
Este viaje no empezó el sábado a las 21hs. En realidad era algo que venía amasándose desde aquellos cassette de Traidores, escuchados con bronca adolescente en madrugadas de pueblo. Y siguió con los CDs de Buenos Muchachos, que sonaban en las juntadas un poco más ordenadas, quizás porque ya empezábamos a hacer las paces con la adultez. En resumidas cunetas, lo cierto es que sábado todo se conjugó cuando arrancó la primera función de Suma Camerata en una Zitarrosa, llena hasta el suspiro. La noche inaugural de un par, ya que al día siguiente la historia continuaba, con una segunda función tan prometedora como esta.
Claro que no estaban solo los reconocidos; Juan Casanova, Pedro Dalton y Luciano Supervielle. Había una orquesta de diez artistas dándole forma al rito. Cuerdas que tejían en voz baja, un espíritu camerístico, íntimo y sereno, como si el rock uruguayo se sentara a conversar bajito con la música de cámara.
Lo interesante de esto es que Suma Camerata nació en esa misma sala, allá por el año 2022. Contado por sus protagonistas; lo que empezó como un experimento de prueba, terminó por convertirse en un proyecto artístico impresionante. Un cruce generacional donde el cancionero de las bandas madre se reescribe con notorias variantes armónicas. Hay que tener presente que no es una espacie de tributo a Los Buenos, Traidores ni a algunos de los proyectos de Luciano, es una especie de relectura y puesta en práctica con sello Suma Camerata. donde Supervielle desde los teclados, dirige a la orquesta y arma los arreglos con precisión quirúrgica y de espaldas al publico, siempre atento para dar las coordenadas exactas al resto de la banda.
Las entradas agotadas, las funciones duplicadas y un disco grabado tiempo atrás en el Sodre, hablan por sí solos. Y dan certeza que algo definitivamente está empezando a tomar forma, podríamos decir una especie de consolidación con bases firmes del proyecto SC.
Todo muy elegante, desde la propia sala con sus luces a media tenues, el clima señorial nos preparaban para que minutos después de las 21, sin anuncios, apareciera la orquesta compuesta de 10 componentes. Enseguida fue Luciano el primero de los tres en entrar, seguido por Pedro y luego Juan a con segundaos de diferencia; sobrios y sin mediar palabras, apenas unas sonrisas tímidas. Se entendió rápido el mensaje…. manos a la obra, que menos en más!
Ta arranca la primera canción que fue un homenaje; Avenida de los Ginkgos, en recuerdo a Tüssi Curbelo, voz de La Hermana Menor, quien se fue hace apenas unos meses. La sala responde con un silencio respetuoso y generalizado. Después llegó En el Limbo, un clásico de La Vela Puerca, en una versión impecablemente lograda y precisa, con Juan Casanova en la voz con us clasica mano derecha levantada acompañando la musicalidad y la poesía de la letra. La tercera parada, Las Toscas, tema original de Juan y Luciano e interpretado por ellos. Una primera señal de que Suma Camerata empezaba a encontrar su propia voz, sin repetir viejas formulas y aprovechando el acumulado con la clara intención de abrirse camino.
La propuesta escénica tuvo su propio ritmo, Casanova y Dalton se van turnando, cuando uno canta, el otro sale del escenario. A veces se cruzaban y otras se acompañaban . Un dinámica distinta, que logra amigarse con el contexto lirico que la propuesta ofrece.
EL show continuó con Pedro y Luciano ejecutando una versión ajustada de No soy un extraño, de Charly, seguida por ¡A dónde van los pájaros?, creación de Luciano, una especie de versión serena y armoniosa.
Juan volvió con dos himnos de Traidores: Flores en mi tumba y Como una plegaria, esta vez acompañados por cuerdas de orquesta las que me hicieron acordar a las versiones sinfónicas del disco En la profunda noche. Un discazo que todavía me emociona cada vez que lo escucho. Todo encajaba!!!
