El Choncho construye un pozo que es una canción, hito extremo, límite de la razón en la música popular de cualquier lugar del planeta.
Es el aljibe de Sendic. O de Engler. Seres humanos que fueron torturados por el Ejército “nacional” de esta horrenda manera. Desnudos, sin nada, dentro de un pozo que cuando llovía se inundaba y ellos luchaban para sobrevivir. El Choncho no escribe una canción, ES la canción. Ese martirologio lo sufre él mismo, en una especie de desdoblamiento inusitado. Nadie ha hecho algo así en la historia de la MPU, y dudo si en las demás.
Usa un arpegio denso, barroso, como el fondo del propio aljibe. La canción se balancea entre la locura y la desesperación por subsistir. El tema gira; es redondo como el ojo de arriba que observa al rehén. La canción es tan horrenda (en lo que describe) que uno no puede más que negarse a escucharla, pero es tan, tan genial, que uno debe rendirse ante la capacidad expresiva y el talento. La interpretación es inconcebible. Una obra maestra que nos ve con su ojo escrutador y devastador.
El Ojo – Jorge Lazaroff


















































