En 1981, se estrenaba The Amateur, protagonizada por John Savage. En esta época el espionaje era un juego donde las armas principales eran microfilmes, grabadoras escondidas y pasaportes falsos. Más de cuatro décadas después, la nueva versión de la película, esta vez protagonizada por Rami Malek reescribe esta historia desde un presente donde las guerras son llevadas a cabo mediante tecnologías, con simplemente accionar una teclas, a través de códigos y vigilancia satelital. Pero más allá de los cambios estéticos, lo que realmente separa a ambas versiones es su forma de entender el poder que un individuo puede llegar a tener en un mundo hipertecnológico.
La nueva versión de “The Amateur“ tendrá su estreno mundial el próximo 10 de abril de 2025. Está dirigida por James Hawes (Slow Horses), con guion de Ken Nolan (Black Hawk Down) y Gary Spinelli (American Made).
La premisa de esta nueva versión mantiene el núcleo de la novela de Robert Littell: un civil, experto en códigos, pierde a su esposa en un atentado y, ante la falta de respuestas de la institución para la que trabaja decide tomar justicia por mano propia. En esta nueva adaptación, Charlie Heller (Malek) es un brillante pero introvertido decodificador de la CIA, recluido en una oficina subterránea en Langley. Su vida se desmorona cuando su esposa muere en un ataque terrorista en Londres. Al ver que sus superiores se niegan a hacer justicia, inicia un viaje de venganza que lo lleva por distintos rincones del mundo, utilizando su inteligencia y su conocimiento informático como principal arma para evadir a sus perseguidores y dar con los culpables.
En la película original, dirigida por Charles Jarrott en 1981, Heller era un matemático que debía entrenarse como espía en plena Guerra Fría. La narrativa era más física, lenta, sostenida en la tensión del cuerpo a cuerpo y el enfrentamiento ideológico. Hoy, ese cuerpo a cuerpo se ha trasladado al plano digital. El espionaje, en 2025, ya no requiere de disfraces, sino de saber cómo navegar —y manipular— las redes invisibles del poder informático. Y este es uno de los logros más notables para esta versión, la actualización contextual. Ya no se trata de una historia de espías enfrentados a la KGB, sino de un thriller global donde el enemigo es difuso y cambiante, y donde el protagonista debe enfrentarse tanto a las amenazas externas como a sus propios demonios.

Pero lo que verdaderamente redefine a “The Amateur” no es solo la tecnología, sino el perfil del amateur moderno: no el novato que aprende a disparar, sino el hombre invisible que puede hackear, rastrear, manipular y desaparecer sin dejar rastro. La figura del civil vengador se resignifica: su poder radica en su capacidad para leer el mundo como un sistema de códigos, y en ese tablero, él es el único que conoce las reglas.
La película plantea una pregunta que resuena más allá de la ficción: ¿cuánto poder tiene hoy en día una persona con las habilidades digitales adecuadas? En un mundo donde los conflictos se resuelven en servidores y no en campos de batalla, esta nueva versión de la historia se convierte en una metáfora inquietante sobre el control, la justicia y la delgada línea que separa al héroe del hacker.

En la conferencia de prensa de The Amateur, Rami Malek se mostró profundamente comprometido con el proyecto, no solo desde su rol protagónico, sino también como productor, una faceta que cada vez abraza con más convicción. Contó que gran parte del rodaje se llevó a cabo en Londres, ciudad que, según él, no solo ofrece equipos técnicos de primer nivel, sino también una estética visual particular, alejada de los clichés turísticos. “No queríamos las típicas postales de Estambul o Marsella”, explicó. “Queríamos mostrar esas ciudades desde una perspectiva más cruda, más vivida, casi como si estuviéramos espiando el mundo real detrás del telón”. Esa decisión se alinea con el tono general del film: un thriller intenso, oscuro y humano, donde la geografía acompaña la transformación interna de los personajes.
En cuanto a los personajes, Rachel Brosnahan destacó la humanidad del protagonista, un criptógrafo de la CIA devastado por la pérdida de su esposa en un atentado. “Hay una oscuridad en él, sí, pero nunca pierde del todo su humanidad. Está quebrado, pero no roto del todo. Hay algo muy poderoso en eso”, explicó.
Uno de los puntos fuertes del film, según el elenco, es la química entre los actores. Laurence Fishburne y Malek ya se conocían de antes y querían trabajar juntos desde hacía tiempo. Esa confianza previa se siente en pantalla. También hubo espacio para las comparaciones con Mr. Robot, el papel que catapultó a Malek al estrellato. Él reconoció que hay similitudes en cuanto a la introspección del personaje, pero señaló una diferencia clave: “Este hombre está marcado por el amor y la pérdida. Hay una historia romántica que atraviesa todo el relato, y que le da otra dimensión”. “Todos, en algún momento, fantaseamos con hacer justicia por mano propia cuando algo nos lastima. Esta historia explora ese lugar oscuro, pero también la posibilidad de redención”.
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