
Lo dijimos: ya no es más un secreto en la ciudad, los conciertos organizados por el Club del Blues en Sala Camacuá son un éxito rotundo y así lo demuestra la sala atiborrada, con localidades agotadas con anticipación.
Esto se debe no solo a que el invitado especial es de gran valía y reconocimiento mundial, sino que la aventura autogestiva del colectivo blusero local se caracteriza por su profesionalismo y también por sumar mucho talento en sus shows. Evidentemente, el boca a boca ha funcionado.
La del martes 15/07/2025 no fue una excepción: a las 20 en punto salió a escena el primer telonero: Emiliano Bello, munido de guitarra, sombrero y voz para “llevarnos al delta” con su actuación de temas de Robert Johnson y Barbacue Bob. Se sumó Matías Aramendi, excelente guitarrista zurdo pero que nos sorprendió más adelante tocando también con la derecha; una práctica habitual en muchos artistas del blues: Otis Rush, Albert King, Coockie McGee entre otros, según nos enteramos a través de la producción. Ambos hicieron un homenaje a Jorge Mariño, para tratar de continuar el legado del legendario fundador de Los Puentes del Blues; que supo compartir escenario entre otros grandes, con el invitado especial de esta noche.
Y qué lindo es escuchar blues en español.
Luego se presentaron los anfitriones: La Máquina a Vapor, como siempre presentando un espectáculo especialmente planteado para la fecha, con esa dinámica de cambio de instrumentistas y rotación de instrumentos que nos fascina.
Esta vez la novedad fue la incorporación de piano y no hubo armónica como en anteriores ocasiones.
LMAV formó con Candela Berretta y Agustina Mazzuchi en voces, Cecilia Gallo en piano, Roque Duarte en batería, Federico Garrido y Ramón Michelena en bajo, Luis Latallada y Hernán Poloni en guitarras; mientras el público remolón se cruza en las escaleras con quienes bajan a buscar bebida y subir vaso en mano para disfrutar del show.
Los artistas tocaron temas de Pinetop Perkins, Ann Cole, Lacy Gibson, Little John, Jimmy Johnson, Big Joe Turner, BB King, Sugar Pie de Santo y Etta James, intercalando los artistas. En un momento se incorporó Emiliano en canto ¡y también baila! Rubro que fue reforzado luego con Natalia Conde que se incorporó al grupo bailando desde la platea, con tres cambios de vestuario.
Entre el público se encontraban al menos cinco artistas que forman parte del colectivo como músicos o artistas plásticos, que no subieron al escenario en esta ocasión pero no se podían perder la actuación de sus compañeros. Este grupo siempre está dando oportunidades al talento local, se nota que hay mucho pienso y mucho ensayo. Fue una gran actuación, con mucha potencia y que terminó con la pianista tocando de pie y un gran empaste de todo el grupo, apoyado por el excelente trabajo lumínico del equipo de Empresa Cresci proporcionado por Sala Camacuá. El lema de LMAV es “la única estrella aquí es el blues” y se nota.
Mientras el escenario se acomodaba para recibir al invitado y la Blues Special Band integrada por Adrián Flores, Junior Flores y Hernán Poloni (músico invitado local), nos cuentan que este es el concierto número 12 y ya se anuncia el 13 que será con la presencia de la blues woman Nora Jean Wallace el próximo 10/09/2025. A no dormirse con las entradas, que se sacan por Red Tickets.
Finalmente, directamente desde Clarksdale, Mississippi, se presentó Super Chikan Johnson que además de tener una gran carrera como músico, es luthier. En principio trajo una guitarra con el cuerpo reducido e incrustaciones que simulaban una mariposa, y con un sonido muy particular. Cacarea mientras prueba sonido, se ve que es su sello distintivo.
El repertorio del show se basó en su último disco grabado en vivo en Brasil: Clucking Live (que estaba a la venta y no se encuentra en plataformas digitales) más algunos temas como Boom Boom y Hookin Up.
Johnson tiene un sonido bien rockero, con mucha potencia. Ejemplo de ello fue que nos contó la anécdota de cuando Elvis escuchó a Big Mamma y quiso sonar como sonaban en el sur, dando paso a tocar Hound Dog.
Pies y cabezas se balancean por toda la audiencia (cómo nos cuesta a los uruguayos bailar), mientras Chikan canta, toca, recita y se pega a los músicos para compartir su arte y dejar que los otros también se luzcan. Como siempre, es un placer ver las caras de los artistas, mezcla de admiración y goce. Sobre todo cuando el protagonista luce su virtuosismo, haciendo sonar a su instrumento con la pera, la cadera, girando sobre sí mismo e incluso sin tocarlo siquiera. Ante las numerosas ovaciones hace gala de un gran carisma, tanto contando chistes que pocos entienden pero todos festejamos, como explicando sus raíces rockeras que vienen de los años 50, tarareando un canto tirolés o cacareando.
Para terminar el show sube La Máquina a Vapor a tocar con el invitado, que cambia la guitarra por otra también fabricada por él: un Diddley Bow (instrumento de cuerda más antiguo del Delta). El tradicional tiene tres o cuatro cuerdas, este lo adaptó a seis y lo convirtió en eléctrico. Chikan es uno de los pocos exponentes que hoy lo tocan y se toma su tiempo para visitar a cada uno de los músicos y “pasarles” algo de su magia, incluso metiendo dedos en el piano.
El concierto termina con toda la platea de pie, ovacionando con fervor.
Fue un show con un ritmo y energía imponente, de esos que dan ganas de salir a correr por la rambla en camiseta.
Estén atentos a la doble fecha de setiembre, porque la Sala Camacuá está empezando a quedar chica. No digan que no les avisé.
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