
“El Jere y los Nadie irrumpen en escena, desafiando el anonimato, dejando caer las máscaras y revelando una sinergia poderosa, donde las verdades se cantan a corazón abierto, más allá de las sombras y el silencio.”
Hay algo intrigante en el nombre El Jere y los Nadie. Y anoche, en el TAZU Bar Cultural, ese nombre tomó forma por primera vez. La banda, que lleva apenas unos meses de existencia, eligió este escenario para su debut. Fue una presentación que, más que anunciar una llegada, pareció una declaración de principios: tres músicos ocultos tras caretas negras y un vocalista al frente, con camisa blanca y corbata, moviéndose con la seguridad de alguien que ya encontró su voz.
El recital comenzó sin bombos ni estruendos. La banda salió al escenario en completo silencio, mientras de fondo sonaba la voz inconfundible del “Gran Canario” Pedrense y “Varón del Tango” Julio Sosa. Como un acto premeditado, los primeros acordes esperaron a que se asentara en el aire ese cruce entre lo místico y lo desafiante. Entonces, arrancaron con “Pa’ que sepan cómo soy”, un título que parecía anunciar no solo la apertura del setlist, sino la intención del proyecto: mostrar, sin rodeos, quiénes son y qué había para contar.
Tras ese primer tema, El Jere, debutando como creador e intérprete de sus propias composiciones, saludó al público con una frase que quedó resonando en el ambiente: “Me aburrí de ver cosas maravillosas e increíbles que hacen los demás, ahora me toca a mí“. Ese comentario, dicho con una mezcla de amigable ironía y determinación, dejó claro que lo que seguía no sería una propuesta convencional. La banda no solo debutaba, sino que lo hacía con la soltura y confianza de quien sabe que tiene cosas importantes y de peso para ofrecer.
Una propuesta sonora que rompe moldes
La banda no se limitó a un género. A lo largo del show, El Jere y los Nadie fusionaron hip hop con elementos de rapcore, metal y funk, generando una dinámica poderosa que invitaba a moverse y, a su vez, a la concentración, ya que sus letras descriptivas y disruptivas obligan a seguir la línea de una narrativa directa y poderosa. Las canciones hablan de la familia, la crianza, los amigos que están y los que ya no, y el querido barrio de Santa Catalina, lugar de crianza de su vocalista. Las bases rítmicas, contundentes y pegajosas, se entrelazaban con riffs de guitarra intensos y líneas de bajo que alternaban groove y agresividad. Una mezcla diversa y atrevida, una apuesta por romper moldes.
El disco de El Jere y los Nadie, titulado El Comienzo, ya está disponible en todas las plataformas y muestra una clara influencia de bandas como Linkin Park y Rage Against the Machine entre otras hierbas
El repertorio de esta histórica noche de debut de El Jere y los Nadie fue el siguiente:
- Pa’ que sepan cómo soy
- No es + de lo mismo
- Cretino
- Sin miedo
- Malas costumbres
- Drama
- Fantoche
- Sta. Catalina
- A corazón abierto
- Fenomenal
- Sinergia
Uno de los momentos más destacados fue “Fantoche”. Al terminar la canción, El Jere presentó formalmente a sus compañeros como “Nadie 1, Nadie 2 y Nadie 3”, reforzando la idea de que lo importante no era quién estaba tocando, sino el mensaje colectivo que encarnaban. Las caretas negras que cubrían sus rostros no escondían a nadie, sino que representaban a cualquiera.
Del anonimato a la identidad
Sin embargo, el cierre del recital trajo una sorpresa. Tras finalizar el último tema, Sinergia, los músicos se quitaron las caretas, revelando sus identidades. En la guitarra estaba Pablo Soiza, líder de Dr. Rocka y parte fundamental del proyecto en la composición musical entre otras cosas; en la batería; Tote Fernández, baterista de Dr. Rocka y otros proyectos que andan girando en el circuito; y en el bajo, Mauro Ávila, líder de la efervescente banda Voogy.
La revelación desató los aplausos del público, uniendo aún más la propuesta artística con la escena local del rock. Este desenmascaramiento fue más que una anécdota: reafirmó la idea de que, en el arte, incluso quienes ya tienen trayectoria pueden elegir ser “nadie” por un momento, experimentando desde otra perspectiva.
Una voz que no espera permiso
El paralelismo con las elecciones nacionales, a celebrarse el domingo, es inevitable. En la democracia, los ciudadanos intentan cada cinco años que los olvidados se hagan escuchar, aunque sea por un instante. En el TAZU Bar, en cambio, El Jere y los Nadie demostraron que los “nadies” no esperan turnos ni permisos: ya estaban hablando, con una fuerza que trasciende géneros y estilos.
La combinación de hip hop, metal, rapcore y funk no fue solo una apuesta estética, sino una forma de transmitir que las categorías importan poco cuando lo que se quiere es conectar y expresar. En un contexto político donde la esperanza radica en ser escuchado, el recital ofreció una alternativa: en el arte, las voces que se hacen escuchar, sin intermediarios ni plazos.
El debut de “El Jere y los Nadie” dejó claro que esta banda tiene mucho para decir. Anoche, las máscaras y las canciones invitaron a todos a preguntarse qué significa ser alguien en un mundo que tantas veces olvida a los “nadies”. Mientras el país se prepara para elegir a sus representantes, El Jere y los Nadie ya eligieron: no ser nadie, y serlo todo al mismo tiempo.
Sinergia
Pa’ que sepan cómo soy,
no es + de lo mismo este viaje.
Soy cretino a veces,pero sin miedo sigo,
desafiando las malas costumbres
como si fuera un drama anunciado.
Soy un fantoche, dicen,
pero en las noches de Sta. Catalina
abro el alma a corazón abierto,
y lo fenomenal ocurre:
sinergia, entre los nadies que somos
y los alguien que nunca seremos.
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