de explicar. La de encontrarse frente a canciones que siguen creciendo. Canciones donde una frase puede convertirse en refugio y donde una imagen poética puede quedarse viviendo para siempre dentro de quien la escucha.
Quizás por eso hubo momentos en que la emoción resultó inevitable. Porque la poesía de Extremoduro habita un territorio extraño donde conviven la ternura, la herida, el amor y la belleza. Y Milongas Extremas ha encontrado la manera de trasladar todo eso a su propio lenguaje sin perder ni una gota de verdad.
Lo que ocurrió en la Sala del Museo fue más que un concierto: fue el encuentro de dos universos musicales que, al cruzarse, crearon un tercero. Uno hecho de canciones que viajan, cambian de orilla y vuelven a nacer. Y cuando la última nota se apagó, quedó flotando esa certeza: algunas músicas están destinadas a encontrarse.
Y con sus temas terminaron de deleitar a un público vibrante comprometido con lo supremo
Gracias y hasta siempre!
Milongas Extremas es nuestro , y me atrevo a decir que es una de la
s mejores bandas a nivel técnico emocional y visual que he visto
Salú













































