
Diego Presa y Juan Pablo Fernández y los Techistas del Apocalipsis.
Sala Hugo Balzo, 20 de marzo 2026
Escena 1: Diego Presa
Diego entró al escenario empuñando su Fender Squier blanca de 1979, su primera guitarra, la que lo acompaña desde hace 32 años.
Sin mediar palabra comenzó a cantar, acordes y voces nuevas para un par de canciones que están siendo grabadas en el estudio de Juan Ravioli en Buenos Aires. La noche de estrenos empezó con “Nimes” y prosiguió con “Santos lugares”. Tras ellas Diego se presentó, nos dio la bienvenida y encaró una de esas canciones que ya se van convirtiendo en un clásico: “Todos los besos perdidos”. En este recital no pesa el pasado, pero tampoco el futuro, está ahí, a la vuelta de la esquina, aprontándose para el 8 de octubre cuando en este mismo lugar presente su nuevo disco. Mientras tanto, algunas de sus canciones siguen diciendo presente, mostrándose, amigándose con nuestros oídos. La Fender responde, arma un colchón de sonido amplio, una carretera sonora por la que la voz de Diego transita cómoda, a veces dialogando y otras en franca espera. La siguiente canción ingresó de vestido blanco y largo, “Venime a buscar” es otro clásico que cumplió los 15 años y que logró gran visibilidad como uno de los cortes de difusión del primer disco de El Astillero. Fue momento de otro estreno “Al filo de la medianoche”, el titulo parece salido de una de esas películas de trasnoche de canal 4, aunque la canción ancle en ámbito más cercano de su autor, cerquita del mueble de la tele.
Lo bueno de tocar canciones nuevas es que uno se equivoca y parece un gesto vanguardista, afirma Diego, consciente de que es el único que reconoce el error. Pero con los 50 cumplidos, uno tiene derecho a decir que se equivocó, agrega.
El recital continuó con “Melodía simple”, la canción incluida en Visitante, el disco que Diego grabó en 2021 con la guitarra de su abuelo a la que se sumó la de Kubero Díaz.
La Fender se vistió de mandolina para interpretar la canción homónima. “Mandolina (a las 4 de la mañana)”, canción kafkiana si las hay, forma parte de Diego Presa, su primer disco solista, del 2012.
El espíritu de Alfredo Zitarrosa se hizo presente a través de la versión de “La canción quiere”, la guitarra va soltando paulatinamente la fuerza que contiene para explotar al final, la canción se cierra como un puño en su letra y se abre como una flor en la interpretación. La canción siempre porfía, Diego también.
El primero de los cierres, el que anticipa a los bises, fue con “Para siempre” la mejor de las plegarias paganas. Tras media hora de recital comenzó el pase, un chasque fue a buscar a Juan Pablo y mientras llegaba, Diego nos ofreció otra canción nueva, “El espacio”.
El pase se concretó, previamente Diego afirmó que era un gustazo cantar esta canción con él, como un eco, Juan Pablo afirmó lo mismo y empezó el diálogo de guitarras con que empieza “Miguita de Pan” la que da nombre al disco de la Pequeña Orquesta Reincidentes del 2003, el proyecto con el que muchos conocimos a Juan Pablo. Su Rickenbacker roja se amiga, se ensambla con la Fender blanca para armar una atmósfera cargada, envolvente, casi mántrica, que anticipa a la canción.
Escena 2: Juan Pablo Fernández y los Techistas del Apocalipsis
Tras la canción compartida con Diego, Juan Pablo dedicó unos instantes para agradecer a todas las personas involucradas con su presentación en Montevideo.
El show está dedicado a los compañeros que no pudieron pasar por la aduana, Mateo Baudino y Pipa Dellamea guitarrista y bajista de la banda que se estrenó en Humbold en mayo del 2024. Los techistas vinieron Montevideo a mostrar las canciones de “Hay ruidos arriba” el álbum que está disponible en Spotify desde agosto del año pasado y que reúne un puñado de canciones nuevas, con algunas de los proyectos anteriores de Juan Pablo y otras de este lado del Plata, una de La Hermana Menor, un poema de Idea Vilariño hecho canción y la vuelta al otro lado del Plata para versionar “Remolinos” de Soda Stereo.
