NOMBRE DE BIENES es un título por demás extraño. Sin dudas hay un desfasaje del vocablo que parecería ser “hombre” en vez de “nombre”. El “bienes” sugiere a los bienes materiales pero en este caso Eduardo Mateo habla de los espirituales; del don de gente, del que provee luz y bienestar. Pero al mismo tiempo afirma: “Guarda con el nombre de los bienes”- como grito de alarma. Y eso genera el misterio. Es un candombe de llamada, pero llevado a otro lugar. El bajo sugiere algo funky, al mismo tiempo.
La guitarra base acá es la que cubre todo. La “llevada” candombeada demuestra el alto nivel percutivo que Mateo tenía en su mano derecha. Es complejo lo que hace ya que no hay un patrón fijo ni mucho menos. Mateo rasguea libremente asordinando el toque y logrando una base con un swing impresionante. Por el tempo (que se acelera), es notorio que grabó la guitarra base y la percusión por un lado y luego se agregó lo demás. Hay un par de guitarras, bajo, congas y las voces. Con escasos elementos, el autor se las arregla para crear el todo.
No falta ni sobra nada. Lo curioso de esta enorme obra es su mixtura de géneros. Por un lado el folclore afro montevideano, por otro lo Oriental (la voz que remeda a los ragas indianos), y por último, a los Beatles en el estribo. El “uh” agudo es una cita a ellos. Es decir: en esta canción se resume toda la búsqueda vital de Mateo, sus amores y pasiones. El candombe, lo Oriental y el pop.














































