
A Víctor Landes
Hace no muchos años, le comenté a un amigo uruguayo, que tiene desde hace décadas una dísquería en Buenos Aires, mi próxima asistencia, y la razón de mi viaje a la capital cultural del Cono Sur, a un recital de Steve Hackett, guitarrista de la época más gloriosa de Genesis. A lo que mi amigo me preguntó:
¿Tiene sentido escuchar música como la de Hackett hoy?
Su pregunta formaba parte de una “pelea”, más parecida a una broma que a otra cosa, según la cual él asume el papel de rebelde y yo de dinosaurio.
Pues, “el espíritu en la escalera”, ese que acude horas después del desafío con la respuesta adecuada, me impidió responder en el momento; luego llegó lo que debería haberle dicho: por supuesto, vale la pena asistir a shows de músicos con 40, 50 y hasta 60 años de carrera. No son solo supervivientes, ni siquiera tan solo historia viva: cualquier ser humano, en cualquier trabajo, que dedique su vida a una actividad durante tanto tiempo. Son fenómenos de persistencia, atletas de la voluntad, equilibristas sin la red de contención que brinda éxito comercial o el reconocimiento que llena estadios, guiados tan solo, o más que nada, por la llama artística que en ellos sigue viva.
¿Cómo no admirarlos? ¿Cómo no sentirse orgullosos de formar parte de su tribu?
Si además, se me ocurre, la alternativa es que solo escucháramos atrocidades musicales como la que infestaba el ómnibus que me llevaba a Montevideo Music Box, ese recinto diríase que santificado por tanta música, tanta convivencia sagrada, entonces ¿no sería esa la mejor razón para asistir a géneros tan equivocadamente pensados ya muertos?
La supervivencia, al fin y al cabo, no es solo de los músicos. Nos salvamos todos o no se salva nadie.
Como sea, aunque cierto segmento, muy minoritario, de Montevideo viva recibiendo los últimos coletazos de los primeros exponentes del género, solo podíamos recibir con los brazos, y las bocas, abiertas a una banda mítica como Uriah Heep.
Uriah Heep, como el personaje de David Copperfield, la novela de Charles Dickens. Ese es un dato a esta altura tan conocido que a uno le parece demasiado evidente aunque, quién sabe…
En todo caso ni siquiera la cita con el grupo parecía ser del conocimiento de muchos. Allí, momentos antes de empezar el show, el público no alcanzaba los 200 asistentes, la mayoría hombres con edad suficiente para haber escuchado los primeros discos, allá a principios de los años setenta, cuando salieron. Algunos jóvenes de ambos sexos también, lo que por cierto alimenta la esperanza.
La escasa concurrencia incluso motivó el comentario de Bernie Shaw, el vocalista: “este es casi un concierto casero, pero está todo bien, no importa si son 200 o 2000” y, una vez más, esa vergüenza propia y, supongo que compartida con la mayoría de los presentes, de mostrarnos tan apáticos, tan poco interesados en recibir artistas como esta banda de mega culto, con 25 álbumes de estudio y más de 40 millones de discos vendidos fue borrada por la buena onda de la banda.
La cita tuvo que retrasarse por espacio de casi una hora, para que el número de asistentes superara al de un ómnibus en hora pico al menos, pero la ocasión fue buena para disfrutar de la barra de tragos de MMBOX y protestar juntos contra la apatía del público roquero (la falta de cabeza”, afirmaba algún fundamentalista recordando las 1400 personas que vieron a KISS cuando, apenas una semana después, el mismo parque Central recibió 14000 en un show de Romeo Santos, etc.). Casi cumplida la hora, salieron a escena los “jóvenes” miembros de una banda legendaria, a estrenarse ante lo que quedaba del público uruguayo educado por “Meridiano Progresivo”, el programa fundamental dirigido por el desaparecido Deqo Núñez, de quien precisamente ese día se cumplían años.
Lejos de amilanarse por la poca concurrencia, los ingleses actuaron con toda la actitud, igual que si estuvieran no en un boliche de una ciudad en la periferia del mundo sino en el Wacken, ante 100.000 personas, como ya han hecho.
