
LAS PELOTAS en Sala del Museo con su 6×6
Un repaso emocional por 36 años de canciones
Horas después del show, la banda dejó en sus redes una frase que condensaba lo que había pasado en Montevideo, como si buscara fijar en palabras la intensidad de la noche “Este fin de semana en La Sala del Museo fue una fiesta total… Uruguay, siempre es un placer volver a encontrarnos”. Y fue mutuo. Lo que pasó el sábado 29 de noviembre tuvo la energía de un reencuentro. Las Pelotas regresó para presentar su gira “6 x 6”, una celebración de 36 años de ruta, discos, pérdidas, resistencias, amistades y todo lo que se acumula cuando una banda atraviesa épocas enteras sin soltar su identidad.
No se puede hablar de Las Pelotas sin que asome la sombra luminosa de Sumo, ese lugar donde todo empezó. La historia viene cargada; la caída de la dictadura, la apertura tímida de los ‘80, la figura de Luca Prodan como un faro contradictorio y ese grupo de músicos que fue armando otro proyecto cuando la muerte los obligó a reacomodar el mapa. Las Pelotas nació en un país que estaba tratando de entenderse a sí mismo, en un momento en que la música era terreno de lucha, de expresión y de desahogo. Tal vez por eso su manera de contar el mundo quedó marcada por la ironía, la furia, el desencanto y esa ternura que aparece cuando menos la esperás.
Treinta y seis años después, esa carga histórica sigue presente. Y Uruguay siempre es un territorio amable para ellos. Desde las primeras giras en los ‘90 hasta los recitales más recientes, supieron generar un lazo natural con el público local. Hay algo de espíritu rioplatense compartido, una sensibilidad que se cruza en la forma de tocar, de escribir y de cantar. Este sábado en Sala del Museo —aunque ya han pasado muchas veces por Montevideo— tuvo ese abrazo de bienvenida que solo los afectos de larga data lo provocan.
La Sala del Museo ayuda; tiene ese equilibrio entre comodidad, acústica y cercanía que hace que cualquier show se sienta íntimo, incluso cuando lxs presentes son varios cientos. Me gusta esa sensación de estar a un par de metros de la historia; de ver de cerca a músicos que llevan décadas viajando con sus canciones y que aun así pisan el escenario como si siguieran tocando para amistades en un sótano.
La noche empezó puntual en su ritual, la apertura de puertas fue a las 20:00; a las 21:20 las luces bajaron y lxs músicos salieron sin mucho protocolo a brindar lo suyo, arrancaron con “Desaparecido”, un tema que abre heridas y preguntas. En la pantalla del fondo desfilaban fotos de lxs desaparecidxs de la última dictadura argentina. Ese cruce entre música y memoria abrió un primer golpe al pecho, mientras la banda ajustaba los últimos detalles del sonido antes de que la lista empezara a desplegarse en serio.
El repertorio siguió con “Ya no estás”, una canción que trata de esa búsqueda de volver a tender un puente hacia lo que se perdió; luego “Qué podés dar” y ahí se da la primera interacción de Germán con el público “Cómo están mis queridos, tanto tiempo. seguimos aquí, festejando nuestros 36 años” y al instante continúan el show con “Día feliz” ; cantada por un invitado permanente de la banda, Gabiel Dahbar cantante de la banda Argentina; Caya Canaya y amigo personal de Germán Daffunchio , la que siguió fue uno de sus himnos; “Víctima del cielo” — con esa forma tan pelotera de hablar del dolor sin solemnidad—, la lista continuó con “Como el viento”, “Siempre estará”, “Ya lo sabés”, “Es Clara” y “Personalmente” —una puñalada suave que siempre toca fibras internas—, a continuación las elegidas fueron “Saltando”, “Los dos”, “Si supieras” y “Hola qué tal”. En esta última apareció Emiliano Brancciari, recién llegado de México, con esa energía de quien se suma a la fiesta de amigos, directo del aeropuerto a la sala. Bastaba mirarlo para darse cuenta de que no estaba ahí solo por la invitación, sino que había algo de admiración en su manera de compartir el escenario.

La segunda parte del show llevó la atmosfera hacia otros rincones: “Veo llover”, “Hasta el fondo del río”, “Para qué”, “Corderos de la noche”, “Orugas”, “Nunca me des la espalda”, “Sin hilo”, “Capitán América”, “Cómo se curan las heridas” y “Cerca de las nubes”. Para ese momento la sala ya agradecía el retorno visualizando el final del show, Daffunchio, con una sonrisa que mezclaba sorpresa y cariño, lo reconoció y largo un: “¡Qué grande Uruguay, qué agite! Muchas gracias, nos encanta venir, Uruguay”. Esas palabras brotan de un vínculo tejido recital tras recital, durante décadas. Uruguay siempre fue una parada fija en las giras y últimamente la Sala del Museo se convirtió en su lugar elegido
Cuando parecía que el final estaba sellado, el clásico pedido de “otra” hizo que regresaran. Y en esa vuelta tocaron “Bombachitas rosas” y “Shine”. Pero la noche todavía guardaba un último gesto; el cantante NTVG Emiliano B. volvió a subir para acompañar en “El Ojo Blindado”, ese himno que ya es parte de la memoria musical latinoamericana.
Hay algo lindo en ver cómo una banda con tanta historia sigue juntando generaciones. Gente de treinta y pico, cuarentones, gurisxs, familias enteras… todo mezclado como si las canciones fueran parte del ADN.
Y fue ese público, veterano y joven a la vez, el que terminó de cerrar la noche. Sin pogo descontrolado, pero con admiración y complicidad profunda, la que se veía en las miradas y en la forma de habitar el espacio. La procesión iba por dentro y se notaba!
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