
El pasado lunes 5 de diciembre José Miguel Conejo Torres, más conocido como Leiva, se presentó en La Trastienda Montevideo. Es la segunda vez que el madrileño actúa en nuestra ciudad, ya lo había hecho en 2019 en esta misma sala.
Leiva alcanzó notoriedad en nuestro país más por su colaboración con Joaquín Sabina que por su carrera personal de más de veinte años en la música. Primero fue parte de la banda Pereza con la que grabó seis discos y desde 2011 ha emprendido su camino solista. Él dice que llega a Montevideo a convencer y no a conquistar, y los convencidos cada vez somos más.
Desde su primer trabajo discográfico en 2012, llamado Diciembre, ha publicado seis discos, el último, editado en 2021, Cuando te muerdes el labio, es el que da nombre a la gira que lo trajo aquí luego de casi un año recorriendo buena parte de España y Latinoamérica.
La noche del 5 de diciembre fue calurosa en Montevideo, a las 21 h La Trastienda estaba prácticamente llena, apenas unos pocos quedaban afuera fumando el último cigarro antes de entrar o simplemente esperando a alguien que venía con retraso. Unos quince minutos después subía la banda de nueve músicos, incluido Leiva en voz y guitarra. Pocas palabras y mucha música. Una sola canción, su éxito, «Terriblemente cruel», con más de cincuenta millones de reproducciones en Spotify, bastó para ponerse al público montevideano en el bolsillo, luego, como una rockola imparable siguieron «La lluvia», «Infinitos», «Animales», «Guerra mundial» y «Lobos».
Finalizado este primer bloque Leiva dio las buenas noches a todas y a todos, expresó su alegría de que en la sala hubiera más gente que la primera vez, valoró el esfuerzo económico hecho por la concurrencia, y dedicó el show a Gustavo Zerbino, uno de los sobrevivientes de La Tragedia de los Andes y uno de sus héroes personales. Leiva siempre estuvo interesado en esa historia y cuando le comentó a Esmeralda Escalante, su nueva cantante, lo que significaba esa historia para él, ella le comentó que Zerbino era casi un tío para ella, por lo que coordinar conocerlo, invitarlo al show y rendirle tributo fue todo uno.
El recital continuó con «Premio de consolación», que comienza con la bella voz de Esmeralda a la que se acopla el español, que más adelante pedirá un aplauso para ella, que se incorporó en esta última etapa de la gira sin conocerlos y se insertó rápidamente al grupo. Esmeralda desde el escenario transmite energía, seducción, su felicidad contagia y nos hace cómplices.
La banda disfruta, los vientos tienen su propia fiesta, el percusionista, una suerte de Rambo simpático, exhibe una sonrisa permanente, gozan tocando y ese gozo se derrama hacia el público, del lado izquierdo del escenario, a su derecha, el bajista alterna entre un Fender y un Hofner igual al de Paul, a su lado Juancho, el guitarrista, hermano de Leiva. Ambos funcionan como un pilar poderoso que se completa con la solidez de un baterista que desde el fondo del escenario parece anclar todo el sonido de la banda.
La música sigue y es el momento de las series en el recital con «Stranger Things» y «Breaking Bad». Vuelven los agradecimientos para dar entrada a «Sincericidio», el público corea «Te quiero con las alas rotas», decenas de celulares se enfocan al escenario, filman, fotografían, extienden el ojo, intentan preservar el instante, reclaman el testimonio de haber sido parte de la fiesta.
El recital continúa con «Superpoderes». Leiva pregunta al público «¿cómo están?», mientras alguien manipula cables detrás de él, explica que algo se ha roto e intentan arreglarlo. «Definitivamente se ha roto, pero estamos aquí para celebrar», afirma y aprovecha el momento para contarnos que estuvo una semana en Montevideo y después de tanto tiempo de gira se agradece la familiaridad, la que le brindó la gente de No te va gustar, que lo fueron a buscar al aeropuerto, lo recibieron en su sala de ensayos, le hicieron un asado y le pusieron vientos a una canción que venía masticando en el avión. Se habían conocido un tiempo antes, en la entrega de los Grammy latinos, hubo empatía y decidieron encontrarse cuando viniera a Uruguay. La química brotó naturalmente. «Nos han cuidado, nos han dado de comer, estamos condenados a ser amigos», cuenta Leiva.
