Michelle Altier comenzó en la fotografía casi sin proponérselo a partir de un viaje a Norteamérica, luego estudió con Carlos Amerigo en Nueva Dimensión y de a poco se metió en un mundo de imágenes que la apasionó. Por estar vinculada desde la gestión y el periodismo cultural con músicos, su tarea en el campo de la fotografía está ineludiblemente ligada a ese arte.
Para Michelle la captura de las imágenes está asociada más que nada al sentir, y a querer transmitir las emociones que se están produciendo en el momento, más allá de perfeccionismos técnicos. De esto y más reflexiona en la siguiente e interesante entrevista, con la que se integra al ciclo Clic de COOLTIVARTE.
“La imagen que quiero, cuando la busco y la reconozco, sale de una. Salga fuera de foco o no de una forma ideal, reconozco y muestro la foto que en su esencia contiene lo que quiero reflejar.”
-¿Cuándo empezaste a hacer fotografía?
-Empecé a hacer fotografía en un viaje a Estados Unidos. Tenía creo 18 o 19 años, viajé con planes de quedarme, y a los 4 meses estaba acá, con una Pentax en la mano y más o menos 700 fotos. Me volví del viaje con el ojo lleno y la cabeza puesta en eso, contacte a un fotógrafo mexicano (Carlos Amerigo) que en ese entonces tenía una escuela llamada Nueva Dimensión y así me fui enroscando en la cosa.
-¿Qué es lo que más te entusiasma de la fotografía?
-Me entusiasma el percibir la pasión antes de la foto. Por temas laborales y hasta por elección, vivo muy vinculada a la música en nuestro país. Soy comunicadora (sin radio en este instante) y productora de un programa de Vtv, a su vez laburo con algunos músicos en los aspectos de producción, diseño y comunicación por ende el 89% de mis trabajos fotográficos son de espectáculos artísticos, backs, giras y demás. Adoro ese costado erizante del observar y no ver, sino sentir. Me entusiasma el desafío constante de inmortalizar eso, mezclado con mi propia emoción. Que me agradezcan por haber captado gestos o momentos llenos de energía de un show, es lo que me alimenta a seguir trabajando en esa búsqueda y conexión con los artistas, en pos de generar un registro rico en emociones que transporte a quien no estuvo allí, a los lugares a donde llegaron los sentidos.
-¿En qué pensás cuando estas encuadrando?
-Puntualmente en lo que atañe a mi trabajo, pienso en lo que le está pasando a la persona que estoy encuadrando, lo que le pasa por el cuerpo y lo que le pasa en los ojos a la gente que está allí presente. Es todo como muy sensorial. No busco la foto comercial, o pegar el batacazo de mi carrera, ni que me llamen de una revista o portal de espectáculos por subir a una red social un “fotón” como me dicen algunos…es todo muy pasional.
-¿Cómo se te ocurren las ideas? ¿Tenés una libreta de apuntes?
-No soy muy amiga de las libretas de apuntes en ningún aspecto… y las ideas pasan, no las busco antes de ir, por lo general paso rato mirando la escena, estudiando visualmente las luces, los movimientos, muecas y demás de (en mi caso) los músicos. Observo, como les dan las luces sobre los rostros, objetos alrededor. No compongo mucho, sólo observo, después viene la foto.
-¿Cuántas tomas realizás hasta conseguir la imagen que querés?
-Uffff…. En términos generales, de un concierto de hora y media, disparo entre 150 y 200 veces. La imagen que quiero, cuando la busco y la reconozco, sale de una. Salga fuera de foco o no de una forma ideal, reconozco y muestro la foto que en su esencia contiene lo que quiero reflejar. Gusta o no, pero por suerte me voy topando por la vida con gente que “entiende mi ojo”.
-¿Qué hace que una imagen llame más la atención que otra?
-El detalle, la expresión de un rostro, como pega la luz sobre la piel de una persona, las sombras. Me gustan mucho las sombras, el blanco y negro, jugar y componer sobre eso.
-¿Crees que los fotógrafos deben tener una filosofía para hacer un buen trabajo?
-Creo que los fotógrafos deben tener sí una filosofía, la propia, lo estético, bueno, bonito, admirable, emocionante es relativo de acuerdo a cada ser. Me gusta la filosofía pero no a la hora de hacer fotos…es una forma de ver el mundo, y a todo lo que se mueve en él (incluido el fotógrafo y las “autofotos” que adoro). Siempre habrá alguien que reconozca nuestro trabajo, que te felicite o que te diga que es horrible, o que carece de sentido, como todo en la vida, supongo. Diría que se trata de confiar, pero te la cambio por un “sólo se trata de ser…” el resto viene solo, y si la fotografía y la forma de decir de uno a través de la imagen, viene enganchado con la pasión y la sensibilidad, todo el resto va apareciendo solo.
