Músicos sin música sobre un escenario. Aparece por la izquierda una figura vestida de negro, sombrero en mano, se acerca a nosotros y comienza el show. Melingo baila mientras canta, construye ruidos con los pies, con la boca, camina recorriendo el escenario de forma circular, hacia delante, hacia atrás, se tumba en el suelo, salta, grita, zapatea. Es un hombre de luces y sombras que juega entre el humo a volar. Flota sobre nosotros alzando los brazos con movimientos ligeros. Hace ballet de puntillas. Dibuja la silueta de su cuerpo y permanece inmóvil un instante en un dulce letargo. Mueve las manos como un bailador de flamenco. Agarra el clarinete y lo toca como un latido de corazón ralentizado que va consumiéndose y apagándose a medida que termina la canción.
Da besos y descorcha un champán ficticio.
Dispara al aire con una pistola que no existe. Se arranca el zapato, lo huele, lo lanza y con la media en la mano se va.
Regresa con un pie calzado y otro desnudo. Canta: “tengo una piedra en el zapato y me molesta, tengo una piedra, no me deja caminar”. Alguien se levanta entre el público, se acerca a él y le besa.
Juntos permanecen abrazados más de 15 segundos –silencio total –. Melingo se separa de él y comienza a nadar sobre el suelo del escenario. Él sujeto abrazador sigue sus pasos y se recuesta junto a él. Seguridad. Seguridad. Y todo vuelve a una loca normalidad extraña. Ya totalmente descalzo cantamos todos junto a él: “del barrio me voy, del barrio me fui”. Cruce de piernas de los músicos, cuerpos unidos mirando hacia abajo y cierre del show.
Imagen portada: DANIELMELINGO/L I N Y E R A/13AUG2015/LATRASTIENDA/
[fbalbum url=https://www.facebook.com/media/set/?set=a.908552549191659.1073742531.163210523725869&type=3]
[sam id=”21″ name=”notas y articulos” codes=”true”]

















