
La dramaturga y actriz Josefina Trías, encarna el personaje de Clara, la adolescente y protagonista de “Llamaste a Walter”, una comedia repleta de ironía, que narra la vida de una familia durante la crisis de 2002
La comedia dramática, bajo la dirección de Vachi Gutiérrez, se reestrena en la Sala Zavala Muniz y cuenta con el papel protagonista de Josefina Trías.
Una familia clásica, de cuatro miembros (la propia Trías, siendo Clara; Agustín Martínez Cuello, el hermano mayor; Fernando Canto como padre; y Jenny Galván como madre) en el marco del programa “Clara en el Solís”. Este incluye también “Terrorismo emocional”, otra obra de la dramaturga.
Ingreso a la sala Zavala. Así, a primera vista, no veo apenas espectadores. Mando un par de mensajes pendientes, levanto la cabeza y, sin siquiera haberlo notado antes, percibo mucho murmuro. Me descoloca. El móvil me ha desconectado tanto que no me he dado cuenta que la Zavala está llena, del todo. Me aparto un poquito, una pareja se sienta a mi lado. Se les ve muy contentos. Hacía tiempo que no iban al teatro. Escogieron esta comedia de Josefina Trías. Más contentos estarán al salir, pienso. Tópico, vale, lo reconozco; pero al final es la magia del teatro, ¿no? Nos remueve. Nos atrapa. Nos hace recordar y, quizás, tomar conciencia de algo. Y no sé, hoy tengo esa intuición. Más que nunca. Mensaje de advertencia para apagar los celulares, y las luces se van atenuando.
En un oscuro total, entran, decididos, los seis personajes. Se disponen frente a la grada, se encienden los focos y suena una música. Animadísima. Bailan, cantan, enérgicos, armando un despliegue de movimiento súper alegre. Un freestyle que, repentinamente, -así, del mismo modo en qué aparecieron- , se para.
Tin Gardil, Rodrigo Curbelo – “Llamaste a Walter”
Pero no he parado de sonreír. Dos de los integrantes del elenco, -Agustín Gardil y Rodrigo Curbelo, ponen la música en escena, y toman asiento en el set. Tambores, dos guitarras, y más instrumentos. También hay paneles, mesas y bancos que se pueden mover. Lo aprovecharán todo. Están a punto, y el attrezo, preparado. Sencillo pero cuidado.
Se dibuja lo que será la obra. Una familia de cuatro; madre, padre, hermano y hermana. Clara es la pequeña, la adolescente de 15 años, soñadora, libre, inquieta, curiosa, emocional. Y en esto último reside, a mi parecer, gran parte del mensaje. El “táper emocional” que es su hermano, y, indirectamente sus padres. La familia de Clara podría reflejar perfectamente una familia normal. La tuya. La suya. Y la mía, claro.
El contexto del relato es la crisis económica del 2002. Hay diálogo, monólogo, canciones, música, sonido ambiente. Ruidos y mucha energía. Los seis desprenden fuerza, y homogeneidad. Tanto Gardil como Curbelo serán actores y aunque como músicos no tengan un discurso, Clara los acogerá y los hará partícipes de la historia, en todo momento.
Clara es la sensibilidad. Es el humor. La célula madre. Y su familia los planetas de su sistema. Aquí Josefina encuentra un modo de comunicar con el que, a través de su actuación, causa bastante impacto entre el público, y logra captar nuestra atención. Un personaje que interpreta sus ideas, las lanza, de manera genuina; y me llegan. Me traspasan. Puedo decirlo, sí.
El padre no tiene empleo; y Walter es la persona que, a través de una llamada que no es fructífera, lo esperanza con un proyecto que puede salvarlo de una situación económica complicada. La madre intenta sustentar a sus hijos con un sueldo irrisorio, que mengua, y es cada vez menor; y los chicos, estudian en un colegio privado, que ya no se puede costear. A priori no les ha faltado nada nunca, pero empiezan a nadar a contra corriente.
Todo puede cambiar. De un momento a otro. Aquí está la gracia. Pero calará más fuerte si puedes identificarte con lo que está pasando en escena. Y si has vivido esta etapa de crisis en tu familia, siendo padre, madre, o hermana, más aun.
Clara es soñadora. Quiere ser escritora. Sueña con serlo. Me abrazo con eso, mi padre se guardaba algunos escritos que hacía, las historietas sinsentido que me inventaba. Decía que algún día podría escribir. Me encantaba la clase de lengua. Sería un bicho raro, ¿o qué? ¿Cómo lo veis?
Josefina se hace muchas preguntas, no para quieta. Intenta pedir consejo, todo el rato. Lógico, es una chica de quince años, no sabe aun por donde tirar, ni qué será lo que verdaderamente podrá hacerle feliz. Se topa entonces con una crisis que azota a sus padres y tendrá que adaptarse. Todos formamos parte de un mundo que tambalea. Constantemente. No existe ninguna normatividad, ningún mandamiento que sea lo suficientemente clarificador como para hacernos creer, falsamente, que vivimos en un sistema inamovible. Irá mutando, poco a poco -o no- y jugará con nuestros sentimientos y nuestras esperanzas.
Termina cumpliéndose mi intuición. Creo. Walter no logra rescatar a Clara y su familia. La llamada y el fracaso se encuentran, con el desespero de Gustavo, el padre. ¿Pero y si sí? ¿Y si lo intentamos? Eso de llamar a Walter, me refiero.
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