El Festival Internacional de Cortometrajes de São Paulo celebra una nueva edición con producciones de los cinco continentes, una fuerte presencia latinoamericana y una programación que vuelve a demostrar que el corto está lejos de ser un género menor. Este año, además, inaugura el Premio Zita Carvalhosa, creado en homenaje a su fundadora. Uruguay también está presente con tres coproducciones en distintas secciones del festival.

Durante once días, São Paulo vuelve a convertirse en uno de los grandes puntos de encuentro del cortometraje internacional. Del 20 al 30 de agosto, Kinoforum – Festival Internacional de Cortometrajes de São Paulo celebra su 37ª edición con proyecciones, encuentros, debates y actividades de formación distribuidas por distintos espacios de la ciudad.
La Cinemateca Brasileira, CineSesc, el Museu da Imagem e do Som (MIS), el Centro Cultural São Paulo, Cinusp y el Espaço Petrobras de Cinema son algunas de sus sedes. La modalidad es híbrida y todas las actividades, tanto presenciales como virtuales, son de acceso gratuito.
Un festival que nació para darle una pantalla al cortometraje
El festival nació en 1990, cuando el panorama de exhibición y circulación de cortometrajes era muy diferente al actual. Aquella primera edición reunió algo más de 80 películas de trece países y se presentó como el primer evento de este tipo realizado en Brasil.
Ya entonces el objetivo estaba claro: promover el intercambio entre la producción brasileña y la internacional, abrir canales de exhibición y distribución y, sobre todo, defender al cortometraje como un lenguaje cinematográfico con identidad propia. No como el ensayo que un director realiza antes de llegar al largometraje, sino como una forma de hacer cine en sí misma.
Treinta y siete ediciones después, aquella idea inicial adquirió una dimensión difícil de imaginar en 1990.
Este año se recibieron 845 cortometrajes brasileños, de los cuales fueron seleccionados 102 provenientes de 25 estados y del Distrito Federal. Para la selección internacional llegaron 2.208 películas de más de cien países, además de otras 276 producciones latinoamericanas. La selección internacional reúne finalmente 109 trabajos de 55 países de los cinco continentes, mientras que el conjunto de la programación ronda los 260 títulos.
Los números impresionan, pero también explican algo de la relevancia que Kinoforum ha adquirido dentro del circuito: durante más de tres décadas construyó un espacio donde películas que difícilmente encontrarían lugar en las carteleras comerciales pueden encontrarse con espectadores, programadores, críticos y otros realizadores.
Y en el caso del cortometraje eso no es un detalle menor. Es probablemente uno de los formatos donde más se experimenta, donde aparecen nuevas voces y donde muchas veces se anticipan búsquedas narrativas y estéticas que después terminamos encontrando en otras zonas del cine.
La propia edición 2026 parece querer subrayarlo. El lema elegido por el festival habla de seguir adelante y abrir caminos, en una edición que marca también una reestructuración interna y el comienzo de una nueva etapa luego de casi cuatro décadas de historia.
Mucho más que una sucesión de cortos
Una de las cosas más interesantes de Kinoforum es justamente que no funciona como una enorme lista de películas proyectadas una detrás de otra.
La programación establece diálogos.
La tradicional Mostra Internacional, por ejemplo, reúne este año 57 cortometrajes de 38 países y los organiza bajo una idea bastante lúdica: una comida. Hay aperitivo, entrada, plato principal, guarnición, vino, postre, café e incluso, inevitablemente, llega la cuenta. Cada bloque agrupa películas de diferentes procedencias que, al encontrarse dentro de un mismo programa, empiezan también a conversar entre sí.
La Mostra Latino-Americana, por su parte, vuelve la mirada hacia nuestro continente y encuentra este año en el cuerpo uno de sus grandes ejes: cuerpos atravesados por la memoria, la identidad, la violencia, el deseo, la maternidad, la pertenencia y las transformaciones individuales y colectivas.
A ellas se suman los Programas Brasileños, la Mostra Limite, dedicada a propuestas que exploran otros límites del lenguaje cinematográfico, la programación Infantojuvenil y una importante cantidad de muestras especiales.
Kinoforum tampoco termina cuando se encienden las luces de la sala. Las actividades paralelas incluyen debates, encuentros profesionales y Curta & Mercado, además de los Kinoforum Labs, con instancias destinadas al desarrollo de proyectos, montaje y formación profesional.
