
ARKEN Museo de Arte Contemporáneo
Copenhague, Dinamarca.
El museo donde los trolls enseñan que la basura también puede ser un tesoro
A unos veinte kilómetros al suroeste de Copenhague, frente a las playas de Ishøj, el ARKEN Museum of Contemporary Art se presenta como un enorme barco encallado sobre las dunas. La arquitectura de Søren Robert Lund no es un mero gesto formal sino que anticipa una experiencia donde arte, paisaje y arquitectura dialogan de manera permanente.
Con una colección de más de 400 obras de arte contemporáneo y un sólido programa de exposiciones temporales, ARKEN es una de las instituciones más relevantes del norte de Europa. Sin embargo, en esta temporada, toda la atención parece concentrarse en un invitado muy especial: Thomas Dambo.
Nacido en Odense en 1979, Dambo comenzó su camino artístico entre el hip-hop, el grafiti y el arte callejero antes de estudiar Diseño de Interacción en la Escuela de Diseño de Kolding. Aquellas primeras experiencias marcaron una práctica que hoy combina escultura monumental, narración fantástica, activismo ambiental y participación ciudadana. Convencido de que “el reciclaje es oro”, el artista ha dedicado su carrera a transformar residuos en obras que devuelven al espectador la capacidad de asombro.
Thomas Dambo es conocido internacionalmente por sus gigantescas criaturas del folclore escandinavo, construidas con madera reciclada. Estos personajes, inspirados en los tradicionales trolls nórdicos, habitan bosques y espacios naturales como guardianes imaginarios del paisaje.
Estos célebres trolls se encuentran dispersos por bosques y parques de Europa, América, Asia y Australia.
Desde el proyecto Los Seis Gigantes Olvidados, instalado en los suburbios de Copenhague en 2016, un gorila ubicado en el barrio Christianshavn, hasta sus intervenciones en Australia o Estados Unidos, Dambo ha conseguido que millones de personas recorran paisajes naturales buscando esculturas que parecen salidas de un cuento popular escandinavo.
La exposición que presenta en ARKEN constituye un hecho singular ya que por primera vez su universo entra en un museo.
Allí, un grupo de trolls trabaja silenciosamente para construir El Hombre Basura, una gigantesca figura humana realizada con todo aquello que los seres humanos desechan. Maderas viejas, plásticos, objetos olvidados y desperdicios cotidianos dejan de ser residuos para convertirse en materia poética.
La instalación posee una lectura inmediata sobre el consumo y la sostenibilidad, pero evita cualquier tono moralizante. Dambo prefiere el humor, el juego y la imaginación para formular una crítica profunda al modelo de producción contemporáneo. Su mensaje es simple y contundente pues el valor de las cosas depende de nuestra capacidad para volver a mirarlas.
Esa reflexión encuentra interesantes puntos de contacto con la propuesta que la artista uruguaya Margaret Whyte presentó en la 61ª Bienal de Venecia. Aunque sus lenguajes visuales son muy distintos, ambas prácticas entienden los materiales como portadores de memoria y transformación. Mientras Whyte trabaja desde una sensibilidad más íntima y contemplativa sobre la permanencia de la materia y sus huellas, Dambo utiliza el reciclaje como un acto de imaginación colectiva, donde los objetos descartados adquieren una segunda existencia a través del arte. En ambos casos, la creación artística aparece como un espacio capaz de resignificar aquello que la sociedad considera residual.
Pero quizás el mayor hallazgo de ARKEN no esté únicamente en la calidad de sus exposiciones, sino en la forma en que invita a vivirlas. Me sorprendió profundamente encontrar un museo donde los niños no son espectadores pasivos obligados a guardar silencio, sino protagonistas activos de la experiencia. Talleres, espacios interactivos y propuestas lúdicas les permiten construir sus propios trolls utilizando materiales reciclados provenientes del propio museo, comprendiendo a través del juego conceptos tan complejos como la sostenibilidad, la reutilización y la creatividad.
Mientras en muchos museos aún persiste la idea de una contemplación distante, ARKEN apuesta por una pedagogía basada en la participación y el descubrimiento. Ver a niños y familias creando juntos, riendo y manipulando materiales descartados para transformarlos en pequeñas esculturas, resulta tan conmovedor como la propia exposición. Allí el arte deja de ser un objeto inaccesible para convertirse en una experiencia compartida.
