
El sábado pasado pudimos asistir al concierto del pernambucano más universal. Escuchar en directo a Lenine (1959, Recife) es ingresar en un estado de convulsión y de recogimiento, simultáneamente.
Su música es rítmicamente poderosa desde el vamos, sin dejar nunca de lado la delicadeza y la introspección. En RIZOMA (su espectáculo más reciente que comparte con Bruno Giorgi, su hijo músico y productor), Lenine se recuesta en el trabajo de estudio tomando lo necesario de canciones seleccionadas de su discografía, y en función de esto las revisita, apoyado por Bruno en bajo, mandolina eléctrónica, samplers y coros. Lo que en principio pareciera ser una especie de “autokaraoke”, termina convirtiéndose en una lección de arte. Aunque las bases construyen el suelo (además de otros instrumentos y voces adicionales de los arreglos originales) lo que sucede por encima es tan musical y cambiante que uno se olvida que ellos están haciendo música sobre hechos pre existentes. Esta música está “viva”; Lenine la hace nueva, re versionándose, como solo un artista mayor puede conseguir.
La fuerza de Lenine está en su universo rítmico y en la mixtura de las músicas que selecciona, desde las poderosas rítmicas nordestinas hasta el pop británico, pasando por el samba y el funk; un funk “pernambucano”. El samba en sus manos jamás nos suena a carioca; aquí hay ecos de tambores nordestinos, con su sustancia pesada, negra. La voz, con su bello registro barítono, llena el aire. Y aquí es bueno detenerse y comentar que nunca utiliza recursos efectistas y banales, Lenine solo CANTA. Y hay verdad en cada nota y verso que emite y esto, justo en este momento, es el regalo más maravilloso que un artista puede hacerle al público. Es que en ningún tramo del show hay artilugios ni demagogia (que la mayoría de los artistas pueden adoptar) porque la música va fluyendo sin pausa como un río.
RIZOMA está pensado no solo como un recorrido discográfico, sino como la oportunidad de agradecer a sus distintos “aparceros”: Dudú Falcão, Braulio Tavares o Lula Queiroga, por nombrar a algunos. Un punto aparte es la conexión padre/hijo. Nunca, ni por un segundo Lenine hizo resaltar la relación, dejando para el final la presentación del artista, y demostrando el respeto y amor (y admiración) que ambos se tienen.
Una noche inolvidable para los que tuvimos la fortuna de estar ahí. Brasil tiene un patrimonio y el mundo un tesoro que es la música de Lenine.
(RIZOMA, Lenine en Enjoy de Punta del Este, 8 de abril de 2023)

















