El recital prosigue con el sonido disco de «Flecha» la segunda canción de su nuevo disco. Le sigue «Diazepam», la canción que canta con Natalia Lafourcade. Cada una de las canciones del nuevo disco está acompañada de una voz femenina referente de Latinoamérica, menudo trabajo le ha tocado a Esmeralda, poner voz a un puñado de canciones interpretadas por algunas de las voces más importantes del continente, la argentina, esa que ama al Uruguay, sale airosa.
Llevamos casi una hora de recital y Leiva nos invita a una experiencia increíble, a la que no hay nada que supere, ni gafas 3D, ni drogas de diseño, algo muy fuerte que nadie vive. ¿A ver?, dice alguien del público. Nos sugiere, propone vivir una canción a tiempo real con el teléfono en el bolsillo. «Es como un viaje en el tiempo, una sensación muy rara y bonita», afirma. El segundo pedido es el silencio, para disfrutar de la canción y me viene a la mente Darno, cuando decía, que era más difícil ganar el silencio que el aplauso. Leiva arpegia su guitarra, el silencio es general, se puede oír el ruido de los dedos al moverse por el mástil mientras entona «Vis a vis», le sigue «Godzila», en lo que es el segmento más íntimo del recital. Desde la platea sube el «Ole, olé, olé, Leiva, Leiva» y los celulares vuelven a las manos.
El cantautor vuelve a tomar la palabra, nos cuenta que caminó por la rambla montevideana, que vio el Teatro de Verano, «¡cómo molaría tocar aquí!», afirma, aunque aclara que se siente muy a gusto en La Trastienda. Su nueva familia, No te va gustar le ha dicho que ellos se van a presentar allí y él les dice: «¿por qué no vienen a donde tocaré yo? El repertorio se uruguayiza, suben los músicos de NTVG a interpretar «Chau».
El recital emprende su recta final con «Como lo tienes tú» y «Estrella polar».
El público estalla en aplausos, la banda se retira, vuelve el «ole olé». Dos, tres minutos. Los músicos regresan, la guitarra abre el juego, Leiva entona «No te preocupes por mí» acompañado por el coro del público. Tras este momento de posibles encendedores prendidos, sigue con otro golpe al corazón de la platea, «Como si fueras a morir mañana» y cierra con «Lady Madrid», una canción que viene de su etapa de Pereza. El público toca el cielo con las manos, se oye el último «olé, olé», los músicos se despiden y nos retiramos con la sensación de haber presenciado uno de los mejores shows del año.
Muchas personas se quedaron al final, en la vereda de La Trastienda esperando a los músicos, el tiempo fue pasando, la ansiedad aumentaba, la paciencia de otros se perdía y se retiraban resignados. Este pedacito de Montevideo sufre una noche de Leivamanía, moderada, levemente ondulada, como casi todo por aquí. Emiliano, de No te va gustar se retira y pasa casi desapercibido, al igual que otros miembros de la banda. A cada uno que sale alguien le pregunta si sabe algo de Leiva, la puerta del boliche parece la de un quirófano, incluso Gustavo Zerbino, que efectivamente estaba entre el público no se salva de la pregunta. Sale acompañado de su hija, una adolescente, que no tiene reparos en oficiar de fotógrafa cuando la gente pide una foto con su padre. Gustavo es amable, campechano, se presta, conversa, disfruta, me dice que le gustó el show, que no conocía a Leiva, y que esa canción que dice que lo hagas como si fueras a morir mañana esta buenísima. Los músicos se van retirando paulatinamente, algunos se van, otros como Pancho decide quedarse conversando con Esmeralda y su hermana que vive en Montevideo, tras las fotos ya son parte del paisaje, de esa fauna mansa que espera.
Casi dos horas después de finalizado el recital aparece la figura de Leiva en la puerta, sus modos son amables, su paciencia es acorde a la de la gente que lo estuvo esperando, se presta para todas las fotos, agradece con una voz suave y cálida. La espera fue larga, pero valió la pena.
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