Siguieron con Pócima, otra original del trío. Después llegó Sabelo, instrumental con Supervielle al frente marcando el rumbo, mientras la orquesta se acomodaba solemnemente . Casi a mitad del shpw, Luciano se quedó solo en escena para Soltar tu mano, la única que canta en solitario. Momento íntimo y necesario a esa altura de la noche.
Pero la cosa seguía; así que llegó el turno de Funeral de la planta, de 3Pecados, con Pedro y Juan compartiendo micrófono. Y de ahí, el salto natural con olor a Buenos Muchachos. Mi rincón, Antenas rubias, Y la nave va. Todas recitadas por Dalton, quien a veces parece que dice las cosas como si estuviera dándole forma en el mismo instante, otras parece que desafina, pero siempre suena a él. Y ese es su sello que lo hace fundamental de nuestra música. Personalmente creo que es el que mejor sabe crear atmósferas densas y oscuras en el escenario, donde la melancolía se mezcla con el rock sin necesidad de utilizar el cotillón que tanto abunda.
La que siguió fue Baldosas mojadas, compuesta e interpretada por Luciano, conocida por Bajofondo, esta vez con Juan a su lado. Una canción prolija que se concentra en lo esencial.
Siguió el viaje con Índios, de la banda brasileña Legião Urbana y una advertencia antes de empezar, Casanova largó: “uhhhh… esta sí que es difícil de cantar”. El público acompaño con risas. Y sin dar tregua fue el momento de Data, escrita entre los tres: Casanova, Dalton y Supervielle pero cantada por Luciano. Y a esa altura ya vislumbrándose el inicio del tramo final.
Fue la hora de Animales de Poder, de una banda joven e intensa, formada por Agustina Santomauro, Eloísa Avoletta y Julia Somma. Versionada con arreglos de cámara, era una garantía de éxito, y así fue, sonó fuerte y poderosa. Una bomba.
Licor de los sistemas es una de las inéditas del grupo. La cantó Pedro, quien en un momento sacó el megáfono para tirar unas magias bien a su estilo. La orquesta empujando fuerte y los arreglos con esa firma inconfundible de Supervielle subieron los decibeles. Hasta que llegó la hora de Caos, también de autoría del trío y otra de las nuevas composiciones de la banda.
Cerca del final, Juan sacó un papel y se tomó un momento para agradecer al equipo de la sala: al personal de sonido, a las recepcionistas, a quienes manejan las luces, y en especial, a cada integrante de la orquesta, a quienes saludó unx por unx. El público acompañó con aplausos sinceros, porque la verdad, la rompieron. Fue un gesto genuino; lxs miraba a los ojos y lxs fue nombrando, lograba que cada quien recibiera su propio aplauso. Fue un lindo memento de la noche!
La última anunciada fue Palomas, de Eduardo Mateo. La tocaron los tres. Versión de cámara impecable, sin apuro y con el virtuosismo de Luciano en los arreglos. Sutil, fino.
Y antes de que arrancara el griterío del bis, Casanova largó: “Vamos a cantarles una más así no joden más”, con esa mezcla humor seco y honestidad que lo caracteriza. Y sí, vino una más. Miles de pasajeros, compuesta por Luciano y cantada a tres voces para dar un cierre a la altura de lo vivido.
El final tuvo todos los chiches. Abrazo largo entre los tres (Luciano, Juan y pedro), aplausos largos que no terminaban mas, la clásica foto final desde el escenario para registrar el momento con el publico y una lluvia de agradecimientos dede todos los sectores de la sala, generalizado y mecido a la vez.
“La lluvia cae sobre Montevideo”, cantaban los Traidores, el sábado fue la niebla la que bajó silenciosa y densa. Entre esa bruma quedó la música de Suma Camerata, un puente entre ayer y hoy que seguramente tendrá más capítulos. Por suerte!
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