
Esa extraña sensación de orfandad
Days of ash, de U2
Para quienes crecimos en un mundo donde la música era importante cuando decía algo -hacía una denuncia, ponía un tema sobre la mesa, invitaba a conocer-, estos son tiempos extraños. Extrañamos a aquel tropel de artistas que proponían asumiendo riesgos. Arriesgaban desde las letras y desde la música. Te dejaban helado con una letra desgarradora en medio de la música que estabas bailando, o desde la letra más trivial te llevaban a explorar sonidos nuevos. Allí están Caetano Veloso y Gilberto Gil, Eddy Grant o Sinéad O´Connor, por sólo nombrar algunos.
Algo de eso se perdió, o ya no sabemos encontrarlo. El hábito a veces nos arruina el gusto. Algunos de nuestros artistas de cabecera nos han dejado en una orfandad terrible. Sting se dedica a dúos tan empalagosos como inentendibles, U2 hace treinta años que suena igual a todo lo que suena en la radio. De más está decir que no tienen obligación de sorprendernos.
El EP Days of ash, editado hace unos días por U2 es una muestra de esa extraña orfandad. Un puñado de canciones de lírica oscura y desolada, envuelta en música que parece diseñada para estadios llenos de fans. Así, las seis canciones como conjunto, sólo tienen consistencia como gesto político. Alzar la voz en medio de la violencia que reina en el nuevo desorden mundial, sigue siendo tan político como conmovedor.
En American obituary los dardos van directo contra la violencia racista del gobierno Trump sobre su propia población -esa población a la que identifica como amenaza por no encajar en el canon anglosajón blanco y protestante. Abre con un riff de guitarra a pura distorsión, y la voz de Bono filtrada de efectos que nos recuerda que justamente, tenemos derecho a guardar silencio, o no. En el mejor estilo de Know your rigths de los Clash a los que una vez quisieron parecerse.
Nuestos niños nos enseñan en quien confiar / lo peor no puede matar lo mejor de nosotros
pero lo puede intentar / america se sublevará / contra los dueños de la mentira. (las traducciones, más o menos libres, son propias)
La letra recupera la tradición de himnos como Sunday bloody sunday, Edge suena filoso bien adelante en la mezcla, apoyado en un bajo que marca las notas con precisión y una batería que descarga sus golpes como si fueran balazos. Renee Good nació para morir libre, y esa es la dolorosa verdad que Bono recita con una voz mecánica, como cuando leía In cold blood, su lejano poema sobre las matanzas de Sarajevo. El estribillo va a ser uno de esos que estadios del mundo cantarán a coro, si es que hay gira.
En The tears of things, envuelto en guitarras acústicas y bajos profundos, el poeta se toma la libertad de hablar con dios padre -estos irlandeses, le hablan a lo que se le cruza- para preguntarle si lo que escucha es su voz o son las lágrimas de las cosas. Es una historia que no tiene comienzo, y de la cual no veremos el final, pero sus horrores están siempre presentes, en la mirada del David desnudo, en shock tras la caída de Goliat, en la locura del hombre encerrado y sacudido hasta que la ira lo domina por completo. Mientras tanto, las cosas -el mundo, la humanidad, quien quiera que sea- solo puede llorar lágrimas que no se detendrán.
Song of the future, alejada de toda distorsión es quizá la más luminosa del EP. Dedicada a Sarina Esmailzadeh, una iraní de 16 años asesinada a golpes por las fuerzas de seguridad durante las protestas de 2022. Ella es la canción del futuro. A veces el dolor se transforma en una forma rara de esperanza. El costado religioso -admitámoslo, mesiánico- de Bono brilla en el tema.
El terrible recitado de Wildlife peace –Sé que sé cómo matar y eso me hace un adulto- funciona como apertura de One life at a time. No hay una canción del futuro sino el llanto desolado por las masacres -Palestina, Ucrania, Siria…- impunes, cometidas por quienes creen que si una vida interfiere en sus planes, se puede eliminar. La pregunta que cierra, es un tajo abierto en el oído. Si no hay ley, no hay crimen. ¿No hay? Me quedo pensando en el cierre de Dinh Hug juglar, (Viglietti, Numa Moraes, 1972) Ahora olvida si puedes, olvídala.
Yours eternally (con Ed Sheeran y Taras Topología) vuelve, más melódica y menos estridente a la fórmula del himno que enciende estadios. Radio friendly como pocas, recorre los lugares habituales de un llamado a no desesperar, a no sentirnos solos. Aunque lo estemos.
Sónicamente, Days of ash un EP está a años luz de ser revolucionario. Es una de las bandas de estadio más grandes de los últimos 35 años haciendo lo que más sabe hacer, canciones que se pegan como un chicle, pero -aquí la orfandad- que jamás se nos van a meter bajo la piel. No hay riesgos, ni un gramo de experimentación, ni un paso un poco más allá. Algo que de veras desafíe.
Líricamente, el EP recorre caminos que ya ha recorrido: la locura de toda guerra, la denuncia de los abusos del poder, el abrazo a los mártires de los derechos civiles, el imperialismo yankee y sus crímenes.
Entonces ¿qué hay de nuevo? Nada. Days of ash se inscribe en una tradición que no le es ajena. Tiene la contundencia lírica de Bullet the blue sky o Running to stand still en la denuncia social, y nada más. Las letras tocan esa fibra donde vibran a la vez la soledad más espantosa y el sentimiento de pertenencia más grandioso. Ante la violencia y la locura de estos tiempos, hablarle a la humanidad que nos queda, es siempre bienvenido. Aunque la música solo repita un mar de sonidos estandarizados ya escuchados mil veces.
Son seis canciones lanzadas al inicio de la cuaresma. Esos cuarenta días de ceniza antes de la pascua de resurrección. Solo que esta vez, no parece que vaya a haber un Cristo salido de ninguna tumba que pueda inyectar a lo que fue una música poderosa, algo de energía.

























