
Sandra Mihanovich – Soy lo que soy +40 – Auditorio Adela Reta – Sodre
A sala llena, de un público mayormente adulto y femenino, se presentó puntualmente la artista argentina, para celebrar no sólo el aniversario número 40 de su disco Soy lo que soy. El programa de mano con la icónica tapa y el agregado del +40 nos remite automáticamente a aquella joven y desafiante intérprete de principios de los analógicos años 80.
El telón se abre y vemos a la orquesta compuesta por ejecutantes locales, dirigida por Leo Sujatavich al piano, tocando una versión sinfónica de Soy lo que soy, iluminados de rojo carmesí.
Luego de un instante de silencio, la banda dispuesta delante de la orquesta empieza a tocar, la gente ya empieza a aplaudir con el ritmo, y así entra ella, con un vaporoso traje de blusa y pantalón turquesa y un kimono floreado. Una reina recibiendo su ovación.
“Qué hermoso es vivir de nuevo, mirando con ojos niños” comienza a cantar, mientras se acomoda entre los monitores a piso (nada de audífonos para ella). No termina de enunciar la última palabra de Nacer de nuevo, y el público ya estalla en aplausos. Ella recibe la energía, agradecida y sonriente, mientras finaliza la música entre aplausos y chiflidos de un público enfervorizado, y esto recién empieza. No la dejan ni decir buenas noches, que ya la interrumpen al grito de ¡Feliz cumpleaños! Allí la banda, la orquesta y el público se unen en un improvisado “queloscumplasfeliz” mientras le traen flores y un pequeño y delicado pastel, con una velita encendida que ella sopla, la gente festeja.
“Todo esto es mucho más que un sueño, muchísimas gracias, ¡y encima es mi cumpleaños! El mejor regalo del mundo, la posibilidad de emocionarme con este público y esta orquesta extraordinaria (aplausos), con mi familia: mi hermano Vane (lo señala, se levanta del teclado), mi sobrina (en coros), más agradecimientos no puedo tener, estoy muy muy feliz aunque cumplo 69.” ¡No importa nada! le gritan desde la platea.
Comienza la segunda canción Como el juez a la verdad (la que dice Te necesito), también del disco homenajeado. El público aplaude, corea, baila… realmente emociona las ganas que la gente le pone a su participación, tanto que prenden las luces de platea al final, y Sandra nos dirige como a un coro, a capella; seguido de un aplauso cerrado, conmovedor. Ya hay gente parada en los palcos, moviendo los dos brazos en alto, y prácticamente no se volverán a sentar.
Sigue Poner el cuerpo, del disco En el paraíso, de 1986. Una pista de que no sólo estarán los temas de Soy lo que soy, sino que este será un repaso de algunos de los grandes hits de Mihanovich. Que son muchos.
“Este es un disco muy especial, nació en un momento muy importante en Argentina, estábamos recuperando la democracia, y había dos canciones que me atreví a buscarles música. Una es de la uruguaya Débora Céspedes, Nacer de nuevo, y la otra de la también uruguaya Adela Gleijer (aplausos), que con ella compartíamos camerino en un canal de televisión, cuando me mostró este poema, y era la manera en que yo quería decir lo que dice, refiriéndose a Se metieron con todo.
Las canciones se escuchan con gran respeto, en un silencio sepulcral; y al final, un largo aplauso, especialmente al director y arreglador, al cual Sandra reverencia.
La orquesta comienza el siguiente tema con delicadeza, la artista espera en el centro del escenario para hacer Por qué, tema de la comedia musical Calígula, con un gran desempeño vocal e interpretativo, es fácil imaginarnos en la calle Corrientes. ¡Qué diosa! le gritan al final.
Sigue Prohibido prohibir, letra de Eladia Blázquez y Sandra celebra a “la orquesta maravillosa que tenemos acá”, y aprovecha a presentar a los miembros de su banda.
