
Ícaro, un espectáculo teatral unipersonal escrito, dirigido e interpretado por Daniele Finzi Pasca y producido por la Compañía Finzi Pasca se presenta en Montevideo, a 35 años de su estreno, en el marco de una gira internacional aniversario que recorrerá los países y ciudades en las que se presentó la obra a lo largo de estos años.
Desde su estreno en Milán en 1991, la obra ha realizado más de 800 presentaciones en 25 países. Regresa ahora a Uruguay, luego de varias temporadas, para presentarse en la sala principal del Teatro Solís los días 13, 14 y 15 de marzo de 2026.
Para conversar sobre la obra entrevistamos a Daniele Finzi Pasca, dramaturgo, director, clown y gestor cultural, fundador del Teatro Sunil y co-fundador de la Compañía Finzi Pasca [1].
Luego de varios años desde su última presentación en Uruguay, es una inmensa alegría poder asistir al regreso de Icaro. Para quienes aún no tuvieron oportunidad de verla en temporadas anteriores, nos gustaría que nos pudieras compartir una breve reseña de la obra.
El argumento es sencillo: se trata de dos personas que se encuentran por primera vez en un cuarto de hospital y pasan juntos una noche. Una noche que se vuelve catártica para quien, por primera vez, pasa una noche en ese hospital. El otro es un compañero, un actor, que cuenta historias que, a lo largo de la obra, se descubre, despacito, que hace muchos años que está ahí adentro.
La obra es la historia de este encuentro y de las ganas y la enseñanza de resistir y de intentar, sin nunca fallar, de escaparse de ese lugar.
El nombre de la obra nos lleva al mito griego de Ícaro y la imagen del laberinto y al deseo de escapar y volar. ¿Existe una intención en la obra de reflexionar sobre estos temas a partir de este mito?
El mito de Icaro está presente en la obra, pero por detrás, y discutiéndolo totalmente. El mito habla de Dédalo, padre de Icaro, un inventor de cosas extrañas, y un laberinto en el cual un día se van a encontrar el padre y el hijo, Dédalo e Ícaro. El padre inventa alas para volar pegando plumas con cera. Y le dice a su hijo de no volar demasiado cerca del sol porque se le van a derretir y caer. El mito enseña esta idea: ten sueños, escápate y vuela, pero con medida; nos dice no volar demasiado alto.
En este espectáculo, la trama propone una rediscusión de este mito. Nos dice que en verdad Dédalo, nunca vio caer a su hijo. Simplemente vio plumas en el agua, en el mar Egeo, y dedujo que su hijo se había caído al mar.
En verdad, nadie nos puede decir de no volar alto. No hay límites; uno no tiene que ponerse límites.
La obra, el origen de este espectáculo, toma elementos del mito, pero los rediscute totalmente. Podría ser que Ícaro simplemente dejara caer algunas plumas y se fuera de ese padre con toda su carga de enseñanza y de tensión.
Esta es la reflexión que deja traslucir la obra. Si uno conoce el mito de Icaro verá que está ahí adentro. La obra toma este mito, pero lo rediscute en su base moral, exactamente diciendo que nadie lo vio caer y entonces, puede ser que simplemente se escapó y voló verdaderamente alto.

La obra está cargada de imágenes y simbolismos que nos remiten a reflexiones profundamente humanas: el laberinto, la idea de escapar, las utopías, la libertad, la esperanza y la amistad.
Sí, todo eso está presente. Pero un público que aún no conoce este espectáculo tiene que tener en cuenta que es un clown quien cuenta todo esto. Y los clowns tenemos una filosofía de una cierta forma muy naíf. Y entonces, también estos contextos filosóficos son hechos para y contados por figuras con un grado de simplicidad muy grande. Y, entonces, no resuenan tan, como decir, redondos y ajustados. La filosofía de un clown está siempre hecha de una claudicante forma de ponerse enfrente de las grandes cuestiones.
Con respecto a la propuesta poética y estética de la obra, en tus obras está muy presente una estética visual y sonora muy rica en imágenes y la impronta del “Teatro de la caricia” [2] y el gesto sútil. ¿A partir de qué recursos se construye Icaro?
En el restaurante que manejamos hay platos muchas veces muy construidos, muy llenos de sabores exóticos, extraños; preparaciones que, desde el punto de vista culinario, son complejas. Ícaro sigue siendo un espectáculo muy elemental, porque es una comida muy sencilla y muy antigua esta que mueve que nos hace recordar los platillos que hacía la abuela. Entonces, respondiéndote así, te digo justamente, sí es verdad, la compañía y yo dirijo también proyectos grandes como ceremonias olímpicas u otras obras de teatro donde la ilusión, donde la sorpresa, donde los efectos, donde la tecnología está muy presente, como ciertos platos, en los cuales uno crea una arquitectura compleja. En el caso de Ícaro, es regresar verdaderamente a la cocina de la abuela, y es un plato muy antiguo, sencillo y hecho, en la sustancia, con mucho cariño y amor.
¿Por qué consideras que es una obra que vale la pena ver?
Es muy difícil decir el porqué. Seguramente representa un teatro con una tradición de una compañía de más de 40 años, involucrada también con creadores de Uruguay, como Hugo Gargiulo, Chiqui Barbé y Facundo Ponce de León, que estuvieron en parte de esta aventura. Es ver una forma de concebir un teatro que puede ser al mismo tiempo sumamente nostálgico y sumamente cretino y cómico, como podemos ser nosotros.
Es una obra que en esta gira va a tocar muchas de las ciudades donde Icaro permaneció por largo tiempo. Voy a estar en Montreal, en Estados Unidos, Italia, Francia y otros países en esta gira de un año para festejar los 35 años de la creación de esta obra.
Para mí, además es algo que retomo cada dos, tres meses, porque es un buen entrenamiento para mí como director, escritor y dramaturgo. Es regresar al escenario para recordarme cuáles son los miedos de un actor, cuáles son las tensiones que un actor vive antes de subir al escenario. Así me permite ser un poco más dedicado cuando dirijo y aconsejo cosas a mis actores.
¿Tenés previsto presentar en Uruguay otra obra de la Compañía?
Espero que sí. El post-COVID hizo que las giras internacionales sean más complicadas. Ahora nosotros estamos empezando a viajar fuera de Europa con “Titizé. Un sueño veneciano”, una co-producción con el Teatro Goldoni de Venecia, una reconstrucción de los códigos de la comedia del arte, un espectáculo sumamente acrobático.
Esperamos pronto regresar también con ese tipo de espectáculos visuales, con un gran número de artistas en escena.
Muchas gracias por concedernos este espacio para acercarnos a tu obra y felicitaciones por estos 35 años en el escenario con esta obra maravillosa que continúa emocionándonos.
Notas:
[1] El “Teatro de la caricia” es una poética escénica y un método de creación desarrollado por Daniele Finzi Pasca, caracterizado por la humanidad y la conexión emocional, que busca conmover más que hacer reír, utilizando el clown y la danza.
[2] La Compañía Finzi Pasca fue fundada en 2011 por Daniele Finzi Pasca junto a Antonio Vergamini, Hugo Gargiulo, Julie Hamelin y Maria Bonzanigo, unificando la historia del Teatro Sunil con la de Inlevitas. Con sede en Lugano (Suiza), la Compañia Finzi Pasca se encuentra entre las principales compañías artísticas independientes del mundo.
Creación e interpretación: Daniele Finzi Pasca
Música: Maria Bonzanigo
Producción: Compañia Finzi Pasca
Trailer: https://finzipasca.com/en/creations/icaro/
https://finzipasca.com/en/compagnia/about-us/
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