Todos saben que la guitarra es el instrumento “madre” de la música popular de este lado del mundo. Hay algunas de razones por las cuales ella se instaló y quedó como medio para hacer música y comunicarse. Su docilidad y facilidad de transporte, por ejemplo. O su precio, y por ende, su fácil acceso para la mayoría.
La guitarra está entre nosotros y si bien hay músicos que se expresan con otros instrumentos, hasta ahora al menos, la guitarra sigue teniendo un lugar de privilegio. Hablar de la guitarra de Daniel Viglietti es hablar un poco de Carlevaro. La técnica y el sonido carlevariano está en el toque vigliettiano y es más que obvio.
La limpieza de sonido y el dominio de qué nota resaltar y cuál no, el perfecto engranaje del arpegio en esta versión exquisita, el volumen y el control del sonido, quizá esto último, lo más difícil de conseguir. La guitarra de Viglietti es distinta a la de todos los cantautores porque se desprende del costado de la guitarra culta y toma elementos que los guitarristas populares no transitan. Sin embargo, este Viglietti consiguió desarrollar su sonido y estética en ámbitos populares que desconocen o al menos sienten lejano el mundo más académico y de “concierto”. Ese fue el más grande logro quizá (más allá de su notable capacidad como compositor y cantor) de su arte.















































