Abel Carlevaro tuvo desde siempre una visión abierta sobre la música. Esa visión es propia de los genios. Aun así, tuvo que acudir a un seudónimo para editar un disco notable de cosas “folclóricas” pues hubo (y hay) una división constante entre la cultura “baja” y la “alta”. La música popular fue considerada de segunda en los ámbitos “cultos”- cuando yo estudiaba guitarra en los años 70 e iba a los conciertos, rara vez alguien ejecutaba algo del ámbito popular de aquí, quizá Piazzolla era el único que salvaba la “prueba”.
En este disco como Vicente Vallejos (Vallejos en plural, porque el maestro admiraba la obra del peruano genial), Carlevaro toca cosas de otros y cosas propias. Esta MILONGA ORIENTAL es engañosa. Tiene un aire campero evidente pero traspasado por Villa-lobos quizá, y la convierte en una obra de concierto, una guitarra pulcra hasta el límite (nada que ver con la guitarra del “campo”) y una visión nostalgiosa de aquel sonido rural. Lo cierto es que Abel amaba nuestros ritmos y géneros populares, sin hacer división con la guitarra de salas de concierto, la hegemónica y europea. Y no olvidar que fue él quien hizo grabar a Mastra su primer disco e incluso con la misma guitarra con la que interpreta esta MILONGA ORIENTAL.















