El escenario se oscurece, piano y cuerdas comienzan para hacer Todo sin vos, originalmente de la comedia musical El loco de Asís. Se suman vientos y la banda, una versión muy de los años 70.
“Estas canciones un tanto especiales tienen que ver con comedias musicales. Esta es para dos personas, para quien quiera; Por qué de Calígula de (Pepe) Cibrián, me gustó compartirla porque es mi cumpleaños, les cuento todo, es una infidencia” (susurra, y la gente aplaude cómplice).
Sigue Desnudar nuestros deseos, luego nos relata: “este año cumplo 50 años con la música, es un poco mucho. Todo lo he compartido con este caballero que está en el teclado y es mi hermano (aplausos). La música es muy fuerte en nuestra familia, Vane es el autor de Falta poco tiempo, la primera canción que canté profesionalmente”, nos introduce, para hacer Vuelvo a estar con vos, “una de las canciones más lindas que escuché”, dedicada a su hermana Marita y acompañada por un gran trabajo de iluminación. Se abrazan los hermanos, largamente, ante el hondo aplauso. “Qué cosa sos, eh. Qué cosa que es la música, qué maravilla ser canal, me hace muy feliz”, nos confiesa mientras se enjuaga unas lágrimas con un pañuelo, para continuar con Dame más, quiero más y cuando nota que la gente corea nos dice “se ve que estudiaron, bien ahí.” Al terminar reflexiona: “El mundo se está cayendo, cantábamos hace 40 años, y lo seguimos diciendo. Tenemos que cuidarlo un poco.”
Luego de Te tengo en casa conmigo la artista agradece al autor de la música: Leo Sujatovich al piano y también a las ejecutantes de oboe y clarinete; para seguir con el clásico Todo me recuerda a ti, que la gente corea despacito. Cuando se acerca al piano, se da cuenta que tuvo un error en la letra, lo reconoce, reengancha, se acerca al borde del escenario para hacer el estribillo con gran potencia, se le perdona todo. Ella agradece por la gentileza.
“La siguiente canción es un poco machista, luego me di cuenta”, nos confiesa, parodiando a su padre que cantaba “contento” con un ligero cambio de letra el bolero Una mujer. Mientras el público corea,la orquesta se transforma en Big Band, un lujo realmente. Tan así que Mihanovich abandona el micrófono y aplaude a sus músicos, agradecida.
Tanto está disfrutando que cuando se percata cuál es la siguiente canción, tiene que empezar de inmediato, con una exquisita versión en portugués de Como nuestros padres.
“Hoy me siento agradecida. Siento que uno de los mejores regalos, sino el mejor, es que alguien que amo y admiro profundamente, ha tenido la gentileza de estar esta noche acá con nosotros. Y es uno de mis regalos para ustedes: Marilina Ross.” Se dan un abrazo, mientras la gente se prepara, sacando los celulares. La invitada se recuesta en un banco alto y se siente la emoción en el aire cuando juntas cantan Honrar la vida, nuevamente de Eladia Blázquez. Esa fragilidad física que nos transmite, junto al profundo significado de la canción, en el contexto político de la vecina orilla; genera una emoción palpable, nos atraviesa. Qué vigencia, la pucha. Ambas cantan abrazadas, al final Marilina se incorpora, se llena de fuerza, interpretan mirándose primero a los ojos y luego juntas las dos, al público. Luego de la ovación, Mihanovich sugiere que Ross también debería venir a hacer un show a Montevideo, la gente la apoya. Se va y Sandra le pide al personal de escenario que deje cerca el banquito, que no se lo lleven.
Para aflojar la emoción, viene el rock de Es la vida que me alcanza, el público explota, todos en los palcos se levantan a bailar, al final nos hace cantar a todos, al ritmo de las palmas. Sandra está exultante, baila, aplaude, se sacude, es una máquina de energía sobre el escenario. “La vida está en otro disco”, bromea entre risas. La gente sigue pidiendo a Marilina, la artista les mira sonriendo como diciendo “qué impacientes, dejen seguir el show” y sigue con Sola en mí, otra canción de musical, que intercala rock y balada.
