
El martes 3 de setiembre 2024 se presentó en La Trastienda Mala Rodríguez. La española nacida en Jerez de la Frontera actuó en nuestra ciudad en el marco de su gira Un mundo raro tour, que desde el 24 de agosto la ha llevado por su país, pero también por Brasil, Argentina, Chile, Panamá, Colombia para volver a España y dar el cierre el 10 de octubre en Alicante.
María Mala Rodríguez desde sus inicios en 1998 combina el rap con el flamenco, con el hip hop y ha incorporado a su repertorio algunos ritmos latinos.
Montevideo aún estaba frío esa noche, una gruesa campera de abrigo cubría el cuerpo de la cantante en las primeras canciones, pero no impedía vislumbrar el atuendo sexi elegido para la ocasión, ella es linda, lo sabe y desde ese lugar provoca y desafía. Su belleza y su poder de seducción es también parte de su grifa artística.
Suenan las pistas, un cuidado juego de luces la envuelve y el recital comienza con «Brava», la segunda canción de su último disco, el que da nombre a la gira. Desde el comienzo Rodríguez marca el terreno, con esta canción que convoca a la independencia, a la autosuficiencia, con su estribillo que repite como un mantra enérgico: no te pido que me salves.
Hay un viraje hacia el lado del reguetón y los sonidos latinos que incluso se perciben en el primer saludo de la noche, al finalizar la canción y con la siguiente pista apurándola, solo pudo decir ¿Cómo está mi gente? y el comienzo de «Rompiendo» se le vino encima. Cuando vuelve a hablar con el público y comenta que es lindo volver a estar en Montevideo, donde hacía muchos años que no venía, la pista de la siguiente canción vuelve a pisarla. Supongo que Mala viaja liviana en esta gira, sola con sus pistas y un colaborador local es el encargado de dispararlas. En La Trastienda se notó que el sistema no estaba aceitado, pero lo fueron afinando a lo largo del concierto.
Las canciones se suceden como un disco, no las presenta, simplemente discurren, hasta que en un momento avisa: “Esta la sabéis” e interpreta uno de sus clásicos «Tengo un trato», la canción que abre Lujo ibérico, el disco con que Rodríguez inauguró el milenio.
Mala es rapera desde sus trece años y tal vez espejada en Pitbull sintió el deseo de compartir canto y creación con infinidad de colegas, probablemente es la artista femenina con más colaboraciones en el ambiente musical mundial, todas hechas por amor, por el placer de compartir, le es impensable cobrar por una colaboración y mucho menos pagar por una.
El recital prosigue con «Nanai», que con sus aires flamencos logra un punto fuerte de participación del público.
Mundo raro es el disco que está presentando en esta gira, raro es todo aquello que se sale de lo normal. «Las cosas se pusieron peligrosas» afirma en la canción que sigue y es que este álbum es fruto de su experiencia personal, de un momento de crisis que le sirvió para plantearse su mundo entero, lo que tiene, lo que quiere y lo que no quiere. En el encierro pandémico sintió que perdió un poco el rumbo y debió trazar un plan de huida y sentirse capaz de liberarse de algunas cosas que encontró en el camino y que ya no le placen.
El disco funciona como un mapa y cada canción se ubica en un punto geográfico determinado, entonces la canción que le da nombre y lo abre tiene su locación en un barrio de Tokio, mientras que «Brava» se desarrolla en el barrio del futbolista Sadio Mané o «Rompiendo» en un hotel super lujoso de Italia.
Mala nos agradece por venir, no somos tantos, La Trastienda está en la mitad de su capacidad, pero el público es entusiasta y transmite hacia el escenario, alguien le regala una bandera uruguaya, ella la toma, la enrolla en su brazo y se convierte en parte de su performance en la siguiente canción, ella retribuye y le entrega una botella, de esas que vienen directamente del camerino y le pide que la compartan. Una chica le entrega algo escrito, ella todo lo toma, y lo lleva a manos de alguien de su equipo que lo resguarda al costado del escenario. Más tarde pidió otra botella para volver a entregar, pero nunca llegó.
Prosigue con «Aguante», una canción proveniente de su disco Mala de 2020, una declaración de principios y actitud que afirma: «Me dice que aguante, y no me da la gana, yo vine a llevármelo todo por delante». La noche toma calor, pero desde el canto aclara «nadie va a morir, nada va a explotar».
Me siento como un voyeur a la vista, un intruso que no termina de entenderlo todo, es mi primera vez en un concierto de Mala, pero también en uno de este género, miro reacciones, estudio al público, intento entender, inevitablemente comparo con los géneros musicales que suelo visitar, tengo la libertad del que vino sin esperar nada. El recital está en su punto más alto, la gente ya está en el bolsillo de María, que arenga, baila, incita y pone el freno, el talento también se nota en estos aspectos, dirige el espectáculo de acuerdo con el guion que se ha trazado.
Es momento de «Vicio», otro feet, esta vez con Villano Antillano, estrenado en febrero, continúa con «Yo no soy un ángel» del último disco, que posee un video en conjunto con Omar Montes y «Ya nos conocemos», dos de las canciones que más me gustaron de su último trabajo, esta última posee una fuerte identidad flamenca, esa que me resulta más interesante a la hora de encontrarme con sus canciones, parafraseando aquello de que, si pintas tu aldea, pintarás el mundo.
El recital va llegando a su fin, llega «Superbalada» y «Por la noche», canción que la artista dedica a quienes andan solas por la noche.
El clima y la interacción con el público llega a su punto máximo cuando Mala invita a que la acompañen en el escenario a bailar «Contigo», algunas personas se van animando, abandonan la vista de la pantalla de sus celulares y suben a bailar. Un chico con la camiseta de España y un vaso en la mano intenta decirle algo, Mala lo elude, el joven se va al fondo con un amigo, las chicas rodean a la artista, vuelven a tomar sus celulares, filman, se toman selfies, el «español» vuelve al ataque, le ofrece un trago, pide una foto y ya como último recurso atina a indicarle: ¿Viste? Tengo la de España, mientras se toma una foto con ella e intenta darle un beso. El oficio y los años en los escenarios quedan demostrados en cómo capeó la situación, como una torera, una finta aquí, un pase de capote allá y una mirada como un estilete que se clava en el audaz, que retorna vencido al pie del escenario.
Mala avisa que se va a despedir con la última canción que se llama «Feliz», otra de las que integran el último álbum, ese con el que exorcizó algunos momentos, el que te invita a bailar, pero también a entender que la felicidad está en la paz y la tranquilidad.
El recital terminó, el público esperó unos minutos, expectante a ver si era verdad, ¿no hay bises?, las luces se encendieron, la seguridad de La Trastienda comenzó a invitarnos a retirarnos, la transición entre la fiesta y el final allí siempre es rápida, la vereda fue el lugar para aquellas personas que con paciencia esperaron a Mala para saludarla y tomarse las fotos de rigor. La noche no está tan fría, pero ni por asomo se acerca a la calidez con la que se vivió este recital.










































