La sociedad del cansancio (2010) es uno de los textos más destacados en la obra del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, quien insiste en señalar que uno de los rasgos de la cultura occidental y contemporánea es la autoexplotación: se vive bajo la dictadura de la exigencia y ante los falaces imperativos de realización personal, destacándose como virtud transgredir los límites.
En las publicidades se reconoce la valía del alto rendimiento. Dormir poco y trabajar mucho desde que despunta el alba y hasta el ocaso parece ser digno de las más aclamadas felicitaciones. Entrenar fuerte para hacer culto del cuerpo, también. En determinados sectores de la población, el esfuerzo está tan bien considerado al punto de convertirse en un ideal para el cual el ocio es generador de culpas y rechazos.
Más acá en el tiempo, la periodista científica Nora Bär destina uno de los capítulos de su libro Diez preguntas que la ciencia todavía no puede contestar (2018) a preguntarse por qué dormimos. Con explicaciones tan didácticas como sencillas y elocuentes, la autora intenta descifrar el enigma hablando de las acciones reparadoras que suceden en el organismo a partir de hormonas que se liberan en un reloj biológico que funciona como una gran maquinaria. En tal sentido, se duerme no sólo por placer sino por necesidad e instinto vital.
En el día de la fecha, el ilustrador Pablo Bernasconi apela a una expresión atribuida al artista Banksy para reflexionar acerca del descanso y advertir que la cuestión de fondo pasa por identificar el estilo de vida que decida elegir cada persona.
Así las cosas, la filosofía, la ciencia y el arte, coinciden en señalar al cansancio como una de las problemáticas más urgentes de nuestra era.
Hay un círculo vicioso del que es muy difícil pero no imposible escapar.
Al respecto, quizás sean más que oportunas las palabras de Darío Sztajnszrajber, quien citando a Leopoldo Marechal, afirma que si de los laberintos resulta imposible encontrar una salida hacia los costados, al menos quedará una última y poco explorada opción: saltarlos; esto es, eludirlos por arriba.
En una de ésas, reconciliarse con el ocio sea más simple de lo imaginado.




















