Brasil nos envuelve con la sonrisa brillante de Larissa Baq un jueves cualquiera en el Tractatus.
Aquí, donde hay corazones abiertos, lámparas de papel colgadas, un espejo a mitad de un abrazo, cuadros de Durik Zauber, cortinas rojas y alfombras que descansarían, perfectamente, en el living de cualquier casa.
Aquí, con la noche montevideana esperándonos afuera y los barcos del Río de la Plata embarcando sueños. En este pequeño lugar, en esta noche de calor pegajoso, viene a cantarnos Larissa Baq con una calma dulce que nos mece y amansa.
Aparece envuelta en un manto de rastas con una guitarra que tiene por cuerdas sus manos – la intensidad no deja distinguir el instrumento de la persona que lo carga–, juega con los pies a hacer ritmos que acompañan a las canciones, construye el latido de un corazón con golpes firmes y dice mientras canta: “hay que tocar el mundo con tus pies” “é muito pra dizer, muito pra escutar, muito pra viver”.
Invita a Diego Drexler a subir a escena y juntos cantan desde el impulso de la emoción primigenia y salvaje. “Yo creo que cuando se comparte, las cosas son diferentes” dice mientras habla de Diego, “todo cambia”, afirma.
Larissa se despide con un regalo por los viejos tiempos cantando “Cómo que no”. Canción que nos traslada a algunos de nosotros a aquellas noches de música y vida en Contraluz el año pasado.
Por cierto, para aquellos que quieran repetir esa emoción, estará cantando con El Gavilán este sábado 20 de febrero en su “casa” montevideana, aquel mágico lugar que queda en Jackson 865, ahí, tan cerca del cielo y tan cerca del mar.
Imagen portada: Facebook Larissa Baq
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