
Al acomodarnos en la sala oscura, veíamos caer una lluvia de luces rojas sobre un jarrón inmenso en el centro del escenario. Solo el jarrón. Al frente ¿Un objeto místico o de deseo? La banda acomodada en una perfecta media luna en torno a èl. No era el cantante principal. No era el frontman, ni el recuerdo de un pasado. Esas luces apuntando a ese lugar exacto, nos decían donde debíamos poner toda nuestra atención. Desde allí, esta noche, nacerían la música y las canciones. Simplemente un Sortilegio. Fue el punto absoluto desde donde emergió el esperado segundo disco de Mandrake Wolf y los Druidas.
Es algo extraño. Siempre, como dijo el propio Mandrake, un segundo disco es difícil, complicado, pues en la cabeza de todos está el instinto de superación, esa leve magia hacia el paso siguiente. Hay que sumarle todo lo que sabemos, todo lo que hemos pasado. Hay que ponerle sal, magia y misterio a un puñado de canciones que fueron construidas antes del tsunami que nos tapó. ¿Premoniciones? (Están pasando los días). Vaya uno a saber. Pero llegado el caso, tampoco importa tanto. Fue extraño escuchar esas letras ahora, todos juntos, en el pleno despegue de nuestros deseos. Escuchamos canciones que se anticiparon al presente. Pensar eso es extraño. Solo basta repasar las letras detenidamente.
La banda es un despelote. Son un infierno, van desde el suelo etéreo ( Los lugares queridos, en la intro), al rock visceral de todas nuestras virginales madrugadas. Si, aquellas. Hay vals, hay rock duro, hay hambre, hay sueños. Mandrake sigue metiendo en las letras lo cotidiano, lo callejero y su modo particular de ver las cosas, de verlo todo. Si la hago corta y sin tanta poesía: son canciones de Mandrake vestidas con finas ropas de Rock and roll.
Una banda exquisita para el barco en que deciden viajar los Druidas. Nacho Iturria: guitarras, voz (…y climas esotéricos). Nacho Echeverría, bajo, power y voz. Fede Anastasiadis, bata, voz, armónica (en la maravillosa, alucinante e imparable versión de “Si no me hubieses conocido nena”, gracias Cohen ¡¡¡). Gurises ese tema aun me da vueltas en el coco. La mágica participación en teclados de Nacho Gutiérrez, que toca como si en lugar de teclas se manejara tocando un repique.
El toque despegó después del primer tercio, y no fue porque algo estuviese mal, ni que los temas no empujaran. Sencillamente es que toda banda necesita tocar y este parate de mierda nos desencajó a todos, público y músicos. Arriba del escenario se fueron empastando, la cosa fue creciendo hasta volverse sanguínea. Todos esperábamos eso, ellos y nosotros. No pregunté, pero luego de tocar las veintidós canciones que tocaron, estoy seguro que ellos también se quedaron con ganas de más.
Los subtítulos de la nota si los ponemos en contexto, con las letras de los temas en cuestiòn, nos darán la pista de los caminos que sigue la banda y el propio Mandrake. Seamos brujas y brujos rondando los bosques de Biarritz, seguro encontramos a Lucía y a Pepeu. A escuchar el disco, sin autocompasión. Disfrutemos.
Gracias a Mandrake y los Druidas por la mùsica. Salú.
Los temas: Los lugares queridos- Estàn pasando los días- Los demàs- Por la calle de la fantasía- Fetal (Mandrake-Nasser)- Black Church- Yo ya no estoy- Cabeza amarga- Hay una bruja en el bosque- En la casa fría- Malditos números- Vida -Un techo de estrellas- Cómo brilla el sol- Estos son los días -Aunque estemos mal – Sin no me ubieses conocido nena -El camino de la babosa- Hacete cargo de ti- Revolotear de Gavilanes (estreno)- Hombre rana- Cardenal colorado.
fino.
Presentación de Sortilegio- Mandrake y los Druidas -La Trastienda – Montevideo 29-10-2021- fotos: Maximiliano Irrazabal

















