Juan Pablo subió al escenario acompañado de Pablo Olivera en percusión y Topo Vergara en bajo, guitarra y voces. Una ayudita de los amigos de Buceo Invisible permitió que hubiera instrumentos en el escenario. La idea, propuso, es traducir las canciones del formato de cinco al de tres.
El show inició con “A la encandilada”, ustedes pescan así, a veces uno es el pescador y otras el pez afirmó antes de que Pablo, parado detrás de sus tambores, iniciara la canción.
Continuaron con “El pan del facho”, la canción que cierra el disco y que en el set list se resume simplemente como “Facho”. Continuaron con “Sticks & Stones” e “Indeleble” el tambor marca el pulso, un latido inunda la sala, los pies no se resisten, marcan el ritmo en el suelo de la sala.
“Hace siete años Ernesto Tabárez nos invitó a Bluzz”, recuerda Juan Pablo, “y yo quería aportar algo, como si fuera un asado, yo quería llevar algo preparado con mis propias manos, no sé, un tiramisú. Entonces se me ocurrió pedirles a dos poetas importantes de argentina que son Claudia Prado y Paula Jiménez España que me sugirieran poemas de Idea Vilariño que a ellas les gustaran y que yo pudiera musicalizar. Me mandaron algunos y coincidieron en dos, “Ya no” y “Maldito sea el día” que se me ocurrió musicalizarlo porque es uno de los pocos de sus poemas que tiene final feliz. Con eso dos versos esperanzadores se me ocurrió armar un estribillo. No tocamos una coma, simplemente repetimos el estribillo”.
Tras el poema de Idea, subió al escenario Ernesto Tabárez para interpretar “La mitad”, el quinto track de Hay ruidos arriba. Prosiguieron sin decir nada con “En remolinos” y continuaron con “Cruceros” el segundo postre, otro homenaje, el beso apunta al cielo, dirigido a Tüssi De Mateis. La canción llega desde Todas las películas son de terror, el último álbum de La Hermana Menor, editado por Bizarro en 2013.
Prosiguieron con “El camión”, Robert se queda con la luna, mientras el recital se traslada al inicio del disco con “En los bordes”. Cabalgando la línea del bajo, arribó Acorazado Potemkin a la sala, de la mano de “Flying Saucers” del maravilloso Labios de río, el penúltimo disco del power trío. La canción se enganchó con “Peluca”, el final se aproximaba. Juan Pablo llamó a Diego Presa, esperando que no haya quedado retenido en alguna aduana, mientras aguardaba volvió a presentar a la banda, a quienes estaban y a quienes faltaron, fue momento de “Los muertos”, esos que según Juan Pablo tienen algo que todos podemos envidiar. Los aplausos, los silbidos y el pedido de otra se mezclan, voy a hacer una canción y alguien desde el público le pide, le impone una, se trata de Tabárez, Juan Pablo retruca y lo invita a volver al escenario. “No me la acuerdo, pero con tal de escucharla voy”, afirma Tabárez.
El cierre final quedó a cargo de Juan Pablo y su Rickenbaker roja con “Tesoro”, la última distorsión anticipa el chau, Juan Pablo abogó por los que no están, por los 30 mil y se retiró del escenario bajo los aplausos de un público que no colmó la sala, pero que se mantuvo entusiasta y atento durante ambos recitales. Un espectáculo cálido, cercano, que encontró en la sala Hugo Balzo uno de sus lugares naturales,
Pueden encontrarse con Hay ruidos arriba en todas las plataformas, un disco exquisito y escucharlo mientras planifican la vuelta a la Balzo, el 8 de octubre, el día de la paz, para encontrase con las nuevas canciones de Diego Presa, la invitación queda hecha.













































