Fotos, Huguito de León.
Dicen que existen noches de invierno en las que podemos reconocer una primavera en nosotros. Anoche se presentó Noelia Recalde en Sala Camacuá y no hubo frío que nos hiciera destemplar el alma. Tuve la suerte de dar con Rodri de Lunática, quien puso su granito en la organización de esta noche hermosa, como suelen hacer en esta productora, y disfrutar de un show único.
Ya en la fila anterior a las escaleras para ingresar a la sala, se veía un público alegre, y expectante de saber que nos iba a regalar esta artista además de limones. Si, limones, Noelia los trajo para compartir y antes del ingreso a la sala podías tomarlos en forma de souvenir. Ese pequeño gesto puso a quienes fuimos a escucharla en condiciones de aventurarnos a su ritmo. Participando en un destino cercano de sus personajes, los que ella creaba de nosotros al pensarnos, y los que nosotros mediante nuestras personalidades fuimos concretando en curiosos, vergonzosos, pícaros, modestos, y un montón de adjetivos más, tanto como personas habitamos en esa sala, según la interacción de cada uno con esa bolsita de tela con limones, que allí sobre la mesa ratona nos invitaba a adentrarnos en una noche con sabor a hogar (es que los limones son el gesto de cuidado más sutil que tenía mi Yaya, una forma directa de decirme estas en casa).
Una noche compartida junto a Artistas locales, que fue abierta musicalmente por Toto Yulelé con Todo el dia, Lucia Naranja, todo cae, vos qué viaje, que la comparte porque en sus palabras, una canción nace cuando uno se la canta a alguien, y ahí estábamos nosotros para presenciar ese nacimiento, Lo que aprendí y Porque se que todo cambia, canción de su último disco que presentará el próximo 7 de Agosto en la Zavala Muniz del Teatro Solís.
Luego de este pequeño temple de sala, como quien calienta la lonja de un tambor, y una mini pausa, sube finalmente al escenario Noelia Recalde, con su calidad y calidez compositiva, una luz muy tenue en su silla, voz, guitarra y Templo, interpretada por su templanza, y esa quietud que transmite paz, la que emana de su cuerpo inagotable e impostergable.
De a poco se va iluminando el escenario,y como quien se va haciendo más visible, Noelia va mostrando cada vez más de ella, sin actuaciones, con Todo el cielo y esos acordes finales al estilo Blackbird, que al igual que la siguiente canción Aunque reste tiempo, están en su disco tiempo al Sol, un álbum corto, que nos invita a hacernos un tiempo para nosotros, y reflejar o revelar hasta dónde somos capaces de llegar y hasta qué profundidad a través de la música.
Oda Ñ aparece para mostrar lo que Noelia tiene para dar, puliendo el brillo a su corazón de diamante, como decía Spinetta, “si hay un diamante, hay que hacerlo brillar” lo cual muestra lo humano, el amor y la autenticidad de Recalde en su música, que nos lleva por momentos al Carnaval de gualeguaychú, el carnaval del país, con esa celebración de la alegría total, y murga matecito, haciéndonos partícipe de su disfrute, su humor y sus letras, coreando a modo de repetición lo que nos iba proponiendo.
Seguido de este disfrute, Johanna Duarte sube para cantar a dúo Contacto Directo. En ese momento Caro, una amiga con quien me di el gusto de disfrutar y compartir esta noche tan llena de amor, me comenta si vi que Noelia “canta casi siempre con los ojos cerrados”, a lo que le respondí sin pensar mucho que si, pero lo que realmente razone es que canta para que escuchemos de ojos cerrados, así fue que disfrute este tema, y la sinergia de Jhoana y Noelia que con la dulzura de sus voces no se podía más que entregarse a disfrutar con todo el cuerpo. Se nota que Recalde es una persona que disfruta la pausa, el silencio, de hecho respira profundo luego de compartir este momento tan íntimo, y nos invita a hacer lo mismo. Debo confesar que disfrutar esta versión con olor a limón fue una experiencia completa para mis sentidos (un regalo, un presente).
La segunda invitada de la noche fue Camila Ferrari, con quien cantó Alce generando un momento mágico, con esa energía tranquila que caracteriza a ambas, desarmaron un arcoiris para teñir de colores la sala.
Momento protagonista para los limones, Noelia nos entrega todo lo que tiene para compartir, lo que da, lo que dice, está en ella, no hay nada inventado, es totalmente genuina, con su Primavera Sagrada abre sus ojos de adentro, mirando sin que alcancen los ojos abiertos.
Con confesiones como el de pensar que no había aprovechado su infancia al ver a los hermanos Ibarburu por youtube, y cuan virtuosos eran desde chicos, Noelia se da el gusto de llamar al escenario a Nicolas Ibarburu y hacer La Lontananza cancion del ultimo disco de Nicolás que a su vez está en la película La Ruptura de Marina Glezer. Suben luego Martin Ibarburu y Coby Acosta, para hacer esta vez, no canciones de amor ni desamor, sino algo más surreal, aflorando esa parte de Noelia que imagina los personajes con los limones, y en medio de un embotellamiento nos traen vendedores de churros, bocinas, y al negro Rada, o un candombito Triste, incluso un Manto para andar la vida al sol, un manto de poder, el que tiene cada cual, brillante, distinto, limpio.
De a poco fue cerrando la noche, advirtiendo no estar a favor de los bis, por la exposición de salir del escenario y volver a entrar, pero también siendo consciente de toda la energía que generó a lo largo de la misma, y el cambio que un corte puede traer. Noelia nos regala La vida que nos viene uniendo (con un final a lo Violeta Parra y un poco de Fito en sus frases), Indico, suponte y por supuesto el limón, que pasó a simbolizar el momento compartido en el que ella viaja para encontrarse con nosotros, con su amor, su templanza, su creatividad y su música, abierta, como ella.















































