
El viernes 12, Ninguna Higuera se presentó en la Sala Zitarrosa en el marco del ciclo MAREA, una propuesta que pone el foco en mujeres y disidencias de la música y el audiovisual. La fecha también tuvo a la artista argentina Margarita Palacios con su banda, en una noche que miró de cerca a proyectos en movimiento dentro de la escena local.
En ese escenario, el trío formado en 2019 compartió gran parte de “Métanle”, su tercer disco, presentado en abril de este año. El título condensa la forma en que vienen sosteniendo el proyecto desde el inicio, entre ensayo, gestión, fechas y difusión, con mucho tiempo invertido y sin garantía de retorno. Meterle, sostener, seguir.
Días antes, en el programa La Segunda Mañana de La Diaria Radio, las artistas contaban un poco de ese recorrido. Ninguna Higuera nace de encuentros informales, casi domésticos, hasta tomar forma como banda. Emilia Benia en voz, Leticia Gambaro en viola y Belén Insausti en guitarra y composiciones. Contaban que el camino se escucha en los discos, un primero grabado en condiciones precarias, con colchones colaborando con la acústica en un estudio improvisado y un segundo material donde aparecen nombres como Ana Prada y Luciano Supervielle, marcando otra circulación posible y “donde nos dimos cuenta que la cosa venia en seri”
Además de la línea de tres estable, para el vivo se suman Diego Rodríguez en bajo e Iván Barceló en batería, ampliando el formato, pero manteniendo la esencia sonora. El material nuevo se mueve entre climas introspectivos y momentos de mayor tensión, con una escritura que acompaña la musicalidad armando recorridos y construyendo climas maravillosos.
Más allá de la forma de organización, hay una manera de funcionar que se sostiene. Lo contaban en la entrevista con Sofía Romano: en la banda no hay roles rígidos; se acompañan. Cuando una está cansada o no puede dedicarle más tiempo a algo, aparece otra que sostiene. “Cuando una afloja, otra empuja”, decía Leticia Gambaro días antes del show.
Esa lógica también se escucha en la música, una sonoridad que trabaja con lo mínimo, apoyada en matices, dinámicas y pequeñas variaciones más que en grandes despliegues.
En vivo hay potencia, pero no desde el golpe, sino desde el control. Son carismáticas y a la vez suaves. Las tres llevan adelante la escena, se hacen cargo de cada momento, de cada silencio. También del vínculo con el público, que se construye sin apuro, casi en voz baja.
El show comienza con “Cuánto”, una canción que en su musicalidad parece pensada para ser ejecutada en, solemne y cálida, también es la que abre el disco “Métanle”. Disco que donde reconocen que hay mucho del oficio de empezar, de poner sobre la mesa lo que implica hacer música y sostener un proyecto de estas características y en este circuito nacional.
El show continúa con “Treinta y Tres”, “Las Vegas” y “El Suncho”. En esta última aparece la primera interacción con el público: preguntan si sabemos qué es un suncho. Las respuestas llegan tímidas, casi en voz baja, pero alcanzan para aflojar la tensión de una sala que hasta ese momento estaba completamente concentrada, en silencio, atenta a cada detalle de la propuesta.
“Cada vez que te vas” cambia el clima. También del disco nuevo, la canción se mete de lleno en la violencia basada en género y en su normalización. Antes de tocarla, Leticia toma la palabra y pone sobre la mesa lo sucedido con Avril, la joven de 19 años asesinada el 3 de junio en Ciudad del Plata. Se quiebra. La sala también.
Ahí la música deja de ser solo música y pasa a ser interpelación directa, incómoda, necesaria. Imposible no movilizarse, imposible no pensarse.
Llega “Rumbos”, presentada como la primera pieza que compusieron, casi como un jingle, y funciona como un respiro después de la carga anterior. El setlist continúa con la aparición de un invitado especial: Luciano Supervielle se suma en teclados para “Así cualquiera”, canción grabada con su participación y que confirma un vínculo que la banda reconoce como cercano y sostenido en el tiempo.
“Decisiones”, presentada por ellas como la canción de la noche, marca otro punto alto. Desde ahí, “La Res” y “No hay más tiempo” van preparando el cierre, llevando el clima hacia un lugar más contenido.
Y entonces llega “Shangrilá”. Una de las canciones más sensibles del repertorio. Hay algo en su forma de avanzar que moviliza, letra y música funcionan como una sola pieza, coherente. La canción ideal para cerrar la noche. —“la noche me va a acompañar en soledad infinita”—
No hay paraíso como promesa, sino una escena más honesta, quedarse a solas con lo que hay. La noche no como refugio romántico, sino como compañía inevitable.
El cierre desarma por preciso y solemne. ¡¡¡¡Unas grandes!!!! La despedida es breve, casi sin estirar el momento. Con los aplausos del público, dejan el escenario listo para la presentación de Margarita Palacios.
Ninguna Higuera es un proyecto en movimiento, sostenido en el trabajo cotidiano y en una forma de hacer incluso cuando no es fácil. “Meterle” es la lógica con la que funcionan.
En lo personal, una sorpresa de las que se agradecen.














