Pero la riqueza de la visita a ARKEN no se agota en la propuesta de Thomas Dambo. El museo presenta actualmente un programa de exposiciones temporales que evidencia la diversidad del arte contemporáneo nórdico e internacional.
La visita así se completa con otras propuestas de gran interés.
“55,6° de latitud norte” reúne artistas nórdicos que reflexionan sobre identidad, territorio, poder, clima y transformaciones geopolíticas desde una mirada contemporánea.
55,6° North – ARKEN’s Collection reúne obras de la colección permanente para reflexionar sobre identidad, territorio, clima, consumo y geopolítica desde una perspectiva escandinava.
Esta muestra incluye piezas en diversos formatos de algunos de los artistas más destacados de la escena escandinava, entre ellos Olafur Eliasson, cuya investigación sobre la luz, la percepción y los fenómenos naturales lo ha convertido en una figura central del arte contemporáneo internacional; y el dúo Elmgreen & Dragset, reconocido por sus agudas intervenciones sobre la arquitectura, el espacio público y las estructuras sociales. Junto a ellos participan artistas como SUPERFLEX, Inuuteq Storch, Jessie Kleemann, Tabita Rezaire, Nina Beier y Apolonia Sokol, conformando una reflexión sobre identidad, territorio, clima, consumo y geopolítica desde una perspectiva nórdica contemporánea.
Merece una mención especial la instalación Floras tåbevogn (El vagón de los locos de Flora) (2024), del joven artista danés Villiam Miklos Andersen (1995). La obra, compuesta por un congelador industrial, expositores de palés, cubos de flores y tulipanes marchitos, sumerge al visitante en un ambiente de frío extremo donde la temperatura y el deterioro de las flores generan una experiencia física y emocional difícil de sostener. El contraste entre la belleza efímera de los tulipanes y el espacio gélido que los conserva en un estado de descomposición suspendida evoca una inquietante sensación de fragilidad y mortalidad. Es una instalación que trasciende lo visual para afectar el cuerpo del espectador, convirtiéndose en una potente metáfora sobre la vida, la decadencia y la inevitable presencia de la muerte, uno de los momentos más perturbadores y memorables del recorrido por la exposición.
La programación se completa con “Come Hell Or High Water”, del colectivo danés SUPERFLEX, que imagina un futuro donde ARKEN se transforma en un arca sumergida para todas las especies como respuesta a la crisis climática.
También se presenta una selección de cuatro artistas llamada “I Protest”– Colección ARKEN, dedicada a las distintas formas de resistencia política, cultural y social mediante obras que interrogan las fronteras, los cuerpos y las tensiones del presente donde participan Claus Cartensen, Joseph Rodríguez, Simone Aaberg Kaern, y la reconocida Shirin Neshat.
También está presente OOPS – Kørner’s Art Competition 2026, un concurso y exposición que reúne obras de estudiantes de artes visuales y diseño de toda Dinamarca bajo la premisa de convertir el error en un motor para la creación artística. Todo ello convierte a ARKEN en un museo vivo, donde conviven grandes referentes internacionales, nuevas generaciones de artistas y una profunda vocación educativa y social.
Esta convivencia entre artistas consagrados y nuevas generaciones convierte a ARKEN en un museo vivo, donde la experimentación, la educación y el compromiso social ocupan un lugar central.
Sin embargo, al abandonar ARKEN queda la sensación de que Thomas Dambo ha logrado algo extraordinario. Bajo la apariencia de un universo poblado por trolls gigantes y montañas de basura, el artista construye una de las reflexiones más inteligentes sobre nuestra relación con el planeta. Y lo hace apelando a la imaginación, al juego y a la capacidad infantil de creer que todo objeto abandonado puede volver a tener vida.
Quizás allí resida la verdadera lección del museo donde el futuro no depende únicamente de reciclar materiales, sino también de recuperar la imaginación con la que alguna vez aprendimos a mirar el mundo.














