-¿Puedes contarnos tu proceso de edición?
-A la vuelta de donde sea que haya ido a hacer fotos, tengo que verlas. Supongo que vuelvo como engolosinada de ideas sobre la edición y el post con las imágenes que tomé, en la cabeza. Veo todo, soy muy autocrítica, elimino mucho, estudio cada foto, veo dónde fallé, busco aquello que busque cuando disparé. Ahí es cuando me calmo, pasan unos días y me dispongo a estudiarlas de nuevo, especie de segundo filtro con la cabeza fría, un buen mate y en casa, generalmente con algún disco de tangos o jazz que gira sistemáticamente por horas, de otro modo no me hallo. Adoro el blanco y negro pero no tomo fotos directamente en blanco y negro, el dramatismo que le imprime a la foto más iluminada y divertida me destapa un costado tristón que no me avergüenza dejar expuesto. Adoro el tinte amarillento/verdoso de algún filtro de cine y no aplico mucho más que eso.
Luego viene el tercer filtro que refiere a la publicación en Internet, ahí selecciono, nunca son más de 20, ajusto la calidad para que no esté 3 días subiendo cada una y comparto una selección “políticamente correcta y sensiblemente fiel a mi ojo geminiano”. Después aguanto el temblor: acepto agradecimientos y puteadas… a dios gracias de las segundas no han llegado nunca. La entrega en DVD a quien me haya contratado casi nunca excede las 80 o 90 fotografías que resultan de la toma de unas 200 o 300.
-¿Trabajas con metadatos en una fotografía?
-No trabajo con metadatos, sí trato de conservarlos y tengo como manía llenar discos duros con varias carpetas con cada trabajo y sus procesos. Ej.: guardo en una carpeta el bruto de fotografías tomadas, en otra las entregadas, en otra tomas reducidas a media calidad para Web, otra carpeta en b/n y así la voy llevando.
-Con la aparición de las cámaras digitales y la cantidad de disparos ¿se mira menos?
-Se mira diferente. Considero que ahora se mira más rápido, por lo uno va viendo una sucesión de cosas que sabe que puede registrar y dispara, y dispara. Creo que sí miramos. Miramos el macro, el conjunto, disparamos, hay capacidad, las cámaras y sus tecnologías lo permiten, disparamos. La foto aparece después. Al menos en mi caso, muchas veces funciona así, disparo una vez, tranqui, y voy al instante a verla en la propia cámara y se me eriza la piel… soy la persona menos técnica que conocí en mi vida, las fotos me pasan por la piel.
-¿Qué esperás de la gente al ver tus fotos?
-Empecé sin esperar nada. Las redes sociales (Facebook más que nada) me han abierto puertas que tampoco esperaba. Hacer fotos de una orquesta de tango, y que varios de sus integrantes usen hoy, como foto de perfil una fotografía mía, es un mimo.
Que en general, más de 20 artistas nacionales, de cualquier palo, tengan fotos mías como identificación en una red social, que compartan a diario mis fotos, que me agradezcan infinitamente y me adopten como fotógrafa exclusiva de sus historias de músicas, es sin duda lo que no esperaba, y me pasa. Me he transformado en una eterna agradecida y otro tanto en una luchadora del despertar sensaciones y emocionar.
Nunca voy a olvidar una frase sobre una foto que le tomé a Patricia Schiavonne mientras tocaba su batería en Kalima: “Me capturaste el alma”.
-¿Qué opinas del derecho de autor de la imagen y su relación con las redes sociales?
-Tema delicado y finito. No todos los fotógrafos estamos bien informados y asesorados acerca de los derechos de autor en nuestra área. Sin dudas es un tema que me interesa y que trato de ahondar informándome como puedo con Internet y colegas.
Con respecto a las redes sociales, me ha pasado de que me han preguntado “¿por qué firmas las fotos?” y todavía no he podido responder. Supongo que no debería firmar algo que deja de ser mío al momento de ponerla de cara al mundo, en un pedestal accesible a que cualquiera de botón derecho y “Save as…”… parte de mi desinformación acerca de los derechos de autor de los fotógrafos. Supongo que las firmo para que sepas qué ojo la sacó, qué ojo la pensó, y qué madrugada desvelada la dejó como la estás viendo, no me hará mejor ni peor fotógrafa, pero al menos vas a saber qué ojo desvariado hizo eso que por alguna extraña razón, estas mirando.
