
El jueves pasado, se vivió en Montevideo un dos de Noviembre anticipado. La mexicana Silvana Estrada nos regaló una noche cargada de cultura y emociones.
A manera de recibimiento, y para un público que atentamente va ocupando su lugar, se presenta el dúo 1071 con Matias Craciun en violín y Abril Farolini en bandoneón, quienes generaron una atmósfera de escucha y tranquilidad pocas veces vista en aristas que abren shows.
Sube el telón, y Silvana comienza a cantar Brindo, haciendo brisa de la alegría de volver a los amigos (y a Montevideo), como quien agradece mediante el brindis. Luego Dime, para adentrarnos en sus melodías, cargadas de querer, olvido, y desolación. Nos lleva al norte acompañada, aunque a veces resulte un problema quedarse o irse. Nos adelanta que a pesar de cantarle a la tristeza, e intentar que se aleje, y no cambie su verdad, la noche va a tener mucho de ella, invitándonos a espantarla coreando su melodía.
Con una percusión casi que ancestral nos regala un dia cualquiera el cual tiene un acompañamiento de la banda en coros guturales, para luego contextualizarse en una cantina, esperando a quien no llega para cantarnos Good Love, Good Night. Sin dudas, una artista que conecta con el dolor y las penas naturalmente. También con el drama, contándonos que a veces se sintió perdida (cuando hizo su último disco Vendrán suaves Lluvias por ejemplo) y que ahí mismo está la diversión.
Una artista que canta donde crecen flores y pide ser cubierta por ellas en su muerte. Que le canta como un pájaro a sus hermanas. Que prende velitas en un mar de dudas. Que da tregua a la pena como un rayo de luz volviendo el dolor colectivo e imaginando a sus muertos visitando como fantasmas.
Admirando a artistas nacionales, como Idea Vilariño, y Eduardo Mateo, nos cuenta cómo llegó a ellos, nos recomienda la poesía de Jose Carlos Becerra antes de cantar Te guardo, y nos regala su versión de Quien te viera con una interpretación y sensibilidad única.
Silvana es una artista que sostiene que sonreír es un remedio de valientes, el canto para quienes quieren de verdad, y el llanto para quienes no saben amar, sabe de milagros y desastres.
Como cierre, nos hace cantar el alma mia a capela, con el mismo sentir y cariño con el que nos regaló cada canción e historia.
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