
Viernes 14 de agosto, Sociedad Urbana, Villa Dolores.
Riki Musso subió al escenario con su banda para presentarse ante su público de siempre, ese que lo sigue desde hace años y que se sabe las letras de memoria.
Guitarrista, compositor y productor uruguayo fundador de El Cuarteto de Nos desde 1980 hasta 2009, banda emblema del rock del paisito, su carrera de solista está marcada por el uso de elementos de música de vanguardia, con letras abstractas y satíricas. En paralelo también integró Exilio Psíquico, banda de culto uruguaya.
Como solista construyó una discografía inquieta, que fue mutando de la electrónica hacia las guitarras. El quiebre llegó con ¡Formidable! (2014), el disco bisagra de su carrera: ahí Musso corrió el eje de los sintetizadores hacia un sonido más guiado por guitarras, sin abandonar del todo la vanguardia que arrastra desde joven. Un disco que le valió cinco premios Graffiti. De esas canciones nació la banda que lo acompaña en vivo, Riki Musso y sus fabulosos Los Formidables.
Anoche esa apuesta se sintió en carne viva. Dos guitarras eléctricas, un bajo, una batería. Nada de sintetizadores, nada de las texturas de estudio. Todo crudo, todo tocado, todo ahí.
El escenario bañado en luces rojas, sin estridencias.Un show tranquilo en el volumen pero intenso en la entrega, con esa impronta humorística que los caracteriza, esa inteligencia jocosa que Musso destila en cada canción y en cada gesto arriba del escenario.
Abrieron con Criminal y desde ahí no soltaron el pulso: Aporte, Sánchez, Almejas, Frutos, Wendi, Réplica, Ya te vas, Polaco, Paso, Cabras, Huevo Duro, Santos, Bonsái, Planes, Antorcha, Sandía, Sudaca. Un recorrido que fue de lo más nuevo a lo más entrañable, sin bajar nunca la guardia.
Porque ahí está la esencia de Musso: no describe estados, describe procesos. En Criminal es un sujeto que muta, que se escapa de sí mismo apenas uno cree tenerlo agarrado. En Sánchez, gurú del overlock es el oficio manual, la aguja que cose, descose y vuelve a nacer. Personajes en bucle, en vaivén, que encuentran sentido —o trampa— en la repetición. Y el sonido acompaña esa lógica: acordes que no terminan de asentarse, bajos que caminan por debajo de la armonía sin quedarse quietos.
Es una banda de *nicho*, de esas que no llenan estadios pero que tienen un público fiel, que entiende el humor ácido y la ternura rara con la que Riki arma a sus personajes.
La sala fue vaciándose, con esa sensación de haber visto algo que no va a estar en ningun lado mas que ahi ,esos cuatro arriba del escenario sin red , con una calma que contagia.
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