En cuanto a los medios de comunicación, especialmente los gráficos, sé por experiencias de colegas que no es un tema muy bien tratado ni respetado eso de, al menos, mencionar de quién es la fotografía que se imprime.
-¿Es posible vender fotografías en Uruguay?
-Se que sí, y no por experiencia propia. Me he encontrado con colegas que no hablan de eso, no hay una tarifa, no somos dentistas que sabemos que el arreglo de una carie sale, de acuerdo a la tarifa $ 450 (por ejemplo). Te cobran lo que quieren, pero hay una base estipulada. Nunca me senté a tomar un café con otro fotógrafo a preguntarle: ¿y vos, cuánto cobras?
Si me han ofrecido comprarme fotos, pero no sé cuanto cobrar. A veces me siento caperucita roja pixelada, otras veces si, siento que estoy regalando mi laburo, que las horas que pasé editando, el taxi de vuelta y el dolor de cabeza no me lo paga nadie, y cuesta, si que cuesta y ojala cambie, ojala.
-¿Qué te parece que hay que hacer para fomentar la fotografía en Uruguay?
-Informar, y sobre todo quitarle a la fotografía esa cosa muy parecida a la del músico, de que si no laburás en una productora, si no tenés una cámara de 3000 dólares, si no viajas a lugares coloridamente exóticos y si no tenés un estudio, sos amateur, no querés trabajar, haces eso porque no te llevas bien con los libros, o porque tuviste un año sabático y te pagaste un curso de fotografía.
Es un trabajo, lleva trabajo, es un arte muy personal, es una marca de cada uno, una forma de ver, reconocer y transmitir lo que sentimos, vemos y creemos. Creo que la información, la buena información lleva en si la esencia del fomentar. El abrir puertas, mostrar, exponer, dar oportunidades.
-¿Se puede vivir acá de la fotografía?
-No es mi caso pero sé que si. Si das clases de fotografía, en tu casa, en un colegio o en un instituto, si trabajas en una productora, para una revista o bueno… ya ni se… si, vivís. Si haces casamientos y cumpleaños de 15, vivís.
Si buscas, una foto en 200, y después de editada sentís que acabás de parir algo que te emociona… no, no pagás el alquiler ni te comprás una bombacha en Tata.
-Como fotógrafo ¿Qué tan difícil es acceder a galerías y salas para exponer?
-Actualmente se accede de un modo un tanto más sencillo, tal vez está instalado de un modo más firme y cool, la experiencia de exponer en un boliche, en espacios culturales y gastronómicos que de a poco se han ido animando a exponer fotografías y dibujos. Celebro eso, celebro el abanico de opciones que a la gente se le ofrece. Celebro ir a comer una pizza y que se me enfríe mientras miro fotos colgadas en la pared. ¡Celebro!
-¿Qué consejo darías a un fotógrafo que recién empieza?
-Siempre digo lo mismo: ¡Sé! para mi asombro me hacen muchas preguntas por facebook, personas que no saben qué cámara comprar, qué tienen ganas de empezar en la fotografía y ese tipo de cosas, y una vez más, digo lo mismo: ¡Sé!… podés tener en la mano una coolpix P90, y en el ojo una D800. Las cámaras ayudan pero si no ejercitás el apasionarte por encontrar lo bello y lo íntimo en vos y en lo que tú ojo vè… creo que ando muy pasional. Je!
-¿Estás trabajando en algún proyecto que nos puedas contar?
-Siempre ando con ganas de exponer, siempre me andan sembrando las ganas de exponer pero no doy con el momento. Planeo hoy un fin de semana en Villa Serrana con amigos, de donde con seguridad vuelva con las ganas de exponer más vivas que nunca.
Laboralmente estoy con un grupo de música (Maciegas) a quienes les hago la fotografía, producción y prensa, y es uno de los más grandes desafíos que he tomado con mucho amor y respeto ya que llevan un nombre con más de 30 años de trayectoria musical en el país y la región, y al andar ahora con nuevos bríos, proyectos, integrantes más jóvenes que trillan el país fusionando folklore con otros géneros, con una cuota creativa y profesional envidiable. Que esté depositada en mí la confianza de lo estético, del contacto con el público y de la imagen gráfica de la banda es un placer y un privilegio que nunca pensé tener a mis 30 (y 1). Sin descontar que el trabajo con ellos ha sido una gran puerta abierta a decenas de otros trabajos y conexiones con artistas y comunicadores que cuentan conmigo.
[sam id=”21″ name=”notas y articulos” codes=”true”]

