Esa combinación entre exhibición, formación e intercambio ayuda a explicar su permanencia. Un festival puede mostrar películas durante diez días; construir durante décadas una comunidad alrededor de ellas es otra cosa.
Zita Carvalhosa y un legado que sigue en movimiento
Hay, además, una dimensión inevitablemente emocional atravesando esta edición.
Hablar de Kinoforum es hablar de Zita Carvalhosa.
Productora, gestora cultural y una de las principales defensoras del cortometraje en Brasil, Zita fue la creadora e impulsora del festival. Durante más de cuatro décadas trabajó en favor del cine independiente, la formación de nuevos realizadores y la creación de espacios de circulación para películas que estaban fuera de los grandes circuitos.
También fue directora de la productora Superfilmes, una de las fundadoras del Fórum dos Festivais y una activa defensora de las políticas públicas destinadas a fortalecer la producción audiovisual brasileña. El Ministerio de Cultura de Brasil la definió, tras su muerte en julio de 2025, como una de las figuras fundamentales en la valorización del cortometraje en el país.

Su relación con Kinoforum fue mucho más profunda que la de una directora con el festival que dirige: Zita construyó buena parte de su identidad.
Cuando falleció, pocas semanas antes de la edición 2025, el festival decidió seguir adelante y convirtió aquella edición en un homenaje a su trayectoria. Hubo una muestra dedicada a películas que había producido y un compromiso explícito de continuar su trabajo.
Este año, ese homenaje da un paso más.
Porque recordar a alguien está muy bien, pero convertir ese recuerdo en una oportunidad concreta para quienes siguen haciendo cine probablemente sea una manera todavía más coherente de mantener vivo su legado.
El primer Premio Zita Carvalhosa
La edición 2026 inaugura el Premio Zita Carvalhosa, que distinguirá a una producción brasileña inédita en el país entre las seleccionadas en las distintas secciones del festival.
La película elegida recibirá 20.000 reales, aportados por la Associação Cultural Kinoforum.
En una industria donde conseguir recursos para realizar una película —y todavía más para realizar un cortometraje— puede convertirse en una carrera de obstáculos, el homenaje no queda reducido a un trofeo o a una ceremonia. Hay también un estímulo concreto para continuar creando.
De alguna manera, el premio prolonga la misma lógica que acompañó el trabajo de Zita durante décadas: abrir puertas para que nuevas películas puedan existir.
Tengo además la enorme alegría y responsabilidad de integrar el primer jurado del Premio Zita Carvalhosa, junto a las brasileñas Lilian Solá Santiago y Deborah Osborn.
Lilian Solá Santiago es cineasta, investigadora y educadora, doctora en Medios y Procesos Audiovisuales por la ECA-USP. Fue la única mujer integrante de Dogma Feijoada, colectivo pionero del cine negro brasileño, y es creadora de la Casa da Memória Negra de Salto.
Deborah Osborn es productora audiovisual, fundadora de bigBonsai y actualmente realiza una maestría en Cine en Goldsmiths, University of London. Integra además el comité brasileño de los Oscar 2027.
Desde Uruguay completo este jurado como periodista y crítica cinematográfica.
Tres recorridos y tres miradas bastante diferentes para elegir una película que tendrá, además de su valor cinematográfico, una pequeña responsabilidad histórica: será la primera ganadora de un premio que comienza este año a construir su propia trayectoria.

Uruguay también está en Kinoforum
La presencia uruguaya en esta edición no se limita al jurado.
Tres cortometrajes realizados en coproducción con Uruguay forman parte de la programación, y lo interesante es que no están concentrados en una única sección ni responden a un mismo tipo de cine.
Dentro de la Mostra Latino-Americana se presenta Los ciclos, de la uruguaya Micaela Solé, una coproducción entre Uruguay y Argentina de 16 minutos.
La película recorre la vida de María desde su primera hasta su última menstruación y, a través de esa experiencia, se acerca también a las generaciones de mujeres que la precedieron y la sucedieron. El cuerpo vuelve así a convertirse en memoria, transformación y experiencia compartida, en perfecta sintonía con uno de los grandes ejes de la muestra latinoamericana de este año. Integra el programa Latinos 4 – Baile Abismal.