“Ahora sí, falta una sola” dice Sandra, refiriéndose a la canción del disco que cumple 40 años. La gente abuchea, no quiere que el espectáculo termine. “Quiero agradecer y nombrar a toda la gente que está haciendo que todo esto sea posible.” Saca una lista impresa de varias hojas, y empieza a nombrar a todos los técnicos: luces, sonido, escenario, producción, prensa, catering… luego a uno por uno a todos los integrantes de la orquesta y de la banda. También agradece a María Sánchez, “nuestra hermana, que fue batería y productora en nuestro primer disco”.
Se para en el centro del escenario para empezar a cantar Soy lo que soy junto al sonido de las cuerdas, mientras se disparan miles de pantallas celulares. Una gran cantidad de gente se empieza a parar del asiento, para bailar la potente versión. Mihanovich modifica la letra, ya no dice “para mí y para ellos”, ahora es “para mí y para todos”, señalando a la platea y la tribuna, generando si es posible aún, más conexión con el público. Finaliza revoleando la melena, y recibe la ovación de pie de todo el auditorio. Los integrantes de la orquesta se levantan a saludar, y Sandra aprovecha para nombrar y celebrar a otras personas que también cumplen años ese día.
La gente pide otra y surge espontáneamente otro queloscumplasfeliz, que ella acompaña, mientras la gente sigue gritando por Marilina y Puerto Pollensa.
Mihanovich nos tranquiliza con la canción de cuna La historia de nunca acabar, omitiendo como siempre la última palabra, que la canta el público. “¡Qué osadía la mía! Pensaba que podía decir cualquier cosa”, nos confiesa, entre risas cómplices.
“Tengo un hombre que me quiere hacer un regalo, y no me puedo negar porque es una voz increíble, y una persona increíble, que me quiere regalar una canción, aprovechando que está en Uruguay con su hija: David Lebón”. El cantante sube desde la platea, entre aplausos. Se dan un gran abrazo, luego también abraza a Leo y a Vane. Se le nota genuinamente conmovido, tiene que esperar a reponerse para tomar el micrófono. “Estoy muy emocionado”, confiesa con la voz quebrada. “La conocí en el 69, y desde ese día, estoy enamorado de ella”, dice antes de regalarnos Nos volveremos a encontrar, de su autoría junto junto a Charly García y Pedro Aznar cuando eran Serú Girán. Comienza con voz frágil, mirándola a los ojos, y por momentos logra la gran calidad vocal e interpretativa por la que todos lo recordamos. Al final se abrazan, agradece y abraza también a Marilina al costado del escenario, antes de volver a su lugar en la platea, arropado por el cariño de la gente. Un muy valiente regalo.
¡Puerto Pollensa! gritan por enésima vez, “complacemos pedidos” contesta Marilina riendo. Suena la trompeta y el público alucina, sabe que es el final, ellas cantan abrazadas, mirándose a los ojos e interpretando como si fuera una vieja anécdota, contada de a dos. La gente ovaciona de pie, Ross agradece al público y a la orquesta antes de retirarse.
“Es una de las noches más felices de mi vida, el año que viene vuelvo a festejar los 70” amenaza Sandra, y la gente le festeja. Nos despide con una alegre y amorosa versión en español de María María de Milton Nascimento, canta con todo el público, obliga con un abrazo a saludar a la productora local: Virginia Bruzzone, y al final deja el micrófono y saluda, muy conmovida. Comienza a bajar el telón, pero ella lo detiene, vuelve a agradecer a la orquesta y llama a su banda para hacer juntos una reverencia al borde del escenario.
El público se retira exultante, feliz, pipón de tanta energía, tanta nostalgia y tanto talento.
Un verdadero feliz cumpleaños para todos.











































