
Si había un entorno ideal para recibir al primer festival de la canción rochense – una curiosa ocurrencia de los incansables Supersónicos – es el espacio natural cargado de diversas y variadas plantas, cactus y hierbas aromáticas de todo tipo de tamaños y formas al sumergirte por el pasillo de entrada que conduce al corazón de la Sociedad Urbana Villa Dolores. En una noche bien fría anticipando el invierno, llegar a este singular lugar que mezcla ese rústico ambiente de balneario en el centro de la ciudad te coloca en otra situación. La estufa a leña con el anaranjado vivo de las brasas le ponen la calidez que se necesita antes de que comience a desplegarse el menú de la música.
Pasadas las diez de la noche ya dentro de la sala con un buen marco de público que mantiene siempre esa curiosa distancia entre los primeros dos metros del escenario, subió el castillense Nicolás Molina con una nueva banda forjada especialmente para presentarse en este inusual festival a pedido de sus amigos sónicos. La noticia de Molina en concierto fue toda una sorpresa puesto que el premiado artista rochense se había llamado a silencio por este año y no iba a realizar actuaciones ni como solista, ni tampoco con banda. Una de sus últimas apariciones fue en el ciclo Tres Dos Uno de Pocitos Libros, micro audiovisual que indaga en las lecturas que han marcado vida y obras de los músicos uruguayos.
Ya sobre el escenario con su telecaster al frente Molina acompañado de Pablo “retrovisor” Gomez en teclados, Viviana Martínez en guitarra, Juan Chain al bajo y Bruno Berocay en las baquetas sonaron cómodos y contundentes como si la banda tuviera rodaje acumulado. Presentaron canciones de su disco “Querencia” y algunas de las nuevas que saldrán a la luz en un futuro musical próximo con algunas novedades en su carrera artística. Composiciones como: “La fiesta”, ”Reina” y una vibrante entrega en la ejecución, de lo que creo, sería un gran corte de difusión: “Para ver autos y camiones”
Luego el festival continuó con la presentación de la banda de la banda de los hermanos Lagos que ataviados con una especie de camisas hawaianas, ponchos al hombro y sombrero gauchesco coparon la escena para hacer saltar la térmica con las nuevas canciones de su último disco “White Sounds” con la historia del personaje Braian Wilson Ferreira y sus cumbias surferas uruguayas.
Cuenta la leyenda que el músico Ferreira viajó a Los Ángeles, California y se hizo amigo de Brian Wilson de los míticos Beach Boys, de allí salió su apodo “El Wilson” y estas contagiosas canciones que nos hicieron bailar y disfrutar para hacernos olvidar del frío pero no de la realidad.
Casi sin pausas sonaron: “Cómo se mueve el esqueleto de Leandro”, “La Lambada de Loli” que viajan por ritmos de cumbia, calipso y baguala y forman parte de este enérgico show cargado de protesta, humor, histrionismo y gran solvencia musical en escena.
También hubo tiempo para revivir con emoción algunas de las grandes canciones el disco “Neptunia” del año 2007 que pronto verá su reedición especial en vinilo. Para cerrar el festival invitaron a Molina a subir al escenario y poner el broche de oro con una versión magistral y bizarra de una inolvidable canción del compositor y cantante pernambucano Alceu Valença y su legendaria “Anunciação” canción que fuera tomada como “himno” por el pueblo brasilero en 1984 anunciando el sueño de un nuevo tiempo para volver a la democracia.
Y así entre folk-rock butiacero y cumbias surfistas citadinas pasó este primer festival rochense en Montevideo que merece otra edición pronto para sobrellevar el tedio cotidiano del invierno mientras esperamos el verano para ver salir el sol de la patria rumbo a la ruta nueve.















