También dentro de la muestra latinoamericana aparece Todos los nombres empiezan con M, de Carla Scolari, coproducción entre Argentina y Uruguay.
Su protagonista es Maya, una mujer trans de 40 años que regresa a su pueblo natal para reencontrarse con su madre enferma. Mientras los habitantes buscan una imagen desaparecida de la Virgen, ese regreso abre un espacio íntimo entre madre e hija donde se cruzan identidad, memoria, fe y reconocimiento. La película tuvo su estreno mundial en el Festival REGARD y continuó después su recorrido por distintos festivales.
La tercera presencia uruguaya aparece fuera de la muestra latinoamericana y en un registro completamente diferente.
Lodo, de Joseph Specker Nys, es una coproducción entre Brasil y Uruguay realizada en animación y seleccionada para Nocturnu – Cine Fantástico e de Horror, uno de los tradicionales programas especiales de Kinoforum.
En una ciudad consumida por incendios permanentes, una ceramista atravesada por una crisis creativa se encierra en un apartamento en ruinas mientras sus esculturas comienzan a materializar un mundo interior en descomposición. El corto dura 15 minutos y utiliza el fantástico para hacer convivir realidad y simbolismo.

Uruguay aparece además entre los socios internacionales de esta edición a través de ACAU y Ventana Sur, reforzando también los vínculos institucionales entre ambas cinematografías.
Las muestras especiales: otras formas de entrar al festival
Si algo puede suceder fácilmente frente a una programación de esta dimensión es no saber por dónde empezar.
Para eso están también los Programas Especiales, que funcionan casi como pequeñas muestras dentro del propio festival.
Entre ellos aparece Sol Eterno e Brando, cuyo título toma un verso de Cecília Meireles y reúne películas que observan el envejecimiento desde una perspectiva de acogida y sensibilidad, alejándose de una mirada reducida únicamente al deterioro.
También se presentan dos programas reunidos bajo Expressões da Masculinidade, que exploran diferentes construcciones de lo masculino, mientras Nocturnu vuelve con su tradicional selección vinculada al fantástico y al terror, este año con el cuerpo humano como uno de sus motivos centrales.
La programación especial expande además el diálogo hacia otros festivales y cinematografías.
Carta Branca ao BAFICI acerca una mirada desde el festival argentino; Animadoras Portuguesas, com Certeza continúa la serie que Kinoforum viene dedicando al trabajo de mujeres dentro del cine de animación; y Comédia Espanhola: Humor en Corto celebra los 25 años del festival español dedicado específicamente al humor.
También hay un programa dedicado al cineasta haitiano Samuel Suffren, cuya trilogía trabaja sobre familia, migración y pertenencia, y Diálogos Urbanos: São Paulo x Recife, que propone pensar cómo dos ciudades construyen su propio imaginario cinematográfico.
Finalmente, el festival celebra los 25 años de las Oficinas Kinoforum, un proyecto que ha acercado durante un cuarto de siglo el audiovisual a niños y jóvenes a través de escuelas y proyectos sociales.
Es justamente en estas zonas de la programación donde un festival empieza a revelar algo más que una selección de buenas películas: aparece una idea de cine, de público y también de qué conversaciones quiere poner en circulación.
El corto como cine, sin pedir permiso
Durante mucho tiempo el cortometraje cargó con cierta idea de transitoriedad, como si fuera un formato de aprendizaje, una tarjeta de presentación o simplemente el escalón que había que subir antes de realizar una “película de verdad”.
Festivales como Kinoforum ayudan a desmontar esa mirada.
Porque basta recorrer su programación para comprobar que la duración no determina la complejidad de una obra. En pocos minutos pueden caber universos completos, experimentos formales, historias íntimas, animación, documental, terror, comedia, memoria política o simplemente una idea imposible de contar de otra manera.
Y quizás esa sea una de las razones por las que Kinoforum continúa siendo relevante después de 37 ediciones.
No solamente porque reúne películas de decenas de países.
No solamente porque durante diez días convierte a São Paulo en uno de los centros del cortometraje mundial.
Sino porque continúa defendiendo algo que estaba presente ya en aquella primera edición de 1990: que el corto no necesita justificarse como paso previo hacia ninguna otra cosa.
Es cine.
Y necesita pantallas.
Kinoforum lleva casi cuatro décadas ofreciéndoselas.
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