El setlist fue idéntico al que vienen haciendo desde el comienzo de la gira, igual al que tocaron por última vez el 27 de febrero en Bexhill, Inglaterra, y que recoge 8 de esos 25 discos, desde el 2023 hacia atrás, llegando incluso hasta …Very ‘Eavy …Very ‘Umble, disco de 1970, cuando todavía grabaron algunos temas bajo el nombre de “Splice”, la denominación anterior de la definitiva Uriah Heep.
La alineación actual del grupo está compuesta por Mick Box en la guitarra, tocada la mayor parte del tiempo con una sola mano en una especie de “yapa”: ver no solo todo lo que toca el único miembro que está desde los orígenes de la banda, reconocer en sonidos que tienen 50 años otros tantos que se usaron mucho después que él los creara, sino que además asistir al conjuro del artista sobre su instrumento. La mano libre de Box viborea sobre el mástil de la guitarra, efectúa un pase que la otra mano, y el pie sobre el pedal, convierten en sonido.
A su lado, un frontman de lujo: Bernie Shaw, quien ingresó en 1986 en reemplazo de Steff Fontaine (los despidos en el rock son frecuentes, casi siempre a consecuencia de actitudes dignas de Spinal Tap). Shaw tiene la voz exacta para el estilo de los Heep: operática, épica, enriquecida además por la actitud. Lejos de la crispación que para muchos es un distintivo del género, el vocalista sonríe, anima, convoca la participación del público pues después de todo una noche de rock es, también, una fiesta.
Complementa de manera impecable una base rítmica, sólida como ráfaga de ametralladora, armada entre el bajista Dave Rimmer y el baterista Russell Gilbrook, autor además de “Hurricane”, que sonará en algún momento de la noche. Por abajo, brindando un sutil colchón sonoro, Phil Lanzon en teclados aumenta los matices tímbricos del sonido Heep.
La gira lleva el nombre de “The Magician’s Farewell” (La despedida del mago). Otra vez la figura del mago, como el que invocaron en 1972, tal vez el mejor año del grupo, cuando en pocos meses lanzaron dos álbumes fundamentales de su discografía: Demons and wizards (en mayo) y The Magician’s Birthday (noviembre del mismo año), ambos con las bellísimas portadas dibujadas por el gran Roger Dean.
Sin embargo, aclara Shaw durante un intervarlo, el nombre de la gira no significa que esto sea una despedida. No nos vamos a separar, aclara. Un pintor no se despierta un día diciendo “no quiero saber nada más con los cuadros”, un escritor no dice “no quiero escribir más”, asegura. “Solo vamos a hacer las cosas de una manera más despacio para que el viaje sea más largo”, finaliza antes de que empiece la próxima canción.
Cuando llega el final, una hora y media después del inicio, se despiden con “Easy Living”, tal vez el mayor suceso de la banda y, sin dudas, el más conocido gracias al trabajo del gran Deqo.
Afuera la noche está fría. Los que hasta esa última nota fuimos una pequeña y menguante tribu nos apuramos en regresar a nuestros hogares, otros a refugiarse en algún bar, todos envueltos por la tibieza de los tiempos idos y los amigos ausentes.
Lista de canciones – Álbumes a los que pertenecen (año de publicación):
Grazed by heaven – Living the dream (2018)
Save Me Tonight – Chaos & Color (2023)
Overload – Wake the sleeper (2008)
Shadows of grief – Look at yourself (1971)
Stealin – Sweet Freedom (1973)
Hurricane – Chaos & Color (2023)
The Wizard – Demons and wizards (1972)
Sweet Lorraine – The Magician’s Birthday (1972)
Free ‘n’ Easy – Innocent victim (1977)
The Magician’s Birthday – The Magician’s Birthday (1972)
Gipsy – …Very ‘Eavy …Very ‘Umble (1970)
July morning – Look at yourself (1971)
Bis:
Sunrise – The Magician’s Birthday (1972)
Easy livin’ – Demons and wizards (1972